Cultura
La Cultura del Nilo

La cultura que se desarrolló a las orillas del río Nilo continúa fascinando por su misteriosa complejidad y su rica mitología. Jeroglíficos, pirámides, esfinges, faraones… La cantidad de enigmas que nos ha dejado esta civilización a lo largo de más de tres milenios es de lo más cautivadora. Desde la belleza de sus colosales construcciones funerarias a sus ritos para congraciarse con los dioses una vez dejada atrás la vida terrenal. Aunque esta época está dividida en varios periodos, los de mayor esplendor corresponden al Imperio Antiguo, el Medio y el Nuevo. Históricamente, se considera que comenzó con la unificación de ciertas ciudades del valle del Nilo, alrededor del año 3.150 a. C., y normalmente se da por terminado en el año 31 a. C., justo cuando el Imperio romano, bajo el mando de Augusto, puso fin a la dinastía ptolemaica, siendo Cleopatra la última reina en ocupar el trono del antiguo Egipto.
La cultura egipcia existe desde hace más de 6.000 años, atravesando numerosos cambios que se dieron por el contacto con pueblos invasores, como los árabes, los romanos y los griegos. Su centro se encuentra en el noreste de África, principalmente a orillas del río Nilo, pero se ha expandido en épocas de conquistas imperiales.
Tanto el antiguo Egipto como las antiguas culturas de la Mesopotamia fueron las primeras sociedades en crear, sostener y desarrollar un sistema de escritura, alrededor del año 3.000 antes de Cristo.
La cultura egipcia actual no sólo tiene nuevas manifestaciones en diversas áreas del arte sino que también se nutre de su herencia de la antigüedad, conservando monumentales obras de arquitectura como las pirámides.
Los primeros habitantes del actual territorio egipcio eran nómadas y se movían en todo el valle del Río Nilo. Estos pueblos aproximadamente en el 4.000 antes de Cristo se agruparon en dos regiones diferenciadas: el Alto Egipto y el Bajo Egipto. La población se unifica bajo el Faraón Menes en el 3.100 a C.
La historia del Antiguo Egipto puede dividirse en:
- Imperio Antiguo. 3.000 a C – 2.050 a C. Se construyen las pirámides y florecen las artes.
- Imperio Medio. 050 a C – 1.800 a C. Fortalecimiento de la economía gracias a una descentralización del poder político y económico.
- Imperio Nuevo. 1567 a C – 1085 a C. Expansión conquistadora.
Luego de los sucesivos imperios, el territorio fue dominado por los persas (341 a C) y posteriormente por griegos y romanos. Desde el siglo IV de nuestra era formó parte del Imperio romano oriental, y posteriormente Imperio bizantino.
En el siglo VII el territorio es invadido por los árabes, quienes introdujeron su cultura, idioma y religión islámica hasta el siglo XVI, en que Egipto fue dominado por el Imperio otomano. Sin embargo, la cultura árabe continuó siendo la más importante para la población.
En el siglo XVIII, Egipto fue invadido por las fuerzas francesas de Napoleón, y luego de una serie de guerras civiles en 1805 se declaró la independencia de Egipto. En el siglo XX el país fue dominado por una serie de dictaduras, siendo la última la de Hosni Mubarak, derrocado en 2011, pero reemplazado por un gobierno corrupto. Luego del golpe de Estado de 2013, actualmente Egipto es una república democrática parlamentaria.
Escritura de la cultura egipcia
La cultura egipcia fue la cuna de la escritura, y la desarrolló en tres tipos distintos:
- Escritura jeroglífica. Desde el 3.300 a C hasta el 700 a C. Símbolos que representan objetos (figurativos) y sirven para designar sonidos (letras o sílabas)
- Escritura hierática. Forma más estilizada y sencilla para que la escritura se adaptara al papiro.
- Escritura demótica. Forma abreviada de la escritura hierática. Se utilizaba para asuntos cotidianos.
Estos tres tipos de escritura fueron descifrados gracias al descubrimiento de la Piedra Rosetta. Los manuscritos se albergaban en bibliotecas, entre ellas la Biblioteca de Alejandría, que llegó a contener 900.000 obras, y fue fundada en el siglo III a C.
Arte de la cultura egipcia
El arte durante los imperios egipcios fue en gran parte una forma de manifestar el poder de los monarcas así como expresar las creencias religiosas. Por eso, su contenido era mítico y sus formas eran monumentales.
