Televisión
‘La caída de la casa Usher’: Mike Flanagan se proyecta en Edgar Allan Poe para atormentar al padre Netflix

Con su ciclo de siete películas sobre relatos de Edgar Allan Poe, producidas por la American International Pictures entre 1960 y 1964, Roger Corman contribuyó a las bases de una hermenéutica sobre la obra del poeta bostoniano sobre la que fundar futuras iteraciones, con una relativa vigencia a la hora de estipular sus estilemas. Con ayuda de escritores duchos en el fantástico, el destajista productor elaboró un estudio, ciertamente didáctico, sobre un amplio número de cuentos breves ampliados y reformulados. Corman, autor populista, se apropiaba de los los signos indiscutibles que señalan el corpus de Poe, aquellos de sobra conocidos a través de múltiples vías de difusión, y los recodificaba en historias que se desviaban del material de partida para representar aquello que, entendía, no podía traducirse a imágenes.
Por el camino, el realizador se arrogaba un valor como editor, de tal forma que sus adaptaciones eran a la par comentarios de texto que pretendían adjudicar lecturas concretas a los relatos matrices. Como apunta Roberto Cueto en Las sombras del horror: Edgar Allan Poe en el cine, lo interesante de este compendio no es la literalidad, el apego a la palabra escrita, sino la capacidad de proyectarse uno mismo como autor a través de ella. No en vano, la reivindicación de Poe ha tenido mucho de trasposición del individuo ya desde los tiempos de Baudelaire, primer gran entusiasta de su catálogo. Todo ello, a fuerza de simplificar la dimensión de esta y de la propia efigie del literato, reproducida hasta la saciedad su rostro a partir de aquel daguerrotipo de 1848. Poe era más que un escritor trágico y menesteroso, la expresión de su imagen que se figura comúnmente, sino un hombre analítico, capaz de trabajar la literatura gótica desde una perspectiva irónica, consciente.
Durante sus años al servicio de Netflix, las aproximaciones de Mike Flanagan al material ajeno se han definido, en buena medida, por esa misma relación con los autores a los que revisa desde el presente. Los rasgos de estilo ajenos se entreveran con los propios, haciendo de los textos resultantes experiencias donde el cineasta se espeja en los reflejos del pasado que cita, así como sus personajes al obcecarse en transmitir sus relatos, condicionando al espectador a que dictamine su fiabilidad. Con ello, también, la capacidad de entender a Flanagan como un autor rotundo y no como replicante.
Cuando Corman se aproximaba al autor de Un sueño dentro de un sueño lo hacía con la consigna de la legitimación que ofrecía cubrir sus artefactos de consumo con un barniz literario; pero también por permitirle expresar una inquietud intelectual invisibilizada en los circuitos de consumo. En el caso de Flanagan, ese empeño por probar su excelencia, a través de esfuerzos progresivamente más enrevesados, pareciera denotar una necesidad de validación dentro de una estirpe de patrimonio incalculable. Aun cuando probar esa consanguinidad, si queremos llamarla así, acarree una pesada carga. La de exponerse uno mismo ante el juicio comparativo.
Al enraizarse sobre otros, al deberles algo, invoca una maldición que condiciona su futuro: ¿puede mantenerse por sí mismo? Quienes hayan asistido a Misa de Medianoche podrán responder convenientemente a tal cuestión.
Poe reflejado en uno mismo
Esta disyuntiva entronca con las obras completas de Poe y sustenta la que en particular da título y sirve de marco a La caída de la casa Usher: La maldición familiar y la disolución del legado, las deudas del pasado que se cobran en el presente, el tormento de los muertos. Flanagan reaprovecha el cuento de 1839, basado en la existencia condenada de Roderick y Madeline, últimos vestigios de un blasón destinado a desaparecer sepultado bajo las ruinas del hogar familiar, para desarrollarlo, mediante analepsis, en sentido inverso. Aquí, esos dos últimos supervivientes del apellido Usher no son sus descendientes finales, sino al contrario quienes consignan la maldición y la dejan en herencia a sus hijos.
