Cultura
Vértigo y abismo de Yayoi Kusama: así es la última gran exposición que la artista diseñó antes de morir

Excesiva e infinita, Yayoi Kusama (Matsumoto, 1929 – Tokio, 2026) fue una artista omnímoda: pintura, moda, escultura, happening, instalación… A sus espaldas quedan siete décadas de un arte irrefrenable y avasallador, compulsivo y febril que responde, por una parte, al deseo desesperado de triunfar en el mundo artístico –quizá para vengarse de unos padres que nunca apoyaron su vocación– y, por otra, a la catarsis del punto y de la raya, al exorcismo de un trabajo constante y rutinario –ejercido a diario en su estudio– que le ayudó a controlar sus obsesiones y las turbulencias de su salud mental.
Tras su reciente fallecimiento, a los 97 años, el pasado 14 de agosto, se inaugura su última exposición, la última en cuya preparación estuvo involucrada en vida y hasta la que ha podido viajar El Cultural. Se trata de una coproducción entre la Fondation Beyeler (Basilea, Suiza), el Museum Ludwig (Colonia, Alemania) y el Stedelijk Museum de Ámsterdam.
Cada sede cuenta con un comisariado distinto: en Ámsterdam ha sido Leontine Coelewij, conservadora del Stedelijk, quien ha realizado un excelente trabajo. La exposición, titulada Yayoi Kusama, es una completa retrospectiva con relevantes y bien escogidas piezas de cada una de sus épocas. Permanecerá abierta al público hasta el 17 de enero.
Sea por su trabajo insistente sobre la infinitud y la despersonalización o por su franqueza al hablar de su salud mental, Kusama se ha convertido en un icono global del arte. Sus exposiciones congregan a miles de espectadores y la moda, de la mano del gigante del lujo Louis Vuitton, ha terminado de consagrarla como musa.
Un tópico recurrente en su biografía sostiene que la artista trabajó sin descanso hasta casi el día de su fallecimiento. Sin embargo, ha trascendido que pasaba largas temporadas postrada en la cama mientras su estudio continuaba produciendo sus esculturas a gran escala, trazando una línea cada vez más tenue entre su autoría y la ejecución de sus colaboradores. De hecho, Kusama Studio ha sido el interlocutor durante este proceso de creación, validado, eso sí, por la artista.
Poco antes de su muerte, la artista respondía a las preguntas de nuestro compañero, Rubén Fernández-Costa, en una de sus últimas entrevistas. Un reportaje exclusivo que publicaba el Bookazine de Magas en su número 3.
Protagonista de la portada de la revista, la artista declaraba entonces: «Habiendo cultivado una postura propia ante la vida y consciente de que el tiempo que me queda es cada vez más corto, sigo buscando constantemente algo nuevo, buscando con urgencia alcanzar nuevas cotas en el ámbito del arte».
En el Stedelijk podemos ver dos asombrosas instalaciones a gran escala que, como broche final, dejan al espectador sin respiración. Su envergadura nos arroja brutalmente al mundo de Alicia en el país de las maravillas: sinuosos tentáculos amarillos, sobre los que los puntos negros menguan hasta desaparecer, entran y salen, se retuercen y se reflejan por los lugares más inverosímiles de la segunda planta del museo.
En su interior hay, además, una segunda Infinity Mirror Room, como ella denominaba estos espacios, que duplica la sensación de vértigo y abismo. La gran instalación se titula Infinity Mirrored Room – The Hope of the Polka Dots Buried in Infinity Will Eternally Cover the Universe (2025) y se corresponde con la angustiosa imagen que abre esta crítica.
Pero empecemos por el principio. El vestíbulo apuesta fuerte por las famosas bolas de espejo que presentó en la Bienal de Venecia bajo el título Narcissus Garden (1966/2026). La artista se plantó en los Giardini, sin haber sido invitada oficialmente, con 1.500 esferas reflectantes que vendía a dos dólares cada una, convirtiendo la mercantilización del arte y el narcisismo asociado al artista en parte de la propia acción.
