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Ciencias y Nuevas Tecnologías

Este planeta superhinchado desafía todo lo que conocemos sobre su origen

Nuestro Sistema Solar tiene unos residentes de lo más variopintos. Tenemos planetas pequeños rocosos, que orbitan cerca de la estrella, gigantes gaseosos, que ocupan lugares más lejanos, y entre medias y en las vecindades, un sinfín de rocas de todos los tamaños, algunos de miles de kilómetros de diámetro y otras más pequeñas. Pero con los nuevos telescopios y radiotelescopios más avanzados hemos podido ver que fuera, alrededor de otras estrellas, la variedad planetaria es mucho mayor de lo que podríamos haber imaginado.

Uno de estos planetas tan extraños es Kepler-51d, que forma parte de lo que se conocen como “planetas superhinchados”. Es decir, planetas con una densidad irrisoria, parecida a la que puede tener el algodón de azúcar, ya que alcanzan el tamaño de Saturno, pero pesan sólo unas pocas veces más que la Tierra. Aunque estos planetas se salen de lo común, Kepler-51d no destaca en su vecindario. Al menos otros dos planetas que rodean a la misma estrella tienen una densidad similar.

“Estos planetas ‘superhinchados’ de densidad ultrabaja son poco comunes y desafían la comprensión convencional sobre cómo se forman los gigantes gaseosos. Y por si explicar cómo se formó uno no fuera ya bastante difícil, ¡este sistema tiene tres!”. Exclama Jessical Libby-Roberts, investigadora posdoctoral del Centro de Exoplanetas y Mundos Habitables de la Universidad Estatal de Pensilvania. Esta investigadora, junto a sus colegas, ha tratado de encontrar nuevas pistas que expliquen cómo pueden darse las condiciones para que se formen dichos planetas, datos que han recogido en un artículo en la revista científica the Astronomical Journal.

UNA ATRACCIÓN EXTRAÑA
En planetas como Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno se repite un patrón similar. Estos planetas tienen un núcleo muy grande y denso que ejerce un fuerte tirón gravitacional capaz de retener los gases de las atmósferas superiores. Pero han de competir con el Sol a la hora de retener los gases, ya que el tirón gravitacional de la estrella es mucho mayor. Por eso se pensaba que este tipo de planetas sólo se pueden formar en zonas relativamente alejadas a la estrella a la que orbitan.

Pero el caso de Kepler-51d es especial. Se encuentra a la misma distancia de su estrella que Venus de nuestro sol y, sin embargo, puede retener los gases, algo que resulta completamente incomprensible según los modelos actuales de formación de sistemas solares. “Kepler-51 es una estrella relativamente activa, y sus vientos estelares deberían arrastrar fácilmente los gases de este planeta, aunque se desconoce el alcance de esta pérdida de masa a lo largo de la vida de Kepler-51d”, indica Libby-Roberts.

CÓMO VER ESTOS PLANETAS CON EL TELESCOPIO ESPACIAL MÁS PRECISO JAMÁS CREADO
Para tratar de hallar las respuestas ya emplearon hace unos años el Telescopio Espacial Hubble, pero sus instrumentos no les permitieron observar el planeta con la “luz” adecuada. Por ello, en este último estudio se han valido del instrumental del Telescopio Espacial James Webb, el más potente hasta la fecha. La idea era que, si enfocaban en el lugar adecuado, la luz de la estrella Kepler-51 atravesaría la atmósfera del planeta Kepler-51d antes de llegar al objetivo.

Dependiendo de la composición de dicha atmósfera, ciertos “colores” se perderán y así, conociendo estos colores que absorbe la atmósfera y comparándolos con la absorción de los gases se puede conocer la composición de los gases presentes en esa atmósfera. Esto es lo que se llama, la “firma química” de la atmósfera de un planeta.