Volvemos, pues, a la esencia de la filmografía de Flanagan, el juego de espejos latente ya desde Oculus. El espejo del mal, con la personalidad malévola, narcisista y megalomaníaca de Roderick (Bruce Greenwood) reflectada en sus seis vástagos que parafrasean con sus actos los del padre. Muertos todos desde la primera escena, que representa el último de los funerales, todos viven condenados durante los siguientes episodios, esperando sus sucesivas ejecuciones, dentro de esa burbuja social que es la simbólica casa Usher. Se alumbra así la encarnación de otros tantos textos y motivos de la narrativa poeiana: La máscara de la muerte roja, Los crímenes de la calle Morgue, El gato negro, El corazón delator, El escarabajo de oro y El pozo y el péndulo, que bautizan cada uno de los episodios dedicados a ajusticiar al progenitor a través de sus descendientes, evocando sus grandes golpes de efecto en cada última secuencia. Ahora bien, esa maniobra de reflejos interminables que nos descubren nuevas figuras tras de sí alberga un sinfín de alusiones a las obras completas del autor decimonónico.
Como Corman en su día, Flanagan concibe La casa Usher como un tren de la bruja de Poe, tomando los fragmentos para establecer un mapa narrativo tan tortuoso como la decrépita mansión del relato original. Partiendo del testimonio confesional de Roderick Usher a Auguste Dupin (Carl Lumbly encarna al recurrente detective, convertido en fiscal en el mundo contemporáneo), cada capítulo dispersa su recorrido por pasadizos que nos conducen al pasado (los flashbacks que nos devuelven a la juventud de Roderick y Madeleine, al origen de la maldición) y que nos permiten asistir a la intimidad de unos personajes abocados a terminar solos.
Estamos ante un relato omnisciente, conjugado con las perspectivas de cada personaje de la casa, siempre observados por una entidad superior inescapable, incorporada por una magnética Carla Gugino. Su rol, Verna (anagrama de Raven, es decir, El cuervo), se describe desde la sinopsis como un demonio multiforme causante de los sucesos extraños o inverosímiles que afronta cada miembro de la dinastía. Esta cualidad mefistofélica otorga una explicación sobrenatural unívoca al conflicto central de La caída de la casa Usher, por más que la narración se envenene de los delirios solipsistas del protagonista, Roderick, actualizada su caracterización en la forma de un multimillonario farmacéutico aquejado de una demencia vascular avanzada. Su enajenación, por tanto, se elucida también en términos médicos precisos.
Valdemar en el algoritmo
Todo está calculado, incluso el mal. En una secuencia del segundo episodio, La máscara de la muerte roja, la Madeleine joven (Willa Miller) preconiza que en el futuro los algoritmos servirán “hasta para escribir guiones de películas y programas”. La chanza no parece, en absoluto, inocente, máxime viendo la conjunción de elementos temáticos y genéricos, más allá de Poe, que se concentran en la fórmula de Flanagan.
La caída de la casa Usher encuadra a la familia dentro de la industria farmacológica, con un producto estrella, la ligodona, de efectos secundarios horribles, incluso mortales. Con su actitud caciquil, incluso mesiánica, este Roderick se ciñe a los parámetros del malévolo y controlador Próspero de La máscara de la muerte roja, siendo su medicamento esa peste que asola una comarca aquí a escala nacional, incluso global. Esta reimaginación adquiere un tinte oportuno, y oportunista, pues engarza la miniserie con las producciones, casi en competición, sobre la crisis de los opioides en Estados Unidos: una, Dopesick: historia de una adicción, enganchó a los suscriptores de Disney+ con su estreno a finales de 2021; la otra, Medicina letal, llegó para repescar a los abstinentes en agosto en la propia Netflix. El impacto de la epidemia explica el interés de la población, ergo también el de las plataformas por satisfacerla, por generar e incluir ese contenido en sus catálogos. Igual que el éxito de Succession en HBO Max impela al resto de competidoras a buscar el próximo gran melodrama familiar, consideración que podríamos conceder a esta Caída de la casa Usher, que también funciona como perversa batalla sucesoria.