De aquí pasamos a una de las partes más interesantes e innovadoras del recorrido: sus primeros dibujos, que ya contienen sus obsesiones de madurez. Con cinco años, según relató, veía bailar lunares por las mesas y los muebles de su casa. En un grafito de 1934, Sin título, dibuja una escena japonesa que llena de pequeños puntos de color. El impacto de la bomba atómica, que vivió siendo adolescente, también encuentra eco en un gouache de 1954.
Estas dos primeras salas, interesantísimas, descubren a una dibujante de enorme creatividad y sensibilidad, con fondos trabajados y matéricos y pequeñas formas fragmentadas como constelaciones, árboles diminutos o estrellas.
Destaca también la correspondencia con la pintora Georgia O’Keeffe, a quien admiraba profundamente y a quien escribió buscando consejo y apoyo para abrirse camino como artista.
Llegamos al verano de 1958, cuando aterriza en Nueva York. Los lienzos se vuelven más grandes y monocromáticos y su trabajo comienza a anticipar algunos planteamientos que después asociaríamos al minimalismo. Superficies sin principio ni fin, construidas mediante formas que se concatenan hasta crear una red, una retícula orgánica.
El diseño expositivo destaca aquí especialmente: la arquitectura efímera de los pasillos abre ventanas por las que entrevemos piezas situadas en otras salas, estratégicamente colocadas, estableciendo diálogos y anticipaciones a lo largo del recorrido.
Kusama empieza a brillar en Nueva York. Llegan las orgías, los desnudos y los happenings en los que pinta cuerpos en espacios públicos; también los diseños de ropa a los que faltan deliberadamente fragmentos de tela, dejando al descubierto partes del cuerpo.
Consciente de su repercusión, avisaba a la prensa antes de realizar algunas de estas acciones, garantizándose la cobertura y el escándalo. Kusama comprendió muy pronto que ser artista también significaba construir una imagen pública, lo que la arroja a importantes contradicciones: habla de disolver el yo y el ego en su manido término “self-obliteration” pero crea una de las identidades visuales más reconocibles con su kimono y su flequillo.
En esta época cubre mobiliario, ropa y zapatos con proliferaciones de falos textiles y le entran ataques de pánico cuando descubre a artistas de su entorno desarrollando procedimientos próximos a los suyos: Claes Oldenburg inicia sus esculturas blandas y Andy Warhol la repetición y el empapelado de los espacios.
Kusama ya había expuesto dos veces en este mismo museo, en 1962 y 1965, ambas por invitación del artista y comisario Henk Peeters. La muestra recoge también una serie de fotografías realizadas por Harrie Verstappen de un fashion show de la artista celebrado en Ámsterdam en el verano de 1970.
Las exigencias de Nueva York y su precaria situación económica agravan sus problemas de salud mental. Muere su amigo el artista Joseph Cornell y, dos años después, su padre. Kusama regresa definitivamente a Japón y, pocos años después, ingresa voluntariamente en un hospital psiquiátrico donde continúa trabajando indiscriminadamente.
La exposición incluye su última serie, My Eternal Soul (2009-2021): grandes lienzos que iba girando a medida que pintaba, entregada por completo a la intuición. Como toda su obra, estas pinturas parecen surgir de los sueños de una razón que engendró sus propios monstruos y que, en lugar de ahuyentarlos, les dio forma.
Fuente: elespañol.com – Cultura
María Marco.
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Cultura
Fallece a los 89 años la directora de cine y televisión Josefina Molina

Nacida en Córdoba en 1936 y fallecida este sábado, a los 89 años, en su domicilio de Madrid, Josefina Molina ha sido una de las máximas representantes de un cine (y televisión) comprometidos desde una avanzada perspectiva feminista y social. La mayor parte de su obra en los dos formatos está centrada en personajes femeninos enfrentados a distintas realidades históricas. Todo ello le valió el reconocimiento general con distinciones como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2006, el Goya de Honor en 2012 y el Premio Nacional de Cinematografía en 2019. Fundó la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), de la que era presidenta de honor.
Parece ser que fue ‘El río’ (1950), la poética película de Jean Renoir realizada en la India, la que alimentó sus primeros deseos de hacer cine. Y aunque comenzó dirigiendo cortos en 1966, su primera formación fue en el medio televisivo en series de indisimulada raíz teatral como ‘Pequeño estudio’ y ‘Hora once’. En este último programa adaptó al estilo televisivo de entonces –tan rígido como regio– textos de Mark Twain, Kafka, Poe, Dostoievski, Gorki, Bram Stoker, Lope de Vega y Maupassant. Era la ‘televisión de calidad’ de la época.
