Televisión
‘La caída de la casa Usher’: Mike Flanagan se proyecta en Edgar Allan Poe para atormentar al padre Netflix

Con su ciclo de siete películas sobre relatos de Edgar Allan Poe, producidas por la American International Pictures entre 1960 y 1964, Roger Corman contribuyó a las bases de una hermenéutica sobre la obra del poeta bostoniano sobre la que fundar futuras iteraciones, con una relativa vigencia a la hora de estipular sus estilemas. Con ayuda de escritores duchos en el fantástico, el destajista productor elaboró un estudio, ciertamente didáctico, sobre un amplio número de cuentos breves ampliados y reformulados. Corman, autor populista, se apropiaba de los los signos indiscutibles que señalan el corpus de Poe, aquellos de sobra conocidos a través de múltiples vías de difusión, y los recodificaba en historias que se desviaban del material de partida para representar aquello que, entendía, no podía traducirse a imágenes.
Por el camino, el realizador se arrogaba un valor como editor, de tal forma que sus adaptaciones eran a la par comentarios de texto que pretendían adjudicar lecturas concretas a los relatos matrices. Como apunta Roberto Cueto en Las sombras del horror: Edgar Allan Poe en el cine, lo interesante de este compendio no es la literalidad, el apego a la palabra escrita, sino la capacidad de proyectarse uno mismo como autor a través de ella. No en vano, la reivindicación de Poe ha tenido mucho de trasposición del individuo ya desde los tiempos de Baudelaire, primer gran entusiasta de su catálogo. Todo ello, a fuerza de simplificar la dimensión de esta y de la propia efigie del literato, reproducida hasta la saciedad su rostro a partir de aquel daguerrotipo de 1848. Poe era más que un escritor trágico y menesteroso, la expresión de su imagen que se figura comúnmente, sino un hombre analítico, capaz de trabajar la literatura gótica desde una perspectiva irónica, consciente.
Durante sus años al servicio de Netflix, las aproximaciones de Mike Flanagan al material ajeno se han definido, en buena medida, por esa misma relación con los autores a los que revisa desde el presente. Los rasgos de estilo ajenos se entreveran con los propios, haciendo de los textos resultantes experiencias donde el cineasta se espeja en los reflejos del pasado que cita, así como sus personajes al obcecarse en transmitir sus relatos, condicionando al espectador a que dictamine su fiabilidad. Con ello, también, la capacidad de entender a Flanagan como un autor rotundo y no como replicante.
Cuando Corman se aproximaba al autor de Un sueño dentro de un sueño lo hacía con la consigna de la legitimación que ofrecía cubrir sus artefactos de consumo con un barniz literario; pero también por permitirle expresar una inquietud intelectual invisibilizada en los circuitos de consumo. En el caso de Flanagan, ese empeño por probar su excelencia, a través de esfuerzos progresivamente más enrevesados, pareciera denotar una necesidad de validación dentro de una estirpe de patrimonio incalculable. Aun cuando probar esa consanguinidad, si queremos llamarla así, acarree una pesada carga. La de exponerse uno mismo ante el juicio comparativo.
Al enraizarse sobre otros, al deberles algo, invoca una maldición que condiciona su futuro: ¿puede mantenerse por sí mismo? Quienes hayan asistido a Misa de Medianoche podrán responder convenientemente a tal cuestión.
Poe reflejado en uno mismo
Esta disyuntiva entronca con las obras completas de Poe y sustenta la que en particular da título y sirve de marco a La caída de la casa Usher: La maldición familiar y la disolución del legado, las deudas del pasado que se cobran en el presente, el tormento de los muertos. Flanagan reaprovecha el cuento de 1839, basado en la existencia condenada de Roderick y Madeline, últimos vestigios de un blasón destinado a desaparecer sepultado bajo las ruinas del hogar familiar, para desarrollarlo, mediante analepsis, en sentido inverso. Aquí, esos dos últimos supervivientes del apellido Usher no son sus descendientes finales, sino al contrario quienes consignan la maldición y la dejan en herencia a sus hijos.
Volvemos, pues, a la esencia de la filmografía de Flanagan, el juego de espejos latente ya desde Oculus. El espejo del mal, con la personalidad malévola, narcisista y megalomaníaca de Roderick (Bruce Greenwood) reflectada en sus seis vástagos que parafrasean con sus actos los del padre. Muertos todos desde la primera escena, que representa el último de los funerales, todos viven condenados durante los siguientes episodios, esperando sus sucesivas ejecuciones, dentro de esa burbuja social que es la simbólica casa Usher. Se alumbra así la encarnación de otros tantos textos y motivos de la narrativa poeiana: La máscara de la muerte roja, Los crímenes de la calle Morgue, El gato negro, El corazón delator, El escarabajo de oro y El pozo y el péndulo, que bautizan cada uno de los episodios dedicados a ajusticiar al progenitor a través de sus descendientes, evocando sus grandes golpes de efecto en cada última secuencia. Ahora bien, esa maniobra de reflejos interminables que nos descubren nuevas figuras tras de sí alberga un sinfín de alusiones a las obras completas del autor decimonónico.