En la pintura no se utilizaba la perspectiva y los colores eran planos. Además, los personajes aparecían de perfil. Se utilizaba en la decoración de objetos, pero también como murales de cámaras sepulcrales, templos y palacios.
Religión de la cultura egipcia
La religión era politeísta, es decir que se adoraban diversos dioses. El principal era el dios Rá (dios del sol), Osiris (dios de los muertos) e Isis (diosa de la fertilidad).
Los egipcios también creían en una vida después de la muerte. El libro de los muertos es un texto que incluye oraciones que se utilizaban para proteger el alma de los muertos en su pasaje a la otra vida.
Arquitectura de la cultura egipcia
Aún se conservan los templos monumentales dedicados a dioses como el templo de Amón-Ra en Karnak. También cumplían la función de celebrar faraones o bien conmemorar eventos, como el templo de Abu Simbel. También se construían esfinges para celebrar a los faraones.
Las pirámides eran tumbas monumentales de faraones. Entre ellas se encuentran la pirámide del faraón Seneferu y la pirámide del faraón Keops.
Las mastabas eran otra forma de tumba. Por otro lado, los cenotafios eran monumentos funerarios pero que no contenían una tumba sino que sólo se construían en honor a la persona fallecida.
Escultura de la cultura egipcia
La escultura, se tallaba en marfil, bronce, madera y piedra, con personajes mitológicos y políticos. Gracias a los materiales utilizados, se conservan múltiples ejemplares de estas obras de arte. A pesar de la dureza de algunos materiales utilizados, la escultura lograba un alto nivel de perfeccionismo en sus composiciones y detalles.
Ciencia de la cultura egipcia
El nivel de desarrollo científico en Egipto era tal, que los sabios de Antigua Grecia viajaban a Egipto para aprender. De hecho, Pitágoras desarrolló su teorema basándose en investigaciones egipcias. En matemáticas, desarrollaron sumas, restas, multiplicaciones y divisiones. Los instrumentos de medición fueron utilizados para aprovechar las crecidas del Nilo en los terrenos de cultivos, así como para perfeccionar la arquitectura y lograr obras monumentales.
En medicina se mezclaba el conocimiento científico con las creencias religiosas, pero esto no impidió que se desarrollara la disciplina, que cuidaba de la higiene tanto de médicos como de pacientes y buscaba la causa de las dolencias.
Música egipcia
Sobre la música del antiguo Egipto solo sabemos que se utilizaban arpas y flautas. En la actualidad, el género mamba es uno de los más populares en el país. Además, en los últimos 40 años, se ha utilizado la música popular para transmitir contenidos ideológicos, como conflictos sociales y de clase.
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Cultura
Isabel Allende, ganadora del Premio Planeta 2026: «A mí me importa mucho la democracia porque sé lo que significa perderla»

Isabel Allende ha reivindicado el valor de la memoria histórica, la democracia y la solidaridad durante una rueda de prensa posterior a la recepción del Premio Planeta. La escritora ha explicado que su nueva novela, cuya gestación se ha prolongado durante 45 años, supone un «regreso a episodios de su propia historia» y a las experiencias que marcaron su vida. La autora ha compartido el protagonismo de la represión y la falta de libertad en la literatura con Sergio Hernández, finalista del galardón con La añoranza.
Allende ha explicado que la idea de retomar la historia de Alba, la nieta del patriarca de La casa de los espíritus, comenzó a tomar forma tras la publicación de aquella novela. Durante décadas, muchos lectores le preguntaron qué había sucedido con el personaje, una joven de 20 años traumatizada, embarazada y sola tras los acontecimientos narrados en la obra.
La escritora ha encontrado en esa historia una oportunidad para explorar la dictadura, el desarraigo y el vínculo con la tierra de origen. Alba, que ha sufrido la represión y permanece bajo la amenaza de un torturador, decide no abandonar su país, pese a que sus padres están en el exilio. «Ella ama demasiado su tierra», ha explicado Allende, quien también ha destacado la dificultad de marcharse y adaptarse a otro lugar.
En la novela, la casa adquiere un significado simbólico que trasciende la historia personal de la protagonista. «La casa representa el país», ha señalado la autora, que plantea dos niveles de lectura: la experiencia individual de Alba y la evolución política del país bajo la dictadura, desde su desarrollo hasta su desenlace.