1974 fue un año crucial, ya que realizó un episodio de la segunda temporada de ‘Cuentos y leyendas’ –una de las mejores series de la televisión española de aquellos años, en la que también trabajaron José Luis Borau, Pilar Miró y Mario Camus– y estrenó su primer largometraje, ‘Vera, un cuento cruel’. El episodio en cuestión, emitido el 3 de diciembre de 1974, fue ‘La promesa’, según un relato de Gustavo Adolfo Bécquer. ‘Vera, un cuento cruel’ –un cuento de Auguste Villiers de l’Isle Adam que ya había adaptado en ‘Hora once’– tiene un planteamiento de terror psicológico y gira en torno a un caballero español del siglo XIX exiliado en Francia (Fernando Fernán Gómez) que no acepta la muerte de su esposa. En ese mismo año participó también en la serie educativa infantil ‘Un globo, dos globos, tres globos’.
‘Los pintores del Prado’, ‘Estudio 1’ y ‘Los libros’ fueran otras series en las que colaboró. En 1980 realizó uno de los nueve episodios del filme colectivo ‘Cuentos eróticos’. Fue la década en la que su estilo e ideas quedaron mejor definidas a partir de ‘Función de noche’ (1981), una innovadora no ficción centrada en los cambios que experimenta la actriz Lola Herrar al interpretar cada noche una pieza de Miguel Delibes; la miniserie ‘Teresa de Jesús’ (1974), protagonizada por Concha Velasco, y el largometraje ‘Esquilache’ (1989), drama en el Madrid revuelto de 1766 que supuso su reencuentro con Fernán Gómez y la llevó a competir en el festival de Berlín.
Volvió al tiempo pretérito, al Cádiz de 1860, con ‘La Lola se va a los puertos’ (1993), remake musical con Rocío Jurado de un filme de 1947 protagonizado por Juanita Reina. Se despidió como empezó, en la televisión y adaptando clásicos, con la miniserie ‘Entre naranjos’ (1998), según la obra de Blasco Ibáñez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Junta de Andalucía en funciones, Juanma Moreno, han querido rendir un reconocimiento público a la trayectoria de la que fue la primera mujer en graduarse en Dirección de Cine en 1962 en la Escuela Oficial de Cine con sendos mensajes a través de sus perfiles de la red social X (antes, Twitter), según recoge EFE.
Sánchez ha expresado su «tristeza» por el fallecimiento de la cineasta, a quien definió como una mujer «pionera del cine español y referente de nuestra cultura» y ha asegurado que el legado de Molina «permanecerá para siempre en nuestra memoria y en la historia del cine». El presidente ha extendido sus condolencias a los allegados de Molina, manifestando que envía su cariño «para su familia, amistades y compañeros de profesión».
Por su parte, Juanma Moreno ha asegurado que «se nos ha ido una pionera» que «abrió camino en el cine» y que «ha dejado la huella imborrable de una directora referente». «Mi profundo pesar y un fuerte abrazo a la familia de Josefina Molina, Hija Predilecta y Medalla de Andalucía», ha finalizado Moreno.
Fuente: elPeriódico de España.
Quim Casas.
Cultura
Miriam Reyes (Premio Nacional de Poesía): «Hay que celebrar la diversidad y la calidad de la poesía española»

¿Cómo cree que ha influido su juventud en Venezuela en su escritura?
Viví en Venezuela los años más importantes de formación, entre los 8 y los 21. Así que mi voz poética se ha alimentado de la cultura y la tradición venezolanas, al mismo tiempo que recibía la cultura y la tradición de la emigración gallega en Caracas. Aunque los primeros años fueron muy duros, creo que he sido muy afortunada al poder descubrir la riqueza y complejidad de ambos mundos desde tan pequeña. Al final soy y no soy de cada una de esas tierras, y de ambas a la vez. Sentir que no perteneces es doloroso en ocasiones, y en ocasiones liberador. Mientras que sentir que perteneces es a veces como un abrazo protector y a veces como una cárcel. Escribo desde ese lugar fronterizo y cambiante.