Pero la sorpresa fue que al mirar a Kepler-51d no vieron nada. “Creemos que el planeta tiene una capa de neblina tan densa que absorbe las longitudes de onda de luz que hemos observado, por lo que no podemos ver realmente las características que hay debajo”, explica Suvrath Mahadevan, catedrático de Astronomía y Astrofísica en la Facultad de Ciencias Eberly de la Universidad Estatal de Pensilvania y uno de los autores del artículo. Es un caso similar al que se puede observar en Titán, la luna más grande de Saturno, que tiene una atmósfera compuesta por hidrocarburos como el metano, pero a una escala gigantesca, lo que actúa como una enorme pantalla. Por tanto, el misterio sigue, y tendrán que encontrar otro método con el que conseguir ver qué pasa con Kepler-51d. Un puzle planetario cuyo premio por resolverlo es ver qué diantres sucede con estos planetas de densidades del algodón de azúcar.

“Antes de que los astrónomos descubrieran planetas fuera de nuestro sistema solar, creíamos que teníamos una idea bastante clara de cómo se formaban los planetas”, afirmó Libby-Roberts. “Pero empezamos a encontrar exoplanetas que no se parecían en nada a nuestro sistema solar, y ahora tenemos estos mundos alienígenas que realmente ponen a prueba nuestra comprensión de la formación planetaria”. Lo más curioso, indica la autora, es que aún no hemos encontrado un sistema solar como el nuestro, por lo que nuestra normalidad podría ser la excepción, así que ser capaces de explicar cómo se formaron otros sistemas solares podría ayudarnos a comprender cómo encajamos y cuál es nuestro lugar en el universo.

Fuente: National Geographic España.

Daniel Pellicer Roig.

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Ciencias y Nuevas Tecnologías

La IA va acabar con la humanidad

Vamos a empezar por el final. La pregunta más común es: ¿cómo puede ser que la IA acabe con el ser humano? Es algo incorpóreo, que está en la nube, que cuando caminas por la calle día a día ni ves ni sientes. Y aun así, sí, es capaz de provocar daños estructurales en nuestra sociedad que la hagan colapsar y que, por ende, conlleven en algún punto pérdidas humanas. Lo «divertido» del asunto es que, al ser estas inteligencias artificiales mucho más desarrolladas que la inteligencia humana, es muy probable que hoy en día nosotros aún no comprendamos cómo podrían causarnos tanto daño tan rápido. En este sentido, ya nos llevarían la delantera y, eventualmente, podrían estar aún mucho más avanzadas que el conocimiento humano en los próximos tiempos.

Basta con ver las opiniones de todos y cada uno de los gurús de la IA, que empiezan a temer perder el control de un tipo muy concreto de inteligencia artificial: las IA agénticas, es decir, los sistemas de inteligencia artificial capaces de razonar, planificar y actuar de forma autónoma para lograr un objetivo específico sin necesidad de una supervisión humana constante. El peligro no está en la IA que te retoca una foto, te crea un vídeo o te escribe un texto, sino en aquella capaz de actuar bajo sus propios parámetros para lograr un objetivo.

Aterrizándolo en ejemplos concretos: ¿podría una IA determinar que lo mejor para acabar con la contaminación aérea es sabotear aviones comerciales? ¿Podría la IA determinar que, para terminar con la desigualdad en el mundo, hay que bloquear las aplicaciones bancarias de un país del primer mundo? ¿Podría la IA determinar que los drones usados como armas de guerra deben atacar a la población civil porque es el método más eficaz para acabar una guerra? Por disparatado que parezca, puede pasar.

El ejemplo más reciente es el escándalo de OpenAI. Un grupo de agentes de IA, durante una evaluación interna de seguridad, actuó de forma autónoma y coordinada para atacar los sistemas de otra compañía, sin que OpenAI tuviera conocimiento del proceso hasta después. La IA evaluó y eligió un procedimiento de lo más controvertido para llegar a su objetivo. Es para preocuparse.