Como Corman en su día, Flanagan concibe La casa Usher como un tren de la bruja de Poe, tomando los fragmentos para establecer un mapa narrativo tan tortuoso como la decrépita mansión del relato original. Partiendo del testimonio confesional de Roderick Usher a Auguste Dupin (Carl Lumbly encarna al recurrente detective, convertido en fiscal en el mundo contemporáneo), cada capítulo dispersa su recorrido por pasadizos que nos conducen al pasado (los flashbacks que nos devuelven a la juventud de Roderick y Madeleine, al origen de la maldición) y que nos permiten asistir a la intimidad de unos personajes abocados a terminar solos.
Estamos ante un relato omnisciente, conjugado con las perspectivas de cada personaje de la casa, siempre observados por una entidad superior inescapable, incorporada por una magnética Carla Gugino. Su rol, Verna (anagrama de Raven, es decir, El cuervo), se describe desde la sinopsis como un demonio multiforme causante de los sucesos extraños o inverosímiles que afronta cada miembro de la dinastía. Esta cualidad mefistofélica otorga una explicación sobrenatural unívoca al conflicto central de La caída de la casa Usher, por más que la narración se envenene de los delirios solipsistas del protagonista, Roderick, actualizada su caracterización en la forma de un multimillonario farmacéutico aquejado de una demencia vascular avanzada. Su enajenación, por tanto, se elucida también en términos médicos precisos.
Valdemar en el algoritmo
Todo está calculado, incluso el mal. En una secuencia del segundo episodio, La máscara de la muerte roja, la Madeleine joven (Willa Miller) preconiza que en el futuro los algoritmos servirán “hasta para escribir guiones de películas y programas”. La chanza no parece, en absoluto, inocente, máxime viendo la conjunción de elementos temáticos y genéricos, más allá de Poe, que se concentran en la fórmula de Flanagan.
La caída de la casa Usher encuadra a la familia dentro de la industria farmacológica, con un producto estrella, la ligodona, de efectos secundarios horribles, incluso mortales. Con su actitud caciquil, incluso mesiánica, este Roderick se ciñe a los parámetros del malévolo y controlador Próspero de La máscara de la muerte roja, siendo su medicamento esa peste que asola una comarca aquí a escala nacional, incluso global. Esta reimaginación adquiere un tinte oportuno, y oportunista, pues engarza la miniserie con las producciones, casi en competición, sobre la crisis de los opioides en Estados Unidos: una, Dopesick: historia de una adicción, enganchó a los suscriptores de Disney+ con su estreno a finales de 2021; la otra, Medicina letal, llegó para repescar a los abstinentes en agosto en la propia Netflix. El impacto de la epidemia explica el interés de la población, ergo también el de las plataformas por satisfacerla, por generar e incluir ese contenido en sus catálogos. Igual que el éxito de Succession en HBO Max impela al resto de competidoras a buscar el próximo gran melodrama familiar, consideración que podríamos conceder a esta Caída de la casa Usher, que también funciona como perversa batalla sucesoria.
En la pugna de las multinacionales por obtener los mejores resultados trimestrales, los beneficios más cuantiosos, se replican contenidos, temáticas, historias, mensajes. Ahí están, sin ir más lejos, las coincidentes dramatizaciones de la vida de “la asesina del hacha” Candy Montgomery a cargo de Disney (Candy) y Warner Bros Discovery (Love & Death). Dobles reflejados, como las que utiliza Tamerlane (Samantha Sloyan) ante la incapacidad de intimar con su marido, y que luego teme que le usurpen el puesto. En este escenario, Flanagan también se reivindica como un satirista, como también podía serlo Poe, al pergeñar un pastiche milimetrado, casi algorítmico, que tiene algo de parodia del mundo actual. También del negocio actual en torno al audiovisual.
Destaca la reflexión sobre la inteligencia artificial, campo de trabajo de Madeleine (Mary McDonnell), desde un punto de vista espectral, por el interés en crear dobles artificiales del individuo que trascienden la muerte de este. Esto le permite a Flanagan concebir el transhumanismo como un nuevo más allá, donde los fallecidos nunca alcanzan el descanso ni la paz, atormentando a los vivos sin reparo posible, a través de mensajes personalizados, de comunicaciones imposibles e insatisfactorias. Es decir, objetualizándolos. Es un equivocado mundo sin dolor, donde todo está al alcance, donde no hay más que contenido para consumir.
