Cultura
Barcelona, ciudad de prodigios literarios en permanente renovación

Sol abrasador en el centro de la ciudad, calor como de fundición de acero en la plaza Sant Felip Neri y un cadáver emparedado en un palacete en ruinas que muy probablemente acabe convertido en exclusivo hotel ‘boutique’. “En este barrio nada es lo que parece. La mitad es auténtica, la otra mitad es una fantasía bien restaurada”, anuncia Sergio Vila-Sanjuán a propósito del empedrado ‘gótico’ del siglo XIX en el que se desarrolla parte de su nueva novela, ‘Misterio en el Barrio Gótico’. A unos pocos metros, en el Saló de Cent del Ayuntamiento, Barcelona detalla el programa de su participación como invitada de honor en la próxima Feria Internacional del Libro de Guadalajara, pero en este rincón de Ciutat Vella, junto a esa fuente “contemporánea de los Beatles”, un grupo de periodistas pasa de la teoría a la práctica para seguir los pasos de la penúltima novela ‘made in’ Barcelona.
A pie de calle, se diría que el Ayuntamiento se ha conjurado para homenajear a Eduardo Mendoza, ‘Sant Cristo Gros’ de la expedición literaria, recreando con todo lujo de detalles el laberinto de zanjas que engullía una y otra vez al simpático narrador de ‘Sin noticias de Gurb’, pero no va por ahí los tiros. “Todas las ciudades cambian muchísimo con el tiempo, pero Barcelona muchísimo más. La de mi infancia, por ejemplo, ha desaparecido. No la reconocería nunca. No la reconocería ni su padre”, lamentaba el autor de ‘La verdad sobre el caso Savolta’ al poco de saberse ganador del último Premio Princesa de las Letras.
Por suerte, para eso están las novelas; para conocer, reconocer y leerse en las páginas de ‘El Quijote’, ‘Diario del ladrón’, ‘Vida privada’, ‘La magnitud de la tragèdia’, ‘La ciudad de los prodigios’ o ‘El día del Watusi’. Barcelona, ya saben, como «archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única». ¿Aún hoy? Veamos.
Nuevos temas para los barrios de siempre
A la hora de abrir fuego, Vila-Sanjuán, ganador del último Premio Fernando Lara, barre para casa. “El Barrio Gótico como tal no había sido abordado en ninguna novela, siempre aparece de formas laterales y en capítulos de muchas novelas, pero no en su conjunto y con la intención de interrogarse sobre qué significa», defiende. Para ello, ‘Misterio en el Barrio Gótico’ se viste de intriga clásica y nostalgia periodística (el protagonista, Víctor Balmoral, haría muy buenas migas con su creador) mientras se asoma a la ciudad de los prodigios desde la memoria urbana, la falsificación del pasado y la crítica a la turistificación, nuevos clásicos populares de la novelística barcelonesa.
No parece casualidad: en los últimos años, títulos como ‘Jo soc l’ultima Plaça’, de Alba Gómez Gabriel: ‘Consum preferent’, de Andrea Genovart; ‘Lectura fácil’, de Cristina Morales; ‘La próxima vez que te vea, te mato’, de Paulina Flores; o ‘Igual que ayer’, de Eduard Palomares, han ayudado a visibilizar nuevas tensiones y abrir plano para encuadrar también la gentrificación, el turismo de masas y las desigualdades sociales. ‘Barcelona posa’t guapa’, sí, pero tampoco demasiado.
La ciudad, relativiza Vila-Sanjuán, «está hecha de todas estas realidades”. También, añade, de las capas de romance gótico y fantasía sobrenatural que fijó en los cimientos su amigo Carlos Ruiz Zafón, fallecido hace ahora cinco años y, aún hoy, el mejor embajador literario de la ciudad. «Es imposible acercarse al género Barcelona sin sentir su presencia, pero venimos de mundos diferentes. Él venía del fantástico, yo del histórico y periodístico», esquiva. Zafón, mientras tanto, sigue siendo el autor en español más leído del mundo y la Barcelona neblinosa y agrisada de ‘La sombra del viento’, la ciudad del vapor y la ceniza, suma nuevos adeptos en países como Mongolia, Etiopía o Kurdistán.
