Televisión
‘La caída de la casa Usher’: Mike Flanagan se proyecta en Edgar Allan Poe para atormentar al padre Netflix

Con su ciclo de siete películas sobre relatos de Edgar Allan Poe, producidas por la American International Pictures entre 1960 y 1964, Roger Corman contribuyó a las bases de una hermenéutica sobre la obra del poeta bostoniano sobre la que fundar futuras iteraciones, con una relativa vigencia a la hora de estipular sus estilemas. Con ayuda de escritores duchos en el fantástico, el destajista productor elaboró un estudio, ciertamente didáctico, sobre un amplio número de cuentos breves ampliados y reformulados. Corman, autor populista, se apropiaba de los los signos indiscutibles que señalan el corpus de Poe, aquellos de sobra conocidos a través de múltiples vías de difusión, y los recodificaba en historias que se desviaban del material de partida para representar aquello que, entendía, no podía traducirse a imágenes.
Por el camino, el realizador se arrogaba un valor como editor, de tal forma que sus adaptaciones eran a la par comentarios de texto que pretendían adjudicar lecturas concretas a los relatos matrices. Como apunta Roberto Cueto en Las sombras del horror: Edgar Allan Poe en el cine, lo interesante de este compendio no es la literalidad, el apego a la palabra escrita, sino la capacidad de proyectarse uno mismo como autor a través de ella. No en vano, la reivindicación de Poe ha tenido mucho de trasposición del individuo ya desde los tiempos de Baudelaire, primer gran entusiasta de su catálogo. Todo ello, a fuerza de simplificar la dimensión de esta y de la propia efigie del literato, reproducida hasta la saciedad su rostro a partir de aquel daguerrotipo de 1848. Poe era más que un escritor trágico y menesteroso, la expresión de su imagen que se figura comúnmente, sino un hombre analítico, capaz de trabajar la literatura gótica desde una perspectiva irónica, consciente.
Durante sus años al servicio de Netflix, las aproximaciones de Mike Flanagan al material ajeno se han definido, en buena medida, por esa misma relación con los autores a los que revisa desde el presente. Los rasgos de estilo ajenos se entreveran con los propios, haciendo de los textos resultantes experiencias donde el cineasta se espeja en los reflejos del pasado que cita, así como sus personajes al obcecarse en transmitir sus relatos, condicionando al espectador a que dictamine su fiabilidad. Con ello, también, la capacidad de entender a Flanagan como un autor rotundo y no como replicante.
Cuando Corman se aproximaba al autor de Un sueño dentro de un sueño lo hacía con la consigna de la legitimación que ofrecía cubrir sus artefactos de consumo con un barniz literario; pero también por permitirle expresar una inquietud intelectual invisibilizada en los circuitos de consumo. En el caso de Flanagan, ese empeño por probar su excelencia, a través de esfuerzos progresivamente más enrevesados, pareciera denotar una necesidad de validación dentro de una estirpe de patrimonio incalculable. Aun cuando probar esa consanguinidad, si queremos llamarla así, acarree una pesada carga. La de exponerse uno mismo ante el juicio comparativo.
Al enraizarse sobre otros, al deberles algo, invoca una maldición que condiciona su futuro: ¿puede mantenerse por sí mismo? Quienes hayan asistido a Misa de Medianoche podrán responder convenientemente a tal cuestión.
Poe reflejado en uno mismo
Esta disyuntiva entronca con las obras completas de Poe y sustenta la que en particular da título y sirve de marco a La caída de la casa Usher: La maldición familiar y la disolución del legado, las deudas del pasado que se cobran en el presente, el tormento de los muertos. Flanagan reaprovecha el cuento de 1839, basado en la existencia condenada de Roderick y Madeline, últimos vestigios de un blasón destinado a desaparecer sepultado bajo las ruinas del hogar familiar, para desarrollarlo, mediante analepsis, en sentido inverso. Aquí, esos dos últimos supervivientes del apellido Usher no son sus descendientes finales, sino al contrario quienes consignan la maldición y la dejan en herencia a sus hijos.