La memoria como hilo conductor
Allende ha reconocido que escribir la novela ha sido una experiencia especialmente enriquecedora, porque la ha obligado a revisar sus vivencias y a regresar mentalmente a momentos importantes de su pasado.
Aunque Chile nunca aparece mencionado expresamente en La casa de los espíritus ni en otras novelas de la autora, Allende ha señalado que los lectores pueden identificar ese país como la tierra a la que siempre regresa en su literatura.
La escritora también ha destacado la coincidencia temática con La añoranza, de Sergio Hernández, otra obra centrada en la represión y la falta de libertad. «A mí me parece extraordinario que tú y yo hayamos escrito una novela sobre la represión», ha afirmado, al recordar que ambos autores no se conocían, y que ella ni siquiera sabía que Hernández sería finalista del premio.
Para Allende, esta coincidencia demuestra que determinados temas permanecen presentes en la sociedad y preocupan a quienes han vivido sus consecuencias. «A mí me importa mucho la democracia porque sé lo que significa perderla», ha asegurado. La autora ha explicado que ha vivido durante años en un estado de memoria, tratando de mantener vivo el recuerdo de su país y de las personas que perdió o que quedaron lejos.
En un contexto que considera preocupante para el futuro del mundo, Allende ha explicado que necesitó el paso del tiempo para abordar esta historia. Aunque podría haberla escrito en 1985, entonces no se sentía preparada. Las circunstancias actuales, ha señalado, la han empujado a retomar ese ejercicio de memoria.
«Escribo para conectar a la gente»
Preguntada por los lectores a los que le gustaría llegar, Allende ha afirmado que no busca «dirigirse a un público concreto», sino conectar con personas de todas las edades. Para ella, la escritura es, ante todo, una forma de comunicación.
«Si no hubiera lectores, no escribiría, porque no escribo para mí, escribo para conectar a la gente», ha explicado. La autora ha asegurado que responde personalmente a los correos que recibe, y ha relatado cómo algunos lectores le han contado que sus libros les han ayudado a «recuperar relaciones familiares que llevaban años rotas».
Allende ha destacado que sus obras se traducen a 42 idiomas, y ha atribuido su alcance internacional a la universalidad de las emociones. Aunque las diferencias culturales condicionan la manera de vivir y comprender el mundo, considera que los sentimientos permiten establecer vínculos entre personas de distintos lugares.
Una vida marcada por la palabra escrita
La autora también ha reflexionado sobre lo que ha descubierto de sí misma al revisar su trayectoria. Ha identificado la palabra escrita como el hilo conductor de su vida: comenzó a leer a los cinco años, continuó como periodista y terminó dedicándose a la literatura.
Además, ha reconocido que sus inquietudes fundamentales apenas han cambiado con el paso del tiempo. Entre ellas destaca su interés por las personas anónimas que, en situaciones extremas, demuestran un valor y una generosidad extraordinarios.
Allende ha recordado especialmente la solidaridad que presenció durante los momentos más difíciles de la historia de Chile, y ha destacado a quienes arriesgaron sus vidas para salvar a otras personas. Son historias que, según ha confesado, todavía la emocionan.
Su reflexión sobre el paso del tiempo ha dejado una de las frases más contundentes de la rueda de prensa: «La edad no te hace más sabio, te hace más de lo que ya eres».
Escribir sin perder el miedo
A pesar de haber publicado 32 libros, Allende ha reconocido que la experiencia no le ha proporcionado una mayor seguridad a la hora de escribir. Al recordar el proceso creativo de La casa de los espíritus, ha explicado que entonces tenía 39 años, y escribió con una libertad que no volvió a experimentar de la misma manera.
Tras la publicación de aquella obra, tomó conciencia de la complejidad del terreno que había abordado, y comenzó a afrontar cada nuevo libro con mayor autocrítica y temor.
La autora ha contado que siempre comienza sus libros el 8 de enero y que la víspera se convierte en una jornada de inquietud ante el reto de empezar de nuevo. Lejos de considerar esa inseguridad un obstáculo, cree que le obliga a ponerse a prueba constantemente.
Por su parte, Sergio Hernández ha ofrecido las primeras impresiones sobre La añoranza, su novela finalista del Premio Planeta, ambientada en Barcelona en 1959. La novela de Hernández comparte con la obra de Allende la reflexión sobre la represión y la libertad, dos cuestiones que han centrado buena parte de las intervenciones de los escritores durante la rueda de prensa.