En la pugna de las multinacionales por obtener los mejores resultados trimestrales, los beneficios más cuantiosos, se replican contenidos, temáticas, historias, mensajes. Ahí están, sin ir más lejos, las coincidentes dramatizaciones de la vida de “la asesina del hacha” Candy Montgomery a cargo de Disney (Candy) y Warner Bros Discovery (Love & Death). Dobles reflejados, como las que utiliza Tamerlane (Samantha Sloyan) ante la incapacidad de intimar con su marido, y que luego teme que le usurpen el puesto. En este escenario, Flanagan también se reivindica como un satirista, como también podía serlo Poe, al pergeñar un pastiche milimetrado, casi algorítmico, que tiene algo de parodia del mundo actual. También del negocio actual en torno al audiovisual.
Destaca la reflexión sobre la inteligencia artificial, campo de trabajo de Madeleine (Mary McDonnell), desde un punto de vista espectral, por el interés en crear dobles artificiales del individuo que trascienden la muerte de este. Esto le permite a Flanagan concebir el transhumanismo como un nuevo más allá, donde los fallecidos nunca alcanzan el descanso ni la paz, atormentando a los vivos sin reparo posible, a través de mensajes personalizados, de comunicaciones imposibles e insatisfactorias. Es decir, objetualizándolos. Es un equivocado mundo sin dolor, donde todo está al alcance, donde no hay más que contenido para consumir.
La caída de la casa Usher significa la última producción de Flanagan dentro de Netflix, después de seis años (y seis proyectos, tantos como hijos engendró este Roderick) antes de aliarse con Amazon Studios para desarrollar junto a su socio Trevor Macy nuevos productos televisivos destinados a Prime Video. Tal vez esa ruptura (el director, al fin y al cabo, solo cambia de patrón) magnifique también el carácter discursivo, político de la ficción. Los personajes reflexionan a viva voz sobre el estado del mundo, la lucha de clases, el feminismo y los techos de cristal, mientras la puesta en escena que al alimón organizan el propio Flanagan y su director de fotografía habitual, Michael Fimognari (con quien se reparte equitativamente la dirección de los episodios, en un síntoma de agotamiento productivo evidente) procura la ambientación lúgubre que se espera de un relato de Poe. De un relato de ellos mismos, con el que reivindicarse ante ese padre tiránico que simboliza la compañía, aunque sea incidiendo en sus propias señas de identidad, como esa fotografía atenuada, en clave baja.
El legado tenebroso
Así, esta aproximación a la obra de Poe se acerca a otra que dos nobles del terror, George A. Romero y Dario Argento, urdieron en Los ojos del diablo, con sus respectivos segmentos a partir de La verdad del caso del señor Valdemar y El gato negro. Con el primero comparte la noción política del terror, aunque se agradecería la capacidad sintética de aquel, y la concepción de los seis zombis que se aparecen a Roderick, así como la reflexión sobre la facultad corruptora de la riqueza y el poder; con el segundo, por el gusto por lo macabro y el componente arquitectónico del horror, aunque sin alcanzar la plasticidad. El mismo color amarillento que acaba por teñir el episodio de El gato negro nos remite al giallo, donde figuras como Mario Bava, Lucio Fulci o Antonio Margheriti supieron convocar el ánimo poeiano incluso cuando no lo estaban adaptando, de La máscara del demonio y Operación miedo, del primero; a Siete notas en negro, con emparedamientos incluido, del segundo.
Durante La caída de la casa Usher, los diferentes Usher justifican su desmedida ambición, aun siendo los espectadores sabedores de lo injustificable de sus actitudes. La ambición de Flanagan no es reprochable en absoluto, aunque no evita incurrir en pecados, acaso por responder a la asignación del padre: al alargar la duración, y enrocarse en expandir el universo, tiende a perderse en los recovecos de ese caserón que él ha levantado. No hay posibilidad de elipsis y por ello de ambigüedad. La estructura de los episodios puede hacerse, por momentos, reiterativa, como si transitásemos por las mismas estancias sin tener claridad en la percepción del tiempo y el espacio. La representación del pasado, en todo caso, es menos interesante que su evocación en el presente.