Volvemos, pues, a la esencia de la filmografía de Flanagan, el juego de espejos latente ya desde Oculus. El espejo del mal, con la personalidad malévola, narcisista y megalomaníaca de Roderick (Bruce Greenwood) reflectada en sus seis vástagos que parafrasean con sus actos los del padre. Muertos todos desde la primera escena, que representa el último de los funerales, todos viven condenados durante los siguientes episodios, esperando sus sucesivas ejecuciones, dentro de esa burbuja social que es la simbólica casa Usher. Se alumbra así la encarnación de otros tantos textos y motivos de la narrativa poeiana: La máscara de la muerte roja, Los crímenes de la calle Morgue, El gato negro, El corazón delator, El escarabajo de oro y El pozo y el péndulo, que bautizan cada uno de los episodios dedicados a ajusticiar al progenitor a través de sus descendientes, evocando sus grandes golpes de efecto en cada última secuencia. Ahora bien, esa maniobra de reflejos interminables que nos descubren nuevas figuras tras de sí alberga un sinfín de alusiones a las obras completas del autor decimonónico.
Como Corman en su día, Flanagan concibe La casa Usher como un tren de la bruja de Poe, tomando los fragmentos para establecer un mapa narrativo tan tortuoso como la decrépita mansión del relato original. Partiendo del testimonio confesional de Roderick Usher a Auguste Dupin (Carl Lumbly encarna al recurrente detective, convertido en fiscal en el mundo contemporáneo), cada capítulo dispersa su recorrido por pasadizos que nos conducen al pasado (los flashbacks que nos devuelven a la juventud de Roderick y Madeleine, al origen de la maldición) y que nos permiten asistir a la intimidad de unos personajes abocados a terminar solos.
Estamos ante un relato omnisciente, conjugado con las perspectivas de cada personaje de la casa, siempre observados por una entidad superior inescapable, incorporada por una magnética Carla Gugino. Su rol, Verna (anagrama de Raven, es decir, El cuervo), se describe desde la sinopsis como un demonio multiforme causante de los sucesos extraños o inverosímiles que afronta cada miembro de la dinastía. Esta cualidad mefistofélica otorga una explicación sobrenatural unívoca al conflicto central de La caída de la casa Usher, por más que la narración se envenene de los delirios solipsistas del protagonista, Roderick, actualizada su caracterización en la forma de un multimillonario farmacéutico aquejado de una demencia vascular avanzada. Su enajenación, por tanto, se elucida también en términos médicos precisos.
Valdemar en el algoritmo
Todo está calculado, incluso el mal. En una secuencia del segundo episodio, La máscara de la muerte roja, la Madeleine joven (Willa Miller) preconiza que en el futuro los algoritmos servirán “hasta para escribir guiones de películas y programas”. La chanza no parece, en absoluto, inocente, máxime viendo la conjunción de elementos temáticos y genéricos, más allá de Poe, que se concentran en la fórmula de Flanagan.
La caída de la casa Usher encuadra a la familia dentro de la industria farmacológica, con un producto estrella, la ligodona, de efectos secundarios horribles, incluso mortales. Con su actitud caciquil, incluso mesiánica, este Roderick se ciñe a los parámetros del malévolo y controlador Próspero de La máscara de la muerte roja, siendo su medicamento esa peste que asola una comarca aquí a escala nacional, incluso global. Esta reimaginación adquiere un tinte oportuno, y oportunista, pues engarza la miniserie con las producciones, casi en competición, sobre la crisis de los opioides en Estados Unidos: una, Dopesick: historia de una adicción, enganchó a los suscriptores de Disney+ con su estreno a finales de 2021; la otra, Medicina letal, llegó para repescar a los abstinentes en agosto en la propia Netflix. El impacto de la epidemia explica el interés de la población, ergo también el de las plataformas por satisfacerla, por generar e incluir ese contenido en sus catálogos. Igual que el éxito de Succession en HBO Max impela al resto de competidoras a buscar el próximo gran melodrama familiar, consideración que podríamos conceder a esta Caída de la casa Usher, que también funciona como perversa batalla sucesoria.
En la pugna de las multinacionales por obtener los mejores resultados trimestrales, los beneficios más cuantiosos, se replican contenidos, temáticas, historias, mensajes. Ahí están, sin ir más lejos, las coincidentes dramatizaciones de la vida de “la asesina del hacha” Candy Montgomery a cargo de Disney (Candy) y Warner Bros Discovery (Love & Death). Dobles reflejados, como las que utiliza Tamerlane (Samantha Sloyan) ante la incapacidad de intimar con su marido, y que luego teme que le usurpen el puesto. En este escenario, Flanagan también se reivindica como un satirista, como también podía serlo Poe, al pergeñar un pastiche milimetrado, casi algorítmico, que tiene algo de parodia del mundo actual. También del negocio actual en torno al audiovisual.