Fuente: Antena 3 Cultura.
Marta Alarcón.
Cultura
Crítica ‘Ciudad de sombras’: Un thriller con Gaudí como protagonista que culmina el legado de Verónica Echegui

Antes de dejarnos, Verónica Echegui rodó el que ha acabado siendo su último proyecto audiovisual: ‘Ciudad de sombras’. Esta miniserie de Netflix ve la luz este 12 de diciembre, día en el que se emiten los seis episodios que la componen. Se trata de un thriller policíaco que tiene a la Barcelona de 2010 como escenario, pero también como personaje.
Isak Férriz forma pareja junto a Verónica Echegui en el reparto principal de ‘Ciudad de sombras’, donde interpretan, respectivamente, a Milo Malart, un inspector de los Mossos d’Esquadra, y a Rebeca Garrido, una subinspectora de la Policía Nacional. Rebeca es trasladada a una comisaría barcelonesa para investigar el cruel asesinato a uno de los constructores más importantes de Cataluña, de modo que tendrá que hacer tándem con Milo, que regresa de una suspensión laboral por agresión a un compañero.
La muerte de este empresario es solo la primera de una serie de crímenes que atentan contra la alta burguesía de Barcelona que lidera la vida de la ciudad condal, como la construcción o el arte. Pero no se trata de un asesinato sin más, sino que la víctima ha sido secuestrada durante días sin recibir agua ni comida para luego ser quemado vivo en la fachada de la Casa Milà-La Pedrera, uno de los símbolos más preciados de Gaudí.
La ciudad sí es protagonista
Estamos un poco cansados del discurso fácil de creadores, directores y productores sobre que las localizaciones son protagonistas de las historias. En muchas ocasiones, se trata solo de una forma más de vender el proyecto, pues no acaba de ajustarse a la realidad. No obstante, ‘Ciudad de sombras’ sí lleva esto a cabo, dado que, tal y como está configurada la historia, no podría suceder en otro lado que no fuera Barcelona.
La vinculación de Gaudí a través de su arquitectura con los crueles sucesos dota a la miniserie de identidad propia. Relacionado con el modernista catalán, la ficción navega en las teorías que lo unen a la masonería, puesto que aparecen varios símbolos masónicos en el caso. Por tanto, ya no solo es la obra del arquitecto, sino también su propia vida la que se pone sobre la mesa para construir un caso en apariencia imposible de resolver. Es así como esta parte de la cultura de Barcelona adquiere gran poder en la serie y marca el elemento más diferenciador.
Por otro lado, ‘Ciudad de sombras’ también toca uno de los mayores conflictos de Barcelona asociados a Gaudí: la expropiación de viviendas en el entorno de la Sagrada Familia. Además, se ambienta en 2010, tan solo dos años después de que explotara la burbuja inmobiliaria, lo que tensa aún más todo el tema de la vivienda y la crisis que sufren las clases bajas y medias respecto a la alta burguesía catalana, objetivo de este asesino en serie.
El esquema básico de un thriller
Lo más diferente que tiene ‘Ciudad de sombras’ es esa vinculación tan clara con la Barcelona de Gaudí. No obstante, por lo demás no deja de ser un thriller policíaco al uso. Basada en la novela ‘El verdugo de Gaudí’, de Aro Sainz de la Maza, esta producción de Arcadia, creada y dirigida por Jorge Torregrossa (‘El cuerpo en llamas’), toca algunos de los puntos más manidos del género en cuanto a la construcción de personajes.
Por un lado, un inspector rebelde con la autoridad que ha sufrido una dura pérdida personal que lo ha dejado atormentado. Por otro, una subinspectora que guarda a fuego su pasado y que no es precisamente comunicativa. Así, juntos crean una pareja muy poco avenida que tendrá que aprender a lidiar con el otro y formar equipo cuando en su propia comisaría no terminen de creer sus «disparatadas» teorías.
Sin embargo, esto no quiere decir que no sea efectiva en su ejecución. Estamos ante unos personajes interesantes, con un pasado que, pese a haberse visto en otros proyectos, no resulta cansino y con una evolución del caso que (vistos los dos primeros episodios) también sigue las pautas básicas. Pero todo engrana a la perfección con un modus operandi por el asesino cargado de misterio que te atrapa desde los primeros minutos. La historia está muy bien narrada y fomenta esa evolución del caso a la par que del misterio para conjugarlos e ir descubriendo aspectos interesantes.