De leyendas como esta, 50 millones de libros vendidos y subiendo, se alimenta la mitología de la Gran Novela de Barcelona, ilustre linaje en el que conviven desde tótems literarios como Juan Marsé y Mercè Rodoreda a superventas de largo recorrido como Ildefonso Falcones, y especie en (aparente) peligro de extinción por puro agotamiento: ante lo homérico de acercarse a la ciudad con toneladas de paciencia y ademanes de novelista victoriano, muchos autores han optado por recluirse en un rincón de la ciudad y construir desde ahí un mundo propio. Tampoco esto parece casualidad y abundan los ejemplos recientes, con Maria Roig llenando de literatura y desazón generacional el socavón del Carmel en ‘Ama de casa’, o Xavier Bosch, ‘best-seller’ recurrente y gran triunfador de la diada de Sant Jordi, evocando los días de gloria de la calle Tuset y la Barcelona del diseño y la publicidad en ‘Diagonal-Manhattan’.
De Horta al Raval
Hay más, claro, y este microcosmos libresco lo mismo caben el Guinardó gris y anticlimático de Carlos Zanón que la zona alta de Gràcia de Juan Pablo Villalobos; el pasaje de Ciutat Vella que le valió a Maria Carme Roca el último premio Santa Eulàlia y el Eixample microscópico que Dioni Porta condensa en ‘Empujar el sol’.
En ‘La quarta noia per la dreta’, una de sus últimas novelas, Andreu Martín evoca el Eixample sin pavimentar y el Paral·lel como «paseo del pecado» en la Barcelona de principios del siglo XX, mientras que no muy lejos de ahí, en las Tres Chimeneas de Sant Antoni, Andreu Claret arroja al protagonista de ‘La casa de les tres xemeneies’, hijo de exiliados republicanos, para que descubra los cambios sociales que empezaban a intuirse tras la rigidez autoritaria del franquismo.
Siguiendo la ruta, parada exprés en Horta para saluda a los jubilados desaparecidos de ‘El rol del Roc’, novela con la que Màrius Serra se lo pasa en grande en su barrio de toda la vida, y tarde libre para empaparse de las nuevas voces surgidas en el Raval, polo de atracción delincuencial y marginal que el dramaturgo Eduardo Olesti ha convertido en impagable telón de fondo de su primera novela, ‘Gossos dempeus’. En el menú, una Barcelona oscura y violenta en la que la sarna corre aún más rápido que la precariedad.
Sin apenas cambiar de acera, Adrià Targa fantasea en ‘Arnau’ con encuentros delirantes con Jaime Gil de Biedma y Jacint Verdaguer mientras despliega un poema narrativo con paradas en el Corte Inglés de plaza Catalunya y, en fin, en las zonas más incómodas de la Barcelona contemporánea. Salvaje y asfixiante es también ‘Hiperràbia’, novela con la que Ferran Grau homenajea a ‘La naranja mecánica’ de Anthony Burgess y, al mismo tiempo, recrea muy libremente el asesinato real de Rosario Endrinal en un cajero automático de Sant Gervasi en 2005.
Otro barrio, mismos problemas y una nueva muesca en la cartografía de esa Barcelona literaria de la que también hay quien se aleja por voluntad propia. Es el caso de Miqui Otero, a quien después de escribir ‘Rayos’ y ‘Simón’ le cayó encima una portavocía no solicitada contra la que se ha querido rebelar en ‘Orquesta’, su última novela. «Llega un momento en el que me agobia un poco esa sensación de estar haciendo de cronista de la ciudad, que es algo que no pretendo», reconocía el escritor durante las entrevistas promocionales de un libro con el que cambia la Barcelona post borrachera olímpica por un coro de personajes en una aldea gallega.
Un camino perfectamente inverso ha seguido Colm Toíbín, quien ha vuelto a volver, que dirían Mujeres, para recuperar su ‘Homenatge a Barcelona’, apasionada carta de amor a la ciudad que publicó por primera vez en inglés en 1990 y en catalán en 2003 pero que permanecía inédito en castellano. «La ciudad se ha convertido en un mosaico de enclaves discretos que se sostienen entre sí», escribe el irlandés. Lo mismo podría decirse de las novelas, hermanadas y haciendo piña para acabar dando forma a una gran novela barcelonesa que es realidad la suma de todas las demás.
Fuente: El Periódico de España.
David Morán.
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Cultura
Fallece a los 89 años la directora de cine y televisión Josefina Molina

Nacida en Córdoba en 1936 y fallecida este sábado, a los 89 años, en su domicilio de Madrid, Josefina Molina ha sido una de las máximas representantes de un cine (y televisión) comprometidos desde una avanzada perspectiva feminista y social. La mayor parte de su obra en los dos formatos está centrada en personajes femeninos enfrentados a distintas realidades históricas. Todo ello le valió el reconocimiento general con distinciones como la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2006, el Goya de Honor en 2012 y el Premio Nacional de Cinematografía en 2019. Fundó la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), de la que era presidenta de honor.