Destaca la reflexión sobre la inteligencia artificial, campo de trabajo de Madeleine (Mary McDonnell), desde un punto de vista espectral, por el interés en crear dobles artificiales del individuo que trascienden la muerte de este. Esto le permite a Flanagan concebir el transhumanismo como un nuevo más allá, donde los fallecidos nunca alcanzan el descanso ni la paz, atormentando a los vivos sin reparo posible, a través de mensajes personalizados, de comunicaciones imposibles e insatisfactorias. Es decir, objetualizándolos. Es un equivocado mundo sin dolor, donde todo está al alcance, donde no hay más que contenido para consumir.
La caída de la casa Usher significa la última producción de Flanagan dentro de Netflix, después de seis años (y seis proyectos, tantos como hijos engendró este Roderick) antes de aliarse con Amazon Studios para desarrollar junto a su socio Trevor Macy nuevos productos televisivos destinados a Prime Video. Tal vez esa ruptura (el director, al fin y al cabo, solo cambia de patrón) magnifique también el carácter discursivo, político de la ficción. Los personajes reflexionan a viva voz sobre el estado del mundo, la lucha de clases, el feminismo y los techos de cristal, mientras la puesta en escena que al alimón organizan el propio Flanagan y su director de fotografía habitual, Michael Fimognari (con quien se reparte equitativamente la dirección de los episodios, en un síntoma de agotamiento productivo evidente) procura la ambientación lúgubre que se espera de un relato de Poe. De un relato de ellos mismos, con el que reivindicarse ante ese padre tiránico que simboliza la compañía, aunque sea incidiendo en sus propias señas de identidad, como esa fotografía atenuada, en clave baja.
El legado tenebroso
Así, esta aproximación a la obra de Poe se acerca a otra que dos nobles del terror, George A. Romero y Dario Argento, urdieron en Los ojos del diablo, con sus respectivos segmentos a partir de La verdad del caso del señor Valdemar y El gato negro. Con el primero comparte la noción política del terror, aunque se agradecería la capacidad sintética de aquel, y la concepción de los seis zombis que se aparecen a Roderick, así como la reflexión sobre la facultad corruptora de la riqueza y el poder; con el segundo, por el gusto por lo macabro y el componente arquitectónico del horror, aunque sin alcanzar la plasticidad. El mismo color amarillento que acaba por teñir el episodio de El gato negro nos remite al giallo, donde figuras como Mario Bava, Lucio Fulci o Antonio Margheriti supieron convocar el ánimo poeiano incluso cuando no lo estaban adaptando, de La máscara del demonio y Operación miedo, del primero; a Siete notas en negro, con emparedamientos incluido, del segundo.
Durante La caída de la casa Usher, los diferentes Usher justifican su desmedida ambición, aun siendo los espectadores sabedores de lo injustificable de sus actitudes. La ambición de Flanagan no es reprochable en absoluto, aunque no evita incurrir en pecados, acaso por responder a la asignación del padre: al alargar la duración, y enrocarse en expandir el universo, tiende a perderse en los recovecos de ese caserón que él ha levantado. No hay posibilidad de elipsis y por ello de ambigüedad. La estructura de los episodios puede hacerse, por momentos, reiterativa, como si transitásemos por las mismas estancias sin tener claridad en la percepción del tiempo y el espacio. La representación del pasado, en todo caso, es menos interesante que su evocación en el presente.
También eso es un signo de los tiempos: a mayor extensión, mejor consideración, o eso se estima, y más consumo. Es la coyuntura que impone el estudio con mano dura. Por ello mismo, sobresalen los segmentos donde se antepone la intensidad de las experiencias, el nervio. Disfrútese así de la bacanal de ácido de La máscara de la muerte roja, que deja en Netflix un lecho espeso difícil de pisar, una vez Flanagan es ya pasado para el padre. Escenas como esa, o como la que resuelve El corazón delator, proyectan la mejor versión de Flanagan como autor del horror, y por ende, donde la esencia de Poe trasluce eterna, inagotable.