Buen reparto, pero chirría en los efectos visuales
En cuanto a su reparto, Isak Férriz y Verónica Echegui firman un gran trabajo, especialmente él al dotar de mucho realismo a Milo Malart en todas las escenas de su vida personal. Cabe señalar que estas se construyen en muchas ocasiones con flashbacks, a las que se ha otorgado una estética diferente mediante el granulado, como si fuera un vídeo antiguo. El elenco lo completan nombres de la talla de Ana Wagener y Manolo Solo.
Pero también hay partes que chirrían, como los efectos visuales. La carta de presentación de ‘Ciudad de sombras’ es esa quema del empresario en La Pedrera y en el momento de desarrollarla se nota demasiado la falsedad de los efectos visuales, lo que te saca de la escena. Curiosamente, no es tan notorio en otros momentos en los que se visualiza desde otro ángulo.
En definitiva, ‘Ciudad de sombras’ es un buen thriller, que sigue los patrones ya vistos en otros ejemplos del género, pero con Barcelona y Gaudí como sus mayores aliados. La presencia de la ciudad en la historia más allá de ser un simple escenario bonito es su gran arma para conseguir sobresalir y captar la atención del espectador, que se perderá en esta historia conspiranoica que rodeaba al afamado arquitecto.
Fuente: Fórmula TV.
Fernando S. Palenzuela.
Cultura
Vértigo y abismo de Yayoi Kusama: así es la última gran exposición que la artista diseñó antes de morir

Excesiva e infinita, Yayoi Kusama (Matsumoto, 1929 – Tokio, 2026) fue una artista omnímoda: pintura, moda, escultura, happening, instalación… A sus espaldas quedan siete décadas de un arte irrefrenable y avasallador, compulsivo y febril que responde, por una parte, al deseo desesperado de triunfar en el mundo artístico –quizá para vengarse de unos padres que nunca apoyaron su vocación– y, por otra, a la catarsis del punto y de la raya, al exorcismo de un trabajo constante y rutinario –ejercido a diario en su estudio– que le ayudó a controlar sus obsesiones y las turbulencias de su salud mental.
Tras su reciente fallecimiento, a los 97 años, el pasado 14 de agosto, se inaugura su última exposición, la última en cuya preparación estuvo involucrada en vida y hasta la que ha podido viajar El Cultural. Se trata de una coproducción entre la Fondation Beyeler (Basilea, Suiza), el Museum Ludwig (Colonia, Alemania) y el Stedelijk Museum de Ámsterdam.
Cada sede cuenta con un comisariado distinto: en Ámsterdam ha sido Leontine Coelewij, conservadora del Stedelijk, quien ha realizado un excelente trabajo. La exposición, titulada Yayoi Kusama, es una completa retrospectiva con relevantes y bien escogidas piezas de cada una de sus épocas. Permanecerá abierta al público hasta el 17 de enero.
Sea por su trabajo insistente sobre la infinitud y la despersonalización o por su franqueza al hablar de su salud mental, Kusama se ha convertido en un icono global del arte. Sus exposiciones congregan a miles de espectadores y la moda, de la mano del gigante del lujo Louis Vuitton, ha terminado de consagrarla como musa.
Un tópico recurrente en su biografía sostiene que la artista trabajó sin descanso hasta casi el día de su fallecimiento. Sin embargo, ha trascendido que pasaba largas temporadas postrada en la cama mientras su estudio continuaba produciendo sus esculturas a gran escala, trazando una línea cada vez más tenue entre su autoría y la ejecución de sus colaboradores. De hecho, Kusama Studio ha sido el interlocutor durante este proceso de creación, validado, eso sí, por la artista.
Poco antes de su muerte, la artista respondía a las preguntas de nuestro compañero, Rubén Fernández-Costa, en una de sus últimas entrevistas. Un reportaje exclusivo que publicaba el Bookazine de Magas en su número 3.
Protagonista de la portada de la revista, la artista declaraba entonces: «Habiendo cultivado una postura propia ante la vida y consciente de que el tiempo que me queda es cada vez más corto, sigo buscando constantemente algo nuevo, buscando con urgencia alcanzar nuevas cotas en el ámbito del arte».
En el Stedelijk podemos ver dos asombrosas instalaciones a gran escala que, como broche final, dejan al espectador sin respiración. Su envergadura nos arroja brutalmente al mundo de Alicia en el país de las maravillas: sinuosos tentáculos amarillos, sobre los que los puntos negros menguan hasta desaparecer, entran y salen, se retuercen y se reflejan por los lugares más inverosímiles de la segunda planta del museo.