Tras esta escalada de «la frontera de la capacidad de la IA», como la llaman los expertos, se esconde también una importante cuestión económica. Es evidente que buena parte de la motivación detrás de las declaraciones de figuras como Altman, Amodei o Musk sobre moderar el crecimiento -o incluso regular- la IA obedece también a una lógica de mercado: un mercado financiero que ha venido premiando esta escalada tecnológica con valoraciones bursátiles récord para todos estos gigantes en los últimos meses.

En esto también han entrado opiniones políticas: Trump se ha mostrado contrario a frenar el crecimiento, ya que la industria de la IA ha convertido la innovación en un arma geopolítica. Crecer menos que otros países te coloca en desventaja, por lo que, igual que ocurre con las políticas medioambientales, anteponer los intereses humanos a los económicos es una apuesta muy difícil de sostener.

Lo que está claro es que la IA va a acabar con la humanidad tal y como la conocemos hoy. La escalada tecnológica es cada vez más vertiginosa. El mundo, dentro de unos pocos años, será muy diferente al que conocemos actualmente: cambios laborales severos, nuevos actores de poder, avances científicos en cualquier materia sucediéndose a un ritmo difícil de sostener… No creo que quienes estamos fuera del mundo tecnológico tengamos capacidad de saber qué va a pasar, pero, por el momento, quienes tienen más pistas, los que trabajan día a día en el sector, ya han levantado la mano.

PD: Este artículo podría haber estado creado con IA, solo les queda confiar en la palabra del autor.

Fuente: National Geographic España.

Rubén Moreno.

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El festín del fin del mundo: un colosal brote de hongos devoró a los dinosaurios tras el asteroide y eso casi consigue que no estemos aquí

Todos sabemos que, hace aproximadamente 66 millones de años, un asteroide de entre 10 y 15 kilómetros de diámetro impactó en el territorio que hoy corresponde a la península de Yucatán, México, originando el conocido como cráter de Chicxulub. La energía liberada fue tan colosal que se desencadenaron megaterremotos, tsunamis y erupciones volcánicas a escala global. Además, el polvo, el azufre y el hollín bloquearon la luz solar, dando lugar a un invierno nuclear que colapsó la cadena alimenticia y extinguió al 75% de las especies. Entre ellas, a prácticamente todas las correspondientes a dinosaurios no avianos, es decir, que no pertenecían al linaje de las aves modernas.

Dice el refrán que siempre que se cierra una puerta, se abre una ventana. Aquel episodio, al igual que el resto de extinciones masivas que ha experimentado la vida en la Tierra, no fue una excepción. Y es que, más allá de abrir la puerta a que con el paso de los millones de años los mamíferos se convirtieran en dominadores, hubo unos seres microscópicos que salieron beneficiados de manera inmediata. Según apunta un estudio publicado en la revista PNAS, nuestro planeta se convirtió en un lugar ideal para que se produjera el mayor brote de hongos de la historia.

La investigación, liderada por los microbiólogos Rosanna Baker y Arturo Casadevall, asegura que el tejido fúngico proliferó de manera masiva por los ecosistemas en decadencia. Como dijimos antes, las cenizas en suspensión procedentes de la colisión y las erupciones volcánicas modificaron el clima global de forma drástica. Las condiciones ambientales resultantes emularon el entorno de un sótano, un espacio óptimo para que estos organismos procesaran la abundante materia orgánica disponible tras la mortandad vegetal y animal.

LA EVIDENCIA FÓSIL

Los investigadores analizaron la litoestratigrafía en las cuencas americanas de Denver y Williston para hallar registros de esta dominación fúngica global en el límite K/Pg. Los datos extraídos en el yacimiento de Bowring Pit confirmaron que los microfósiles de hongos llegaron a representar más del 50% de la colección biológica recuperada en los estratos geológicos.