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Televisión
‘Tu cara me suena’ corona a una imprevisible ganadora en la gala 8 por sentencia unámime y da un vuelco al ranking

‘Tu cara me suena 13’ ha vivido este viernes 5 de junio una octava gala cargada de emociones que finalmente se ha traducido en la inesperada victoria de una concursante con total unanimidad del público y el panel del jurado. Y si bien Leonor Lavado lo ha dado todo sobre el escenario como Patricia Manterola, Jesulín de Ubrique protagonizaba la gran parodia de este viernes con su primer cambio de sexo en el concurso.
Martín Savi abre la gala arrasando al ritmo de ‘Eye of the tiger’ y Aníbal Gómez tira de nostalgia con Parchís
A golpe de plano secuencia, y con ‘Eye of the tiger’ de fondo, ‘Tu cara me suena’ arrancó la gala de este viernes desde su trastienda, con Martín Savi transformado en Survivor avanzando entre los entresijos del backstage hasta llegar al escenario embutido en un atuendo negro de cuero. Y sin duda, la euforia de su primera victoria como Adele la semana pasada estuvo presente durante el número de apertura, pues logró poner en pie a todo el público con su arrolladora interpretación del mítico himno de ‘Rocky’.
«Esto puede parecer fácil, porque este chico lo hace todo fácil pero haz tú esa nota que ha hecho… Estás en un momento muy dulce del programa, empezaste regular y ahora todo lo que estás haciendo tiene un nivel súper bueno. De verdad te lo digo, disfruta mucho», destacó Àngel Llàcer aplaudiendo la evolución del joven una semana más. «Si Martín sabe hacer algo aquí es evolucionar, y esta canción es un claro ejemplo», sentenció entre aplausos Chenoa.
Para el segundo número de la noche, la intensidad rockera abandonó el escenario de ‘Tu cara me suena’ para dar paso a una escena mucho más familiar y nostálgica de la mano de Aníbal Gómez, que este viernes reclutó a Natalia Ferviú para revivir el espíritu de Parchís sin pretensiones de arrasar en el ranking. Y fue precisamente su espíritu desenfadado y de celebración al interpretar ‘Fin de curso’ en una colorida puesta en escena lo que convirtió al número del humorista en uno de los más celebrados de la noche entre el público.
«A mí se me parece un poco a Lucas de Andy y Lucas», se limitó a bromear Àngel Llàcer. «Yo te he visto perdido», le espetó también Florentino Fernández, poniendo el foco en algunos pasos de baile equivocados durante la rutina. «Sí que me he perdido una vez, pero si habéis visto el vídeo original ahí se equivocan, hemos decidido mantener el error original», trató de justificarse el cómico entre risas.
Cristina Castaño vuelve a hacerlo como Cher y J Kbello sube la temperatura como Ricky Martin
Poco después, Cristina Castaño irrumpió en escena para protagonizar uno de los grandes números de la noche junto a su perrita Sally, a la que no tuvo problema en pasear mientras se metía en la piel de Cher, sumergida en una escena de lo más flamenca, con velas, rosas y un ejército de bailarines con el que se mezcló para ofrecer su más fiel rendición de ‘Dov’è l’amore’.
«Me has encantado, el esfuerzo que has hecho con la voz… A ti que te gusta sacar la voz, te brilla mucho y hoy has tenido que reprimirte. De verdad, te felicito», destacó Llàcer, alabando cómo la actriz había conseguido ajustarse al complicado tono de voz de la cantante. «Ese pedazo de arte que tienes… Eres una diva, una artista», señaló entre aplausos Pastora Soler, que este viernes acudió al programa para ocupar la silla de Lolita ante su baja puntual.
Quién también recibió una ronda de aplausos, como era más que previsible, fue J Kbello, que irrumpió una semana más sobre el escenario de ‘Tu cara me suena 13’ decidido a hacer historia, esta vez embutido en las transparencias de Ricky Martin. Clavando sus movimientos y carisma en ‘La copa de la vida’, el gaditano firmó un frenético número que le mantuvo en su zona habitual del ranking, ganándose tanto una ovación del público como del jurado.