¿Cómo nutre su obra el empleo de otros formatos como el audiovisual? ¿Qué la animó a introducir esos otros lenguajes?
Incorporé los audiovisuales desde la presentación de mi primer libro, en 2001. Entiendo la lectura oral como una representación, pues sentados frente a mí no hay personas leyendo sino espectadores. Busco crear un clima para que los expectantes puedan entrar en el texto con intensidad. Entrar, no a una teatralización de la poesía, sino a la confluencia de la imagen, el sonido y la voz como potenciadores de la palabra y multiplicadores de significados.
¿Tiene algún ritual para escribir? ¿Qué es lo que le nutre para crear nuevos textos?
No tengo ningún ritual para escribir, lo que necesito es estar atenta a la vida, a las pequeñas cosas, a lo que sucede por dentro y por fuera. La lectura despierta pensamiento y escritura, así que siempre ayuda leer. También ayuda la comunicación con los otros: conocer otras realidades y puntos de vista de otros es estimulante porque nos plantea preguntas.
Ha asegurado que la poesía llegó como «bálsamo y antídoto» por la emigración de sus padres. ¿Sigue siendo así después de años de escritura?
¿Dije eso? Me extraña, pero en entrevistas pueden pasar cosas extrañas… Empecé a escribir a los ocho años, cuando mis padres me llevaron a Venezuela. La escritura fue mi manera de lidiar con la pérdida de la tierra y de los seres queridos. Seguí escribiendo para entenderme y entender el mundo. A veces cuando escribo veo cosas que cuando no escribo pretendo ignorar. Otras veces, veo cosas que todavía no puedo comprender. La escritura es, además, un espacio de libertad, un espacio de construcción y de cuestionamiento.
¿En qué punto diría que se encuentra la poesía en la actualidad? ¿Goza de buena salud en países como España?
¡Buenísima! La diversidad y la calidad de la poesía que se escribe en España es digna de celebración. Piensa que además tenemos tradiciones y lenguas diferentes conviviendo y creando un corpus muy rico.
¿Cómo nutre su trabajo como traductora la escritura de poesía?
Traducir es una escuela extraordinaria de lectura. Cuando traduces entras en el mecanismo íntimo de un texto. Descubres otras formas de pensar el lenguaje y otros lugares desde los que decir. Me parece una experiencia muy enriquecedora.
Además del Premio Nacional de Poesía 2025, ha sido finalista de algún que otro galardón. ¿Influyen de algún modo estos reconocimientos en su forma de enfrentarse al folio en blanco?
Los premios son una alegría y también una forma de reconocimiento colectivo, pero en el momento de escribir no cambian demasiado las cosas. Ni siquiera el haber publicado ocho libros, como es mi caso, me garantiza que volveré a escribir, que sabré cómo hacerlo. En cada libro se vuelve a empezar desde cero. En ese sentido, los premios no resuelven la incertidumbre del proceso creativo.
El año pasado publicó su primera novela, La edad infinita. ¿Cómo definiría esa otra experiencia con la escritura? ¿Qué la condujo a estrenarse con la prosa?
La novela surgió de una necesidad distinta. Había materiales narrativos, experiencias y preguntas que pedían un espacio más amplio que el del poema. La prosa me permitió trabajar con el tiempo, con la memoria y con los personajes de otra manera. Fue una experiencia muy estimulante, aunque tengo que decir que mi relación con el lenguaje sigue estando muy marcada por la poesía.
¿Está preparando actualmente algún nuevo poemario o libro? ¿Cómo se plantea la creación literaria hoy en día?
Ahora mismo estoy dándole vueltas al poemario que he estado escribiendo durante los últimos dos años. Estos meses no estoy teniendo la calma para concentrarme, así que me lo planteo con paciencia e intento aprovechar los momentos en los que puedo ponerme en ese estado de concentración que necesito para el momento del proceso en el que estoy.
Fuente: epe.es/eldía.es
Patricia Ginovés.
Cultura
Elvira Mínguez gana el Premio Primavera de Novela con ‘La educación del monstruo’

La actriz y escritora Elvira Mínguez ha sido reconocida con el Premio Primavera de Novela por su obra La educación del monstruo.