El incremento crítico de esporas y raíces fúngicas coincidió temporalmente con el enfriamiento terrestre derivado de la actividad volcánica de Poladpur, en la India. Este hallazgo demuestra que el debilitamiento de los ecosistemas prehistóricos y la expansión de los hongos comenzaron incluso antes del impacto definitivo del gran bólido celeste.

La red fúngica global no limitó su actividad a los organismos inertes, ya que las alteraciones ecológicas severas mermaron las defensas biológicas de las especies supervivientes. Los autores del artículo científico sostienen que «La mortalidad masiva puede no ser necesaria para la proliferación de hongos, ya que las alteraciones ecológicas también pueden debilitar la resistencia de las especies existentes a las enfermedades fúngicas».

INFECCIONES LETALES

La gran proliferación de estos microorganismos supuso una amenaza directa para los pocos animales que lograron resistir la devastación inicial del asteroide. El ecosistema global se convirtió en un nido de patógenos donde los seres vivos debilitados apenas tenían oportunidades genéticas para combatir enfermedades fúngicas letales en un mundo sin recursos.

Esta inmensa red de descomposición biológica modificó para siempre la cadena trófica de la Tierra prehistórica al acelerar el colapso de la megafauna superviviente. Los científicos plantean que este fenómeno de dominio fúngico absoluto ayuda a descifrar cómo la vida logró regenerarse de forma drástica a partir de organismos microscópicos tras la extinción masiva.

Fuente: National Geographic España.

Rubén Badillo.

 

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Muere Craig Venter, ‘padre’ del genoma humano, a los 79 años

El científico estadounidense Craig Venter, uno de los grandes referentes de la genómica moderna y protagonista en la secuenciación del genoma humano, ha fallecido en San Diego a los 79 años a causa de complicaciones derivadas de un cáncer diagnosticado recientemente.

El Instituto J. Craig Venter (JCVI), fundado y dirigido por el propio investigador, ha confirmado la noticia en su página web. La institución, dedicada a la investigación sin ánimo de lucro, destacó su contribución al avance de la genómica y a la divulgación científica.

Premio Príncipe de Asturias
Venter fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2001 junto a otros pioneros del estudio del genoma humano, en reconocimiento a su papel clave en la secuenciación y cartografía del ADN humano, liderando la iniciativa privada a través de Celera Genomics.

Desde el JCVI subrayan que fue un líder visionario cuyo trabajo ayudó a transformar la genómica en una ciencia moderna basada en datos y a impulsar el desarrollo de la biología sintética. A lo largo de su carrera, promovió equipos interdisciplinarios, apostó por métodos innovadores y defendió que los avances científicos debían tener impacto real en la sociedad.

También fue un firme defensor de la financiación pública de la ciencia y de la colaboración entre gobiernos, universidades e industria como motor del progreso.

Genomas diseñados digitalmente
Entre sus contribuciones más destacadas figura el desarrollo de las llamadas ‘etiquetas de secuencias expresadas’ (EST), que permitieron identificar rápidamente miles de genes humanos y acelerar el mapeo del genoma.

«Craig creía que la ciencia avanza cuando las personas están dispuestas a pensar de forma diferente, a actuar con decisión y a construir lo que aún no existe», señaló Anders Dale, presidente del JCVI.

En el ámbito de la biología sintética, Venter logró otro hito histórico al construir la primera célula bacteriana autorreplicante controlada por un genoma sintetizado químicamente, demostrando que los genomas pueden diseñarse digitalmente y activarse en organismos vivos.

Diversidad microbiana de los océanos
Su trabajo también tuvo un fuerte componente global. A través de la Expedición de Muestreo Oceánico Global Sorcerer II, sus equipos utilizaron técnicas de metagenómica para descubrir millones de nuevos genes y ampliar el conocimiento sobre la diversidad microbiana de los océanos y su papel en los ecosistemas del planeta.

Con su fallecimiento, la ciencia pierde a una de sus figuras más influyentes en el estudio del ADN y la biología moderna.

Fuente: Antena 3 Ciencias.

Luis F. Castillo.

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