«Qué manera de controlar la coreografía, lo vocal… Y sobre todo además esa efusividad», comentó asombrada Pastora Soler, confesando que era la primera vez que coincidía con el finalista del Benidorm Fest 2025. «Este chico canta, baila, imita, interpreta, brilla cada vez que sale al escenario. Se ha marcado todo esto como si nada», destacó Àngel Llàcer a modo de resumen, sin saber que sus puntuaciones de este viernes arrebatarían el liderazgo del concursante en el ranking general por un punto, sufriendo el sorpasso de María Parrado.
Jesulín de Ubrique firma la gran parodia de la noche como Daniela Romo, mientras que María Parrado deslumbra como Meghan Trainor
Y aunque parecía que la cuota de número cómicos ya había quedado cubierta con el Parchís de Aníbal Gómez, Jesulín de Ubrique protagonizó uno de los momentos más esperados de la presente edición de ‘Tu cara me suena’ en el ecuador de la noche… Su primer cambio de sexo. Transformado en Daniela Romo, con boa de plumas y falda a juego, el ex torero hizo su mejor intento con ‘Yo no te pido la luna’, pero terminó firmando una de esas necesarias parodias que recuerdan la verdadera esencia del querido concurso de Antena 3.
«Estaba preocupada por los tacones, la bajada de escalera ha sido peligrosa… Pero lo has hecho muy bien», comentó Chenoa con sorna nada más terminar el número. «Por actuaciones como esta, esto es ‘Tu cara me suena», sentenció entre aplausos Florentino Fernández aplaudiendo el puro entretenimiento que acababa de ofrecer el concursante. «Yo esta canción la canto en mis conciertos y no me voy a poder quitar esto de la cabeza cuando la cante… En la vida», señaló Pastora Soler entre risas.
Poco después, María Parrado regresó al escenario de ‘Tu cara me suena’ junto a Kenneth dispuesta a garantizar su entrada en el podio de este viernes. Y con su interpretación de ‘Like i’m gonna loose you’, metiéndose en la piel de Meghan Trainor y John Legend, la benjamina de la edición consiguió esa difícil tarea sin problemas. A través de un gran ventanal, con la lluvia cayendo sobre ambos, el dúo consiguió una escena que «será recordada durante años» según señaló Manel Fuentes.
«Lo que ha habido aquí es mucha química. Juntar voces con canciones como esta que tienen tanta agilidad vocal y que tienen que coincidir para que todo sea un poco limpio, creo que lo teníais muy masticado», destacó Chenoa aplaudiendo cómo ‘Tu cara me suena 13’ ha emitido en Antena 3 su séptimo programa que ha finalizado con la primera victoria de un concursante tras su imitación de Adele, tras un acuerdo total de los votos del público y jurado o la cantante y su compañero habían adaptado sus registros además de combinarlos para conseguir un ambiente tan especial como el que crearon.
Leonor Lavado se desmelena como Patricia Manterola y Sole Giménez emociona como Rosana
De una lenta balada sobre una tenue luz, ‘Tu cara me suena’ dio un giro de 180 grados a su puesta en escena convirtiéndose en una sesión de cardio propia de una cinta de ‘Batuka’ de principios de los años 2000. Leonor Lavado, entre flecos y hasta arriba de energía, regresó al escenario este viernes convertida en Patricia Manterola. Y lejos de caer en parodia, la humorista hizo su mayor esfuerzo por clavar las notas de autotune de ‘Que el ritmo no pare’ a la vez que no perdía pista de la compleja coreografía.
«Estas canciones que parecen una tontería al final no son tan fáciles. Bailando como ella ha bailado, controlando la respiración… La verdad es que chapó», destacó Pastora Soler, recordando además que había bailado mucho esta canción durante esa época porque su marido solía ser bailarín de Patricia Manterola, y de hecho aparecía en la actuación que la cómica acababa de imitar.
Justo después, el ambiente de ‘Tu cara me suena’ quedó inundado con la inconfundible magia de Sole Giménez, que este viernes se sirvió tan solo de una guitarra y una puesta de sol para emocionar como Rosana en una sobrecogedora interpretación de ‘Si tú no estás’. Con su delicadeza habitual e incapaz de librarse de su sello personal, hizo su mayor esfuerzo para hacer justicia al íntimo tema de la cantante que le valió un aluvión de aplausos en plató.
«A la que le tenemos que dar las gracias por venir es a ti, porque es tan bonito verte. Siempre estás con una sonrisa, siempre dispuesta a darnos lo mejor de ti, siempre de buen humor… Creas un ambiente siempre a tu alrededor buenísimo y haciendo mención a la canción, si tú no estuvieses aquí, esto no sería para nada ‘Tu cara me suena», sentenció entre aplausos Àngel Llàcer, reiterando su admiración por la intérprete.