La caída de la casa Usher significa la última producción de Flanagan dentro de Netflix, después de seis años (y seis proyectos, tantos como hijos engendró este Roderick) antes de aliarse con Amazon Studios para desarrollar junto a su socio Trevor Macy nuevos productos televisivos destinados a Prime Video. Tal vez esa ruptura (el director, al fin y al cabo, solo cambia de patrón) magnifique también el carácter discursivo, político de la ficción. Los personajes reflexionan a viva voz sobre el estado del mundo, la lucha de clases, el feminismo y los techos de cristal, mientras la puesta en escena que al alimón organizan el propio Flanagan y su director de fotografía habitual, Michael Fimognari (con quien se reparte equitativamente la dirección de los episodios, en un síntoma de agotamiento productivo evidente) procura la ambientación lúgubre que se espera de un relato de Poe. De un relato de ellos mismos, con el que reivindicarse ante ese padre tiránico que simboliza la compañía, aunque sea incidiendo en sus propias señas de identidad, como esa fotografía atenuada, en clave baja.
El legado tenebroso
Así, esta aproximación a la obra de Poe se acerca a otra que dos nobles del terror, George A. Romero y Dario Argento, urdieron en Los ojos del diablo, con sus respectivos segmentos a partir de La verdad del caso del señor Valdemar y El gato negro. Con el primero comparte la noción política del terror, aunque se agradecería la capacidad sintética de aquel, y la concepción de los seis zombis que se aparecen a Roderick, así como la reflexión sobre la facultad corruptora de la riqueza y el poder; con el segundo, por el gusto por lo macabro y el componente arquitectónico del horror, aunque sin alcanzar la plasticidad. El mismo color amarillento que acaba por teñir el episodio de El gato negro nos remite al giallo, donde figuras como Mario Bava, Lucio Fulci o Antonio Margheriti supieron convocar el ánimo poeiano incluso cuando no lo estaban adaptando, de La máscara del demonio y Operación miedo, del primero; a Siete notas en negro, con emparedamientos incluido, del segundo.
Durante La caída de la casa Usher, los diferentes Usher justifican su desmedida ambición, aun siendo los espectadores sabedores de lo injustificable de sus actitudes. La ambición de Flanagan no es reprochable en absoluto, aunque no evita incurrir en pecados, acaso por responder a la asignación del padre: al alargar la duración, y enrocarse en expandir el universo, tiende a perderse en los recovecos de ese caserón que él ha levantado. No hay posibilidad de elipsis y por ello de ambigüedad. La estructura de los episodios puede hacerse, por momentos, reiterativa, como si transitásemos por las mismas estancias sin tener claridad en la percepción del tiempo y el espacio. La representación del pasado, en todo caso, es menos interesante que su evocación en el presente.
También eso es un signo de los tiempos: a mayor extensión, mejor consideración, o eso se estima, y más consumo. Es la coyuntura que impone el estudio con mano dura. Por ello mismo, sobresalen los segmentos donde se antepone la intensidad de las experiencias, el nervio. Disfrútese así de la bacanal de ácido de La máscara de la muerte roja, que deja en Netflix un lecho espeso difícil de pisar, una vez Flanagan es ya pasado para el padre. Escenas como esa, o como la que resuelve El corazón delator, proyectan la mejor versión de Flanagan como autor del horror, y por ende, donde la esencia de Poe trasluce eterna, inagotable.
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Televisión
‘Pasapalabra’ resiste al envite del fútbol desde TVE y ‘AlaZ’, la nueva prueba final, confirma su fuerza al superar la barrera del 20%

‘Pasapalabra’ triunfó el pasado viernes 19 de junio con el esperado estreno de ‘AlaZ’, la nueva prueba final que reemplaza a ‘El Rosco’. Anotó un 21,9% de media, su mejor registro desde febrero, y el tramo concreto en el que se emitió dicha prueba superó el 26% de share, con un minuto de oro del 28,3%. La expectación por ver el recambio era muy alta y, por eso, la verdadera prueba de fuego llegaba esta semana.
No obstante, este lunes 22 de junio era un día extraordinario ya que el concurso de Antena 3 se enfrentó al Argentina-Austria del Mundial FIFA 2026. El encuentro deportivo, que se ofreció de 19:00 a 21:00 horas y que se saldó con el sonado doblete de Leo Messi, amasó un 31,1% de cuota de pantalla y congregó a casi tres millones de telespectadores de media en La 1 de RTVE.
Cifras que impactaron de lleno en la competencia. ‘Pasapalabra’ descendió a un promedio del 15,1% debido al torneo y al aumento del consumo televisivo. No obstante, seguimos hablando de un destacado resultado; prueba de que el programa conducido por Roberto Leal aguantó el tipo de manera excelente frente al fútbol. Además, en número de espectadores se mantuvo con más de 1,5 millones.
Y, si ponemos el foco en ‘AlaZ’, el nuevo clímax en sustitución de ‘El Rosco’, observamos que esa resistencia fue aún mayor y más meritoria. Entre las 20:52 y las 21:06 horas, intervalo de tiempo en el que se emitió, cosechó un formidable 20% de share