En palabras del jurado, «La educación del monstruo es una magnífica novela que, partiendo de una época escasamente trabajada en la literatura, como es la emigración española a Alemania, nos sumerge en un mundo de silencios y sospechas que atraviesa dos generaciones».
El galardón, dotado con 100.000 euros y convocado por la editorial Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés, celebra este año su treinta aniversario y es uno de los más prestigiosos en lengua española.
El jurado del Premio Primavera de Novela ha estado presidido por la escritora Carme Riera y compuesto por Antonio Soler, Nativel Preciado, Gervasio Posadas y David Cebrián.
Mínguez, tras conocer el fallo, ha contado cómo surgió la novela. «Mis padres emigraron a Alemania de manera ilegal, me interesaba ver todo eso que no conocemos, algo de lo que no se ha hablado excesivamente. Estamos obligados a recordar para poder prevenir», ha asegurado la escritora, que a partir de este viernes figura en la misma lista que Vanessa Montfort, Antonio Soler, Rosa Montero, Fernando Marías, Andrés Neuman, Javier Moro o Nativel Preciado.
La novela, según ha adelantado Mínguez, sigue la historia de tres mujeres en diferentes épocas: en su madurez, Matilde inicia una búsqueda personal que la llevará, primero, a querer saber más de la vida de su madre, Águeda, emigrante en Dusseldorf a principios de los años sesenta. Después, Matilde volverá a su propia infancia, en Valladolid a mediados de los setenta, cuando su colegio, dirigido por la hermana Olvido, y la ciudad entera, estaban aterrorizados por los ataques de un violador de niñas al que parecía imposible dar caza.
«Con un brío narrativo insólito y una potente construcción de personajes, la novela nos sumerge en las vidas, tan reconocibles para tantos de nosotros, de unas mujeres que entendieron que el empeño por reconstruir la memoria, personal y colectiva, es la única manera de enfrentar el mal que nos acecha y de escapar del «monstruo», ha explicado además Espasa.
Actriz y escritora, Mínguez (Valladolid, 1965) está nominada al Goya a mejor actriz de reparto por La cena. A lo largo de su extensa carrera en cine y televisión ha trabajado, entre otros, a las órdenes de John Malkovich, Steven Soderbergh y Asghar Farhadi, y ha ganado un Goya por Tapas (2005) además de varios premios de la Unión de Actores.
En 2023 debutó con La sombra de la tierra, una novela rural sobre una región sin nombre dominada por una mujer monstruosa, que fue finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León. Posteriormente también escribió y dirigió la adaptación audiovisual de esta obra.
Sobre cómo compagina su faceta como escritora y actriz, la ganadora ha asegurado que la novela fue escrita durante dos años «muy intensos», donde alternó la escritura con los rodajes.
«Me gusta contar historias, bien en lo audiovisual o la literatura. Llevo 32 años en el mundo del cine, mi cabeza es visual. Tengo el hábito de construir los personajes y cuando arranco a escribir, empiezo por ellos. Me gustan sobre todo los secundarios, son como la clase media de la sociedad, los que sostienen la sociedad», ha explicado la autora.
La novela de la autora, que saldrá a la venta el próximo 15 de abril, ha sido la elegida entre un total de 1590 originales. España, que aporta 795 novelas, encabeza la lista de participantes, seguida de Argentina y México, con 280 y 106 originales, respectivamente. En cuanto a la participación española, las comunidades autónomas con más obras que optan al premio son: Madrid (179), Andalucía (92) y Cataluña (63).
Este año, apuntó Cebrián, se ha reducido la extensión de los textos, ninguno ha superado las 500 páginas. Además, señaló Gervasio Posadas, los géneros que han predominado en los textos presentados al concurso han sido la novela negra y el thriller (un 60% de los manuscritos), así como la novela histórica (un 30%, muchos de ellos ambientados en la Guerra Civil española).
El pasado 2025 fue premiada la obra La Toffana, de Vanessa Montfort, mientras que en la edición anterior fue galardonado el escritor y periodista Luis García-Rey por su obra Loor.
Fuente: elespañol.com
María Cantó.
Radio Millenium Online


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