Paula Koops da la sorpresa como Raye y se hace con su primera victoria en ‘Tu cara me suena’ por decisión unánime
Pero el plato fuerte de la noche quedó reservado para el final, cuando Paula Koops irrumpió en el escenario de ‘Tu cara me suena’ enfundada en lentejuelas junto a un coro para transformarse en la británica Raye en un número donde por fin consiguió tachar uno de sus retos pendientes de esta edición: eclipsar al resto de sus compañeros. Sin perder una sola palabra del trabalenguas de ‘Where is my husband’, la artista emergente se alzó con su primera victoria con unanimidad del público y el jurado, conformando la gran sorpresa de la noche.
«Hoy han salido muchísimas cosas bonitas en ti que me hacían falta ver y que esta noche sí he visto, por lo que vas a tener una muy buena nota por mi parte», le adelantó Chenoa. «Nos has descolocado las quinielas, has salido con una seguridad tremenda. Lo has hecho súper bien y creo que hay un salto cuantitativo y cualitativo desde la última gala hasta ahora, ha sido una actuación muy, muy buena», señaló Florentino Fernández poco antes de coronarla como ganadora de la octava gala.
Votos del jurado:
Paula Koops: 47 (12)
María Parrado: 43 (11)
J Kbello: 42 (10)
Cristina Castaño: 32 (9)
Martín Savi: 31 (8)
Sole Giménez: 30 (7)
Jesulín de Ubrique: 23 (6)
Aníbal Gómez: 20 (5)
Leonor Lavado: 20 (4)
Votos del público:
Paula Koops: 12
María Parrado: 11
J Kbello: 10
Cristina Castaño: 9
Sole Giménez: 8
Martín Savi: 7
Leonor Lavado: 6
Aníbal Gómez: 5
Jesulín de Ubrique: 4
Votos del jurado+público:
Paula Koops: 24
María Parrado: 22
J Kbello: 20
Cristina Castaño: 18
Martín Savi: 15
Sole Giménez: 15
Aníbal Gómez: 10
Jesulín de Ubrique: 10
Leonor Lavado: 10
Lista de imitaciones de la Gala 9 de ‘Tu cara me suena 13’: Actuaciones y artistas del próximo viernes 12 de junio en Antena 3
Jesulín de Ubrique: M-Clan
Sole Giménez: Gloria Estefan
J Kbello: Elvis Presley
Cristina Castaño: Luciano Pavarotti y Eurythimics (Con un amigo)
Aníbal Gómez: Jesulín de Ubrique
Paula Koops: Olivia Rodrigo
Martín Savi: Queen
María Parrado: Merche
Leonor Lavado: Paula Koops (Training VIP)
Fuente: eltelevisero.
José Sánchez.
Televisión
Joaquín Prat se despide de ‘El Tiempo Justo’, con su futuro en Telecinco en el aire: «Ha sido una temporada muy dura»

Hace unos días, Mediaset sorprendía al anunciar que finalmente cancelará la emisión de ‘El tiempo justo’ en verano, aprovechando la baja por paternidad de Joaquín Prat, y ofrecerá en su lugar un nuevo magacín presentado por Ion Aramendi.
Este viernes, Joaquín Prat ha anunciado su despedida en ‘El tiempo justo’ para disfrutar desde ya mismo de su baja por su próxima paternidad. «Hoy es el último programa que presento de ‘El tiempo justo’, al menos de esta temporada», empezaba diciendo.
«Ha sido una temporada complicada, muy dura, lo único que ha hecho que mantenga la ilusión ha sido mi equipo, podría mencionarlos a todos, a todos los adoro y me siento un privilegiado por trabajar con ellos. Mi equipo y ustedes. Ustedes son los protagonistas siempre, los destinatarios de nuestro trabajo», reconocía el presentador en clara alusión por las bajas audiencias del programa.
Tras ello, Joaquín Prat aseguraba que «me voy feliz y lleno de ilusión». «Me voy a estar cerca de mi mujer, que va a dar a luz a nuestra hija. Me voy a estar cerca de nuestra hija y de la gente a la que amo. Su familia, que es mi familia, mi familia, con mi hijo mayor, y a disfrutar de la paternidad, de mi baja, de nuestra baja por paternidad, y a compartir los tres primeros meses de mi hija con quien tengo que hacerlo», añadía.