Parece ser que fue ‘El río’ (1950), la poética película de Jean Renoir realizada en la India, la que alimentó sus primeros deseos de hacer cine. Y aunque comenzó dirigiendo cortos en 1966, su primera formación fue en el medio televisivo en series de indisimulada raíz teatral como ‘Pequeño estudio’ y ‘Hora once’. En este último programa adaptó al estilo televisivo de entonces –tan rígido como regio– textos de Mark Twain, Kafka, Poe, Dostoievski, Gorki, Bram Stoker, Lope de Vega y Maupassant. Era la ‘televisión de calidad’ de la época.
1974 fue un año crucial, ya que realizó un episodio de la segunda temporada de ‘Cuentos y leyendas’ –una de las mejores series de la televisión española de aquellos años, en la que también trabajaron José Luis Borau, Pilar Miró y Mario Camus– y estrenó su primer largometraje, ‘Vera, un cuento cruel’. El episodio en cuestión, emitido el 3 de diciembre de 1974, fue ‘La promesa’, según un relato de Gustavo Adolfo Bécquer. ‘Vera, un cuento cruel’ –un cuento de Auguste Villiers de l’Isle Adam que ya había adaptado en ‘Hora once’– tiene un planteamiento de terror psicológico y gira en torno a un caballero español del siglo XIX exiliado en Francia (Fernando Fernán Gómez) que no acepta la muerte de su esposa. En ese mismo año participó también en la serie educativa infantil ‘Un globo, dos globos, tres globos’.
‘Los pintores del Prado’, ‘Estudio 1’ y ‘Los libros’ fueran otras series en las que colaboró. En 1980 realizó uno de los nueve episodios del filme colectivo ‘Cuentos eróticos’. Fue la década en la que su estilo e ideas quedaron mejor definidas a partir de ‘Función de noche’ (1981), una innovadora no ficción centrada en los cambios que experimenta la actriz Lola Herrar al interpretar cada noche una pieza de Miguel Delibes; la miniserie ‘Teresa de Jesús’ (1974), protagonizada por Concha Velasco, y el largometraje ‘Esquilache’ (1989), drama en el Madrid revuelto de 1766 que supuso su reencuentro con Fernán Gómez y la llevó a competir en el festival de Berlín.
Volvió al tiempo pretérito, al Cádiz de 1860, con ‘La Lola se va a los puertos’ (1993), remake musical con Rocío Jurado de un filme de 1947 protagonizado por Juanita Reina. Se despidió como empezó, en la televisión y adaptando clásicos, con la miniserie ‘Entre naranjos’ (1998), según la obra de Blasco Ibáñez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Junta de Andalucía en funciones, Juanma Moreno, han querido rendir un reconocimiento público a la trayectoria de la que fue la primera mujer en graduarse en Dirección de Cine en 1962 en la Escuela Oficial de Cine con sendos mensajes a través de sus perfiles de la red social X (antes, Twitter), según recoge EFE.
Sánchez ha expresado su «tristeza» por el fallecimiento de la cineasta, a quien definió como una mujer «pionera del cine español y referente de nuestra cultura» y ha asegurado que el legado de Molina «permanecerá para siempre en nuestra memoria y en la historia del cine». El presidente ha extendido sus condolencias a los allegados de Molina, manifestando que envía su cariño «para su familia, amistades y compañeros de profesión».
Por su parte, Juanma Moreno ha asegurado que «se nos ha ido una pionera» que «abrió camino en el cine» y que «ha dejado la huella imborrable de una directora referente». «Mi profundo pesar y un fuerte abrazo a la familia de Josefina Molina, Hija Predilecta y Medalla de Andalucía», ha finalizado Moreno.
Fuente: elPeriódico de España.
Quim Casas.
Cultura
Miriam Reyes (Premio Nacional de Poesía): «Hay que celebrar la diversidad y la calidad de la poesía española»

¿Cómo cree que ha influido su juventud en Venezuela en su escritura?