En su interior hay, además, una segunda Infinity Mirror Room, como ella denominaba estos espacios, que duplica la sensación de vértigo y abismo. La gran instalación se titula Infinity Mirrored Room – The Hope of the Polka Dots Buried in Infinity Will Eternally Cover the Universe (2025) y se corresponde con la angustiosa imagen que abre esta crítica.
Pero empecemos por el principio. El vestíbulo apuesta fuerte por las famosas bolas de espejo que presentó en la Bienal de Venecia bajo el título Narcissus Garden (1966/2026). La artista se plantó en los Giardini, sin haber sido invitada oficialmente, con 1.500 esferas reflectantes que vendía a dos dólares cada una, convirtiendo la mercantilización del arte y el narcisismo asociado al artista en parte de la propia acción.
De aquí pasamos a una de las partes más interesantes e innovadoras del recorrido: sus primeros dibujos, que ya contienen sus obsesiones de madurez. Con cinco años, según relató, veía bailar lunares por las mesas y los muebles de su casa. En un grafito de 1934, Sin título, dibuja una escena japonesa que llena de pequeños puntos de color. El impacto de la bomba atómica, que vivió siendo adolescente, también encuentra eco en un gouache de 1954.
Estas dos primeras salas, interesantísimas, descubren a una dibujante de enorme creatividad y sensibilidad, con fondos trabajados y matéricos y pequeñas formas fragmentadas como constelaciones, árboles diminutos o estrellas.
Destaca también la correspondencia con la pintora Georgia O’Keeffe, a quien admiraba profundamente y a quien escribió buscando consejo y apoyo para abrirse camino como artista.
Llegamos al verano de 1958, cuando aterriza en Nueva York. Los lienzos se vuelven más grandes y monocromáticos y su trabajo comienza a anticipar algunos planteamientos que después asociaríamos al minimalismo. Superficies sin principio ni fin, construidas mediante formas que se concatenan hasta crear una red, una retícula orgánica.
El diseño expositivo destaca aquí especialmente: la arquitectura efímera de los pasillos abre ventanas por las que entrevemos piezas situadas en otras salas, estratégicamente colocadas, estableciendo diálogos y anticipaciones a lo largo del recorrido.
Kusama empieza a brillar en Nueva York. Llegan las orgías, los desnudos y los happenings en los que pinta cuerpos en espacios públicos; también los diseños de ropa a los que faltan deliberadamente fragmentos de tela, dejando al descubierto partes del cuerpo.
Consciente de su repercusión, avisaba a la prensa antes de realizar algunas de estas acciones, garantizándose la cobertura y el escándalo. Kusama comprendió muy pronto que ser artista también significaba construir una imagen pública, lo que la arroja a importantes contradicciones: habla de disolver el yo y el ego en su manido término “self-obliteration” pero crea una de las identidades visuales más reconocibles con su kimono y su flequillo.
En esta época cubre mobiliario, ropa y zapatos con proliferaciones de falos textiles y le entran ataques de pánico cuando descubre a artistas de su entorno desarrollando procedimientos próximos a los suyos: Claes Oldenburg inicia sus esculturas blandas y Andy Warhol la repetición y el empapelado de los espacios.
Kusama ya había expuesto dos veces en este mismo museo, en 1962 y 1965, ambas por invitación del artista y comisario Henk Peeters. La muestra recoge también una serie de fotografías realizadas por Harrie Verstappen de un fashion show de la artista celebrado en Ámsterdam en el verano de 1970.
Las exigencias de Nueva York y su precaria situación económica agravan sus problemas de salud mental. Muere su amigo el artista Joseph Cornell y, dos años después, su padre. Kusama regresa definitivamente a Japón y, pocos años después, ingresa voluntariamente en un hospital psiquiátrico donde continúa trabajando indiscriminadamente.
La exposición incluye su última serie, My Eternal Soul (2009-2021): grandes lienzos que iba girando a medida que pintaba, entregada por completo a la intuición. Como toda su obra, estas pinturas parecen surgir de los sueños de una razón que engendró sus propios monstruos y que, en lugar de ahuyentarlos, les dio forma.
Fuente: elespañol.com – Cultura
María Marco.
Radio Millenium Online


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