Era después cuando Joaquín Prat dejaba en el aire su futuro con la cancelación de ‘El tiempo justo’ en verano. «Si Dios quiere nos veremos en septiembre. Les deseo que pasen ustedes unas muy felices vacaciones. Nos vemos a la vuelta. Se quedan en las mejores manos con César, con Alfonso y todos los colaboradores. Y luego vendrá Ion con el nuevo programa y los de ‘De lunes a viernes’. En fin, que esto no se para ni muchísimo menos», sentenciaba el comunicador.
«Nosotros generalmente a quien más hacemos sufrir es a quien más amamos y, por ende, quién más nos hace sufrir es quien más amamos. Ámense. Es muy bonito recibir, pero es más bonito todavía dar», terminaba aconsejando Joaquín Prat a sus espectadores antes de conectar con Jorge Javier. «Ay Joaquín, ¡Me están dando ganas de ser padre para cogerme vacaciones como tú! Disfrútalo», le decía su compañero.
«Tendrías que decir aquello de: ‘me voy pero juro que volveré’ como cantaba Nino Bravo. Un beso muy fuerte Joaquín para ti y toda tu familia», concluía Jorge Javier en toda una declaración de intenciones sobre la situación de ambos ante la cancelación de sus programas en verano.
Fuente: eltelevisero.
Roberto Jiménez.
Televisión
Llega a Netflix su nueva serie juvenil con actores de ‘Cuéntame’, ‘Paquita Salas’ y ‘La novia gitana’, grabada en las playas de Mazarrón

Tras lanzar el tráiler de ‘Oasis’, este jueves Netflix ha dado más detalles de otra de sus nuevas ficciones originales. Así, el gigante del stremaing ha compartido el teaser, las primeras imágenes y ha dado a conocer la fecha de estreno de ‘Toda la verdad de mis mentiras’, la adaptación de la novela de Elísabet Benavent.
Se trata de la tercera novela de la escritora que Netflix adapta para hacer series. La primera fue ‘Valeria’, después llego ‘Un cuento perfecto’ y ahora llega ‘Toda la verdad de mis mentiras’, publicado por Suma en el año 2019, y que se estrenará en Netflix el próximo 28 de agosto con sus cinco episodios.
‘Toda la verdad de mis mentiras’ cuenta con un reparto encabezado por Daniel Ibáñez (‘La novia gitana’, ‘Segundo premio’), Itziar Manero (‘Manual para señoritas’, ‘Las chicas están bien’), Ricardo Gómez (‘La Suerte: una serie de casualidades’, ‘Cuéntame cómo pasó’), Brays Efe (‘Paquita Salas’, ‘Tengo que morir todas las noches’), Lucía de la Fuente (‘Tóxico’, ‘Las brujas de Zugarramurdi’) y Clara Sans (‘Innato’, ‘Celeste’), entre otros.
En colaboración con Plano a Plano (‘Valeria’) cuenta con la propia Elísabet Benavent junto a Ángel Armada y Marina Pérez como productores ejecutivos. César Benítez es el productor y María Togores dirige junto a Marina Pérez, quien también está a cargo del guion con Montaña Marchena.
‘Toda la verdad de mis mentiras’ tiene como localización principal distintas playas y emplazamientos de Mazarrón, en la Región de Murcia. En concreto, el rodaje de la miniserie se desarrolló en las playas de Percheles, Rihuete y Bahía, así como Calas de Bolnuevo, en Puerto de Mazarrón. También fue escenario de la trama el Hotel Bahía, un supermercado y varias carreteras entre Mazarrón y Lorca.
¿De qué va ‘Toda la verdad de mis mentiras’?
La miniserie narra la historia de Coco y Marín, dos mejores amigos que viven juntos desde hace años. Con su pandilla al completo, están a punto de emprender un viaje en caravana para celebrar la despedida de soltera de su amiga Blanca. Lo que debería ser una aventura de exaltación de la amistad se convierte en una bomba de relojería cuando poco a poco se empiecen a desvelar los secretos que se esconden entre ellos.
Fuente: eltelevisero.
Radio Millenium Online


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