Viví en Venezuela los años más importantes de formación, entre los 8 y los 21. Así que mi voz poética se ha alimentado de la cultura y la tradición venezolanas, al mismo tiempo que recibía la cultura y la tradición de la emigración gallega en Caracas. Aunque los primeros años fueron muy duros, creo que he sido muy afortunada al poder descubrir la riqueza y complejidad de ambos mundos desde tan pequeña. Al final soy y no soy de cada una de esas tierras, y de ambas a la vez. Sentir que no perteneces es doloroso en ocasiones, y en ocasiones liberador. Mientras que sentir que perteneces es a veces como un abrazo protector y a veces como una cárcel. Escribo desde ese lugar fronterizo y cambiante.
¿Cómo nutre su obra el empleo de otros formatos como el audiovisual? ¿Qué la animó a introducir esos otros lenguajes?
Incorporé los audiovisuales desde la presentación de mi primer libro, en 2001. Entiendo la lectura oral como una representación, pues sentados frente a mí no hay personas leyendo sino espectadores. Busco crear un clima para que los expectantes puedan entrar en el texto con intensidad. Entrar, no a una teatralización de la poesía, sino a la confluencia de la imagen, el sonido y la voz como potenciadores de la palabra y multiplicadores de significados.
¿Tiene algún ritual para escribir? ¿Qué es lo que le nutre para crear nuevos textos?
No tengo ningún ritual para escribir, lo que necesito es estar atenta a la vida, a las pequeñas cosas, a lo que sucede por dentro y por fuera. La lectura despierta pensamiento y escritura, así que siempre ayuda leer. También ayuda la comunicación con los otros: conocer otras realidades y puntos de vista de otros es estimulante porque nos plantea preguntas.
Ha asegurado que la poesía llegó como «bálsamo y antídoto» por la emigración de sus padres. ¿Sigue siendo así después de años de escritura?
¿Dije eso? Me extraña, pero en entrevistas pueden pasar cosas extrañas… Empecé a escribir a los ocho años, cuando mis padres me llevaron a Venezuela. La escritura fue mi manera de lidiar con la pérdida de la tierra y de los seres queridos. Seguí escribiendo para entenderme y entender el mundo. A veces cuando escribo veo cosas que cuando no escribo pretendo ignorar. Otras veces, veo cosas que todavía no puedo comprender. La escritura es, además, un espacio de libertad, un espacio de construcción y de cuestionamiento.
¿En qué punto diría que se encuentra la poesía en la actualidad? ¿Goza de buena salud en países como España?
¡Buenísima! La diversidad y la calidad de la poesía que se escribe en España es digna de celebración. Piensa que además tenemos tradiciones y lenguas diferentes conviviendo y creando un corpus muy rico.
¿Cómo nutre su trabajo como traductora la escritura de poesía?
Traducir es una escuela extraordinaria de lectura. Cuando traduces entras en el mecanismo íntimo de un texto. Descubres otras formas de pensar el lenguaje y otros lugares desde los que decir. Me parece una experiencia muy enriquecedora.
Además del Premio Nacional de Poesía 2025, ha sido finalista de algún que otro galardón. ¿Influyen de algún modo estos reconocimientos en su forma de enfrentarse al folio en blanco?
Los premios son una alegría y también una forma de reconocimiento colectivo, pero en el momento de escribir no cambian demasiado las cosas. Ni siquiera el haber publicado ocho libros, como es mi caso, me garantiza que volveré a escribir, que sabré cómo hacerlo. En cada libro se vuelve a empezar desde cero. En ese sentido, los premios no resuelven la incertidumbre del proceso creativo.
El año pasado publicó su primera novela, La edad infinita. ¿Cómo definiría esa otra experiencia con la escritura? ¿Qué la condujo a estrenarse con la prosa?
La novela surgió de una necesidad distinta. Había materiales narrativos, experiencias y preguntas que pedían un espacio más amplio que el del poema. La prosa me permitió trabajar con el tiempo, con la memoria y con los personajes de otra manera. Fue una experiencia muy estimulante, aunque tengo que decir que mi relación con el lenguaje sigue estando muy marcada por la poesía.
¿Está preparando actualmente algún nuevo poemario o libro? ¿Cómo se plantea la creación literaria hoy en día?
Ahora mismo estoy dándole vueltas al poemario que he estado escribiendo durante los últimos dos años. Estos meses no estoy teniendo la calma para concentrarme, así que me lo planteo con paciencia e intento aprovechar los momentos en los que puedo ponerme en ese estado de concentración que necesito para el momento del proceso en el que estoy.
Fuente: epe.es/eldía.es
Patricia Ginovés.