También eso es un signo de los tiempos: a mayor extensión, mejor consideración, o eso se estima, y más consumo. Es la coyuntura que impone el estudio con mano dura. Por ello mismo, sobresalen los segmentos donde se antepone la intensidad de las experiencias, el nervio. Disfrútese así de la bacanal de ácido de La máscara de la muerte roja, que deja en Netflix un lecho espeso difícil de pisar, una vez Flanagan es ya pasado para el padre. Escenas como esa, o como la que resuelve El corazón delator, proyectan la mejor versión de Flanagan como autor del horror, y por ende, donde la esencia de Poe trasluce eterna, inagotable.
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Televisión
El alto comunicado de RTVE tras la expulsión de su corresponsal en Marruecos: «Enorme gravedad a la libertad de prensa»

Las autoridades marroquíes han ordenado este sábado a los corresponsales de RTVE y la Agencia EFE a abandonar Fnideq (Castillejos), donde se encuentran cubriendo información relacionada con la frontera con Ceuta. Así, ambos profesionales se encontraban informando de la carga de las fuerzas antidisturbios marroquíes para dispersar a decenas de migrantes que intentaban llegar a la frontera, tras un nuevo llamamiento en redes.
«No hemos podido grabar la operación porque autoridades locales, que nos han dicho que estaban vinculadas al Ministerio del Interior, nos han pedido que abandonáramos la zona. Estábamos trabajando con prensa marroquí y con prensa española como la agencia EFE», ha explicado Arantxa Marculeta, corresponsal de RTVE en el ‘Telediario’.
«Estamos haciendo esta conexión por teléfono porque nos han dicho también que no podemos sacar la cámara de TVE en ningún punto de Castillejos. Que no podíamos trabajar en la ciudad, que debíamos abandonarla. Y que si lo hacíamos podíamos perder nuestros permisos de prensa, que son los que nos permiten trabajar en el país. Además, nos han explicado que también podían ser confiscadas nuestras imágenes», ha seguido explicando la periodista.
Horas después, la periodista se ha pronunciado en Radio 5 sobre la última hora. «Finalmente tenemos que abandonar Castillejos. Hemos estado un tiempo prudencial en el hotel a la espera de si se revertía la situación, pero no ha ocurrido así que tenemos que irnos», ha sentenciado.
RTVE emite un comunicado condenando lo sucedido
Poco después, RTVE ha enviado un comunicado en el que se ha pronunciado sobre la polémica expulsión de su corresponsal de Castillejos. A continuación reproducimos el comunicado íntegro:
La Corporación de Radio y Televisión Española (RTVE) manifiesta su más enérgico rechazo ante la decisión de las autoridades de Marruecos de obligar a abandonar la localidad de Castillejos (Fnideq) al equipo de informativos de RTVE y de la Agencia EFE desplazados en la zona. Nuestros profesionales se encontraban en el municipio realizando una cobertura periodística rigurosa y de indudable interés público: relatar los movimientos y la situación social en el entorno de la frontera con Ceuta. La orden de abandonar la localidad, comunicada de forma verbal por las autoridades marroquíes bajo el único argumento de «cumplir instrucciones», se ha ejecutado sin ninguna explicación formal.
Ante este incidente, el presidente de la Corporación, José Pablo López, ha destacado que «la expulsión de nuestros profesionales de la localidad de Castillejos supone un obstáculo de enorme gravedad a la libertad de prensa y al derecho a la información». El presidente ha incidido en que «el compromiso de los profesionales de RTVE con una crónica honesta, objetiva y sobre el terreno de los acontecimientos migratorios no puede verse limitado por decisiones arbitrarias que impiden mostrar la realidad». Asimismo, ha exigido a las autoridades de Marruecos «plenas garantías y el máximo respeto para que nuestros periodistas puedan ejercer su oficio en libertad en cualquier punto del entorno fronterizo», concluyendo que desde la radio y televisión pública de España se seguirá defendiendo «un periodismo cuyo único mandato es contar los hechos con el máximo rigor».
RTVE recuerda que el libre ejercicio del periodismo es una garantía democrática fundamental para que los ciudadanos reciban información veraz sobre acontecimientos que impactan directamente en el territorio español y europeo. Restringir el acceso a los puntos calientes de la actualidad debilita de forma directa la transparencia internacional. Por todo ello, la dirección de la Corporación pública se mantiene en permanente contacto y coordinación con los canales diplomáticos y con el resto de los medios afectados para esclarecer este incidente y asegurar el respaldo absoluto a nuestros trabajadores en la zona.
Fuente: eltelevisero.
Televisión
Alba Carrillo, el fichaje inesperado que prepara La Séptima para luchar contra ‘Fiesta’ y ‘La Roca’ los fines de semana

Poco a poco vamos teniendo nuevos detalles de la programación de La Séptima, la nueva cadena de TDT que llegará el 5 de noviembre. Tras oficializarse los fichajes de Javier Ruiz como director de la cadena y su cara principal, y de Rocío Delgado para presentar uno de sus formatos diarios, ahora sabemos que Alba Carrillo será otra de las caras que formarán parte de este nuevo proyecto.
Según avanzó Vozpopuli y ahora confirma Informalia, José Miguel Contreras, el principal impulsor de La Séptima, negocia el fichaje de Alba Carrillo como presentadora de un formato que se emitirá en las tardes de los sábados y domingos y que está llamado a competir contra ‘La Roca’ en La Sexta y contra ‘Fiesta’ en Telecinco.
De esta forma, Alba Carrillo competirá contra el que fue su programa. Y es que cabe recordar que la modelo y presentadora colaboró en ‘Fiesta’ con Emma García hasta que estalló el escándalo por su affaire con Jorge Pérez en la fiesta de navidad de Unicorn Content y fue despedida por la productora en abril de 2023.
Con ello, Alba Carrillo volverá a trabajar los fines de semana como ha venido haciendo en los últimos años como colaboradora de ‘D Corazón’ en TVE hasta que en mayo decidió no seguir formando parte del programa ante la censura que pretendía imponerla RTVE tras cuestionar a ‘MasterChef’ por fichar a personas que tienen problemas con Hacienda como Paz Vega o contar con gente como Ofelia que presume de no pagar impuestos en España.
Lo que se desconoce por ahora es si su fichaje por La Séptima supondrá su salida de TEN. Cabe recordar que Alba Carrillo presenta el magacín ‘El sótano club’ en las tardes de la cadena, cuya segunda temporada está anunciada para septiembre tras parar en verano.
Alba Carrillo, nuevo fichaje de La Séptima
Con la incorporación de Alba Carrillo serían ya tres nombres relevantes con los que contará La Séptima sumados a los de Javier Ruiz y Rocío Delgado. A ellos hay que sumar también el fichaje de Daniel Fernández, quién hasta ahora era director de ‘Mañaneros 360’ y que en el pasado dirigió ‘El programa de Ana Rosa’, ‘La mirada crítica’, ‘Cuatro al día’ y ‘Las mañanas de Cuatro’ como director de contenidos.
Cabe decir que La Séptima vivirá su puesta de largo durante la próxima edición del FesTVal, el festival de televisión que se celebra cada año en Vitoria, a partir del 7 de septiembre. Será entonces cuando la nueva cadena de TDT presente a todas sus caras y su programación antes de llegar a nuestras vidas el 5 de noviembre.
Fuente: eltelevisero.
Televisión
Entrevista a Josep Pedrerol, sobre el gran objetivo de ‘El Chiringuito’ en Mediaset: «No habría aceptado la oferta sin venir todo el equipo»

Quedan solo cinco días para que ‘El Chiringuito’ estrene su nueva etapa en Mediaset. El programa presentado por Josep Pedrerol se emitirá a partir del 17 de agosto en Energy de lunes a jueves a partir de las 0:00 horas con un ‘Express’ a partir de las 23:45 horas y los domingos se ofrecerá en Cuatro justo después de ‘Cuarto Milenio’.
Después de la presentación del programa, que tuvo lugar en la sede de Mediaset hace unas semanas, Josep Pedrerol mantuvo un encuentro con los medios de comunicación, entre los que estaba El Televisero, para avanzar más detalles sobre la nueva etapa del programa deportivo, el fichaje por Mediaset y su salida de Atresmedia.
En este encuentro, Josep Pedrerol volvió a dejar patente que no hay ningún tipo de mal rollo con Atresmedia y que su salida del grupo para el que ha trabajado durante más de 13 años ha sido algo de mutuo acuerdo. Asimismo, el periodista confiesa que tuvo otras dos ofertas además de la de Mediaset y desmiente los rumores sobre una conversación con RTVE.
Desde que anunciasteis el salto a Mediaset habéis dejado bien claro que es el mismo programa, el mismo equipo y el mismo Chiringuito. ¿No sé si tenéis ambición de cambiar algo o de renovarse?
Renovarnos estamos renovando siempre. El gran objetivo durante este tiempo ha sido trasladar a todo el equipo y eso no ha sido nada fácil. Es una auténtica revolución mover a 70 personas: 30 redactores, 40 tertulianos y todo el equipo de marketing. Es una locura lo que hemos hecho. Lo primero era establecer la base de la esencia. El chiringuito lo tenemos todo aquí, estamos todos. Y a partir de ahí, innovar. Pero innovar también depende de la actualidad. Llega Mourinho, llegan los fichajes del Madrid, el Barça también va a hacer un fichaje muy bueno… Va a depender de la actualidad. El fútbol es el que va marcando el devenir del programa. El espacio está vivo y es la actualidad la que nos obliga a reinventarnos constantemente.
Desde abril hasta ahora, ¿Cómo ha sido trabajar sabiendo que en Atresmedia ya no ibas a seguir y sabiéndolo solo tú?
No sé explicarte eso. Era una mezcla de ilusión y de incertidumbre porque, hasta que algo no está completamente cerrado, nunca puedes dar nada por hecho. Yo sabía que íbamos a venir aquí, pero trasladar a tanta gente requería resolver muchísimos flecos y había mucho que pelear. Ahí estaba también mi segundo, Quim Domènech, trabajando todos esos detalles. Pero nunca hubo un problema de dinero. La casa entendió perfectamente cómo funcionábamos. Era la sensación de cerrar una etapa muy bonita y empezar otra muy ilusionante. Es un choque de emociones.
Dices que no es cuestión de dinero pero si que se ha publicado que la no renovación en Atresmedia ha sido por cuestiones relacionadas con la publicidad y la gestión de la misma. ¿Eso ha sido realmente así?
No, en Atresmedia nunca hubo un problema de dinero ni hablamos nunca de dinero. Evidentemente hay ajustes en todas las empresas, pero nuestra salida no responde a una cuestión económica y de ‘por eso se van’. Lo que había era una oportunidad que era Mediaset y Atresmedia entendió también que acababa un contrato. No era una relación de a ver quién gana y quién pierde, no era eso. Era acaba una etapa. Yo en abril ya sabía que me venía para aquí y Atresmedia pues llega un momento en el que estaba retrasando la renovación y entonces las dos partes decidimos acabar una etapa. No me gustaría entrar en mucho más, al final lo bonito es acabar una relación bien y eso lo hemos conseguido.
No quieres que se hable mucho de la salida de Atresmedia pero tienes que entender que haya interés en saber por qué después de 13 años no seguís trabajando juntos…
Es que es lo que he dicho ya. No ha sido una cosa de poner fin nosotros ni de ponerlo ellos. Fue una cosa de sentarse a hablar y ambas partes llegar a un acuerdo de que era el momento de poner fin a algo. Y de verdad que no ha habido nada extraño. Yo con Javier Bardají, el CEO de Atresmedia sigue siendo amigo mío. Hemos vivido momentos muy buenos y seguiremos viéndonos pero ha llegado el momento de separar los caminos. Entendimos que era un buen momento para cambiar y emprender otros caminos. Es imposible que yo me lleve mal con Bardají y con Atresmedia después de tanto tiempo.
Pero si que has contado que había otras dos ofertas, ¿Qué nos puedes decir sobre ellas?
Sí. Había dos propuestas más sobre la mesa. Una de ellas era muy bonita e hizo un esfuerzo muy importante para contar con nosotros e incluso llegué a tener un contrato encima de la mesa. Pero a mí lo que me hacía ilusión era venir aquí. Por eso elegí Mediaset.
Lo que se publicó de TVE hace unos meses, ¿fue una oferta real?
No. ¿Sabes qué pasa? Que nuestro ecosistema no permite estar en la televisión pública. Nosotros venimos con marcas muy importantes, patrocinadores, entonces eso no permite estar en la televisión pública. Yo con José Pablo López (el presidente de RTVE) hablo y me llevo bien pero no hemos hablado de ese tema porque es que ‘El Chiringuito’ no puede estar en TVE. Sería algo yo como presentador, pero ‘El Chiringuito’ no tiene hueco en TVE cuando tenemos un ecosistema con marcas muy importantes que nos han acompañado y vienen para acá también.
¿Qué objetivo de audiencias os marcáis en esta nueva etapa?
Bueno, nosotros venimos de hacer en torno a un 4% en Mega, que era una cadena que estaba en torno al 1%. Es decir, hacíamos cuatro veces la audiencia del canal. Ahora creo que Energy está en torno al 1,8%-2% siendo una de las cadenas líderes de la TDT, pues nuestro objetivo es movernos en torno al 4% o un poco más, ojalá. Y los domingos llegar incluso al 10% si hay un Barça-Madrid. Los domingos dependeremos mucho de que el Barça o el Madrid jueguen el domingo a las 21:00 horas, ahí podemos romper, o que hayan jugado el sábado.
¿Y cómo llevas esta expectación que se ha generado por el salto de El Chiringuito a Mediaset?
Me ha hecho ilusión ver que venís tantos medios. Yo en Atresmedia es verdad que nunca tuve una rueda de prensa, pero hacía entrevistas personalizadas. Pero llegar a esta nueva casa, ver este plató y veros a tantos medios con interés pues me parece muy bonito. Eso significa que ‘El Chiringuito’ interesa. Cuando lo anunciamos en redes fue muy positiva la respuesta y he notado que la gente está expectante en la calle y eso es una locura.
¿Cómo llevas las críticas que se hacen a ‘El Chiringuito’ incluso desde el propio periodismo deportivo?
Bueno, hay críticas que están bien dentro del espectáculo. Hay críticas de que si esto no es periodismo, que si esto es show y yo eso lo tengo más que asumido desde hace tiempo. Me molesta que en redes sociales haya críticas que van más allá de lo profesional y se acercan al terreno personal y sobre todo que no afecten a alguien de mi equipo porque son gente más joven. Me fastidia que se metan con algún redactor y que toquen a la gente joven que es la que lo puede llevar peor.
Y los compañeros que critican pues bueno, yo creo que ‘El Chiringuito’ rompe con el periodismo tradicional pero tampoco hemos inventado nada, es un programa de debate. Es verdad que intentamos siempre que sea un Barça-Madrid a diario con otros equipos también en mente. Pero las exclusivas se dan en ‘El Chiringuito’. Florentino anunció lo de la superliga en ‘El Chiringuito’ y anunció lo de Mbappé en ‘El Chiringuito’. Es un programa informativo con una redacción espectacular y gente muy joven con muchas ganas e ilusión. Las críticas hay que recibirlas como parte del espectáculo. Yo cuando estuve en Punto Radio me escuchaban 50.000 personas y no me criticaba nadie, imagino que el hecho de que te vean implica la crítica. Me pasa a mí si estoy en casa. Además yo me mojo mucho y eso genera que haya gente que me quiera mucho o no me quiera nada.
Después de 14 años, ¿en algún momento has sentido que tenías que autocensurarte o callarte algo presionado por esas críticas?
No. Lo único que he intentado es comportarme un poco más como un presentador convencional porque cuando me enfado se me nota demasiado. Entonces es más evitar que se me note tanto como soy. A veces me dicen: ‘Josep, no puedes cabrearte tanto en antena’. Pero yo vivo el programa como si fuera un partido de fútbol. Al día siguiente ya veremos qué ha pasado pero cuando estamos jugando el partido yo quiero que el balón entre, quiero que la cámara esté donde tiene que estar y enfoque el gesto del tertuliano en un momento determinado. El problema es que quiero ser presentador, director, realizador… Quiero hacerlo todo. Estoy presentando y, al mismo tiempo, dirigiendo el programa. Meterse en mi cabeza no es fácil.
Siempre se habla del nivel de exigencia que tienes con el equipo. ¿Ha cambiado algo con el paso de los años?
No. Sigue siendo el mismo. Esto es como jugar en el Madrid o en el Barça. No todo el mundo puede con la presión de jugar en el Madrid o en el Barça. Esto es ganar cada partido. Hay gente que ha hecho un esfuerzo, la gente se acuesta a las dos de la mañana por vernos, tenemos que estar a la altura de la gente que nos ve. Me molesta mucho el a ver qué pasa hoy, un día más, no, es el día más importante. Hay que ganar cada noche. Quiero pasión, ilusión y que todo el mundo salga a competir.
¿Le das algún tipo de consigna a los tertulianos antes de empezar sobre lo que tienen que hacer o decir como por ejemplo hacía Sardá en ‘Crónicas Marcianas’?
No, jamás. Yo sé quién es cada uno, no les pido ni pasión porque a veces si hay dos que ponen mucha pasión es peor. Quiero que esté todo compensado, que haya pasión, emoción, reflexión. Nunca le he dicho a un tertuliano «tira por aquí», «critica a este» o «defiende al otro». Aquí no hay actores. Si Roncero se levanta es porque lo siente. Si alguien llora es porque le sale de dentro. No queremos interpretaciones. Queremos gente auténtica. Yo escucho cómo hablan en maquillaje, en el camerino, y ya sé por dónde va a ir cada uno. Pero nunca doy instrucciones sobre lo que tienen que decir.
En la presentación has contado que te escribieron Ana Rosa e Iker Jiménez. ¿Has podido hablar con Manu Carreño?
No. Nos saludamos el otro día cuando llegué aquí. Pero bueno nos conocemos, si coincidimos en Canal Plus. Yo hacía ‘El día después’ y él hacía los partidos de segunda. Le conozco desde hace mil años. Se ha hablado mucho de que pelea va a haber ahora entre él y nosotros, por favor estamos de coña. Aquí venimos a pasarlo bien y a sumar. Ellos están con el informativo del mediodía y de la noche y luego llegamos nosotros. Además Mediaset también tiene las motos y la F1. No va a haber ningún tipo de enfrentamiento.
Has comentado que hay tres nuevos colaboradores que se suman al equipo. ¿Qué nos puedes avanzar? ¿De dónde proceden?
Uno viene del deporte y otros dos del mundo de la comunicación.
Cuando le contaste el fichaje por Mediaset al equipo has dicho que reaccionaron con alegría. ¿Ha habido alguien que te haya costado convencer para que se viniera aquí?
No. Somos una productora, que es la que tiene contratada a la gente. Los tertulianos no, pero los redactores y todo el equipo forma parte de la productora. El tema era si podíamos asumir trasladar a todo el mundo con el cambio de cadena. El éxito de este cambio es que ‘El Chiringuito’ mantiene su esencia y que el equipo se viene todo para acá. Si no me sentiría fatal. No habría aceptado si no viene todo el equipo. Si no vienen todos no habría venido.
¿Trasladáis también toda la estructura digital? ¿Se va a mantener El Chiringuito Inside y todo?
Sí, al final seguimos trabajando también como productora. Es una locura. Tenemos más de 10,5 millones de seguidores en TikTok y unas cifras espectaculares en YouTube. ¿Qué programa o cadena de televisión tiene eso? Muchos niños de diez años me paran por la calle para hacerse fotos y eso demuestra el alcance que tiene el programa.
Vamos a seguir con los directos, los insides, los contenidos para redes y los diferentes formatos digitales. Además, algunos de nuestros programas derivados también estarán disponibles en Mediaset Infinity, como el ‘Cafelito’, ‘Los amigos’ de Edu Aguirre. La estrategia digital seguirá siendo una parte fundamental de El Chiringuito.
Desde Mediaset han dejado la puerta abierta a que puedas liderar otros proyectos en el futuro. ¿Qué tipo de programas te gustaría hacer?
No he pensado en eso, pero bueno tengo uno en la cabeza. No existe todavía, pero algún día lo haré. Lo que pasa es que combinar un programa que no sea de fútbol con uno de fútbol creo que la gente no lo entendería. No sé hasta que punto sería compatible hacer un programa de fútbol y otro que sea un debate de temas más sociales e incluso políticos. Ahora mismo estoy centrado en levantar esta etapa de El chiringuito, hacer buenas audiencias y disfrutar.
Fuente: eltelevisero.
Roberto Jiménez.
Radio Millenium Online


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