Cultura
Elvira Mínguez gana el Premio Primavera de Novela con ‘La educación del monstruo’

La actriz y escritora Elvira Mínguez ha sido reconocida con el Premio Primavera de Novela por su obra La educación del monstruo.
En palabras del jurado, «La educación del monstruo es una magnífica novela que, partiendo de una época escasamente trabajada en la literatura, como es la emigración española a Alemania, nos sumerge en un mundo de silencios y sospechas que atraviesa dos generaciones».
El galardón, dotado con 100.000 euros y convocado por la editorial Espasa y Ámbito Cultural de El Corte Inglés, celebra este año su treinta aniversario y es uno de los más prestigiosos en lengua española.
El jurado del Premio Primavera de Novela ha estado presidido por la escritora Carme Riera y compuesto por Antonio Soler, Nativel Preciado, Gervasio Posadas y David Cebrián.
Mínguez, tras conocer el fallo, ha contado cómo surgió la novela. «Mis padres emigraron a Alemania de manera ilegal, me interesaba ver todo eso que no conocemos, algo de lo que no se ha hablado excesivamente. Estamos obligados a recordar para poder prevenir», ha asegurado la escritora, que a partir de este viernes figura en la misma lista que Vanessa Montfort, Antonio Soler, Rosa Montero, Fernando Marías, Andrés Neuman, Javier Moro o Nativel Preciado.
La novela, según ha adelantado Mínguez, sigue la historia de tres mujeres en diferentes épocas: en su madurez, Matilde inicia una búsqueda personal que la llevará, primero, a querer saber más de la vida de su madre, Águeda, emigrante en Dusseldorf a principios de los años sesenta. Después, Matilde volverá a su propia infancia, en Valladolid a mediados de los setenta, cuando su colegio, dirigido por la hermana Olvido, y la ciudad entera, estaban aterrorizados por los ataques de un violador de niñas al que parecía imposible dar caza.
«Con un brío narrativo insólito y una potente construcción de personajes, la novela nos sumerge en las vidas, tan reconocibles para tantos de nosotros, de unas mujeres que entendieron que el empeño por reconstruir la memoria, personal y colectiva, es la única manera de enfrentar el mal que nos acecha y de escapar del «monstruo», ha explicado además Espasa.
Actriz y escritora, Mínguez (Valladolid, 1965) está nominada al Goya a mejor actriz de reparto por La cena. A lo largo de su extensa carrera en cine y televisión ha trabajado, entre otros, a las órdenes de John Malkovich, Steven Soderbergh y Asghar Farhadi, y ha ganado un Goya por Tapas (2005) además de varios premios de la Unión de Actores.
En 2023 debutó con La sombra de la tierra, una novela rural sobre una región sin nombre dominada por una mujer monstruosa, que fue finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León. Posteriormente también escribió y dirigió la adaptación audiovisual de esta obra.
Sobre cómo compagina su faceta como escritora y actriz, la ganadora ha asegurado que la novela fue escrita durante dos años «muy intensos», donde alternó la escritura con los rodajes.
«Me gusta contar historias, bien en lo audiovisual o la literatura. Llevo 32 años en el mundo del cine, mi cabeza es visual. Tengo el hábito de construir los personajes y cuando arranco a escribir, empiezo por ellos. Me gustan sobre todo los secundarios, son como la clase media de la sociedad, los que sostienen la sociedad», ha explicado la autora.
La novela de la autora, que saldrá a la venta el próximo 15 de abril, ha sido la elegida entre un total de 1590 originales. España, que aporta 795 novelas, encabeza la lista de participantes, seguida de Argentina y México, con 280 y 106 originales, respectivamente. En cuanto a la participación española, las comunidades autónomas con más obras que optan al premio son: Madrid (179), Andalucía (92) y Cataluña (63).
Este año, apuntó Cebrián, se ha reducido la extensión de los textos, ninguno ha superado las 500 páginas. Además, señaló Gervasio Posadas, los géneros que han predominado en los textos presentados al concurso han sido la novela negra y el thriller (un 60% de los manuscritos), así como la novela histórica (un 30%, muchos de ellos ambientados en la Guerra Civil española).
El pasado 2025 fue premiada la obra La Toffana, de Vanessa Montfort, mientras que en la edición anterior fue galardonado el escritor y periodista Luis García-Rey por su obra Loor.
Fuente: elespañol.com
María Cantó.
Radio Millenium Online


CARTELERA: JUNIO 2.026

EL DÍA DE LA REVELACIÓN

THE MANDALORIAN Y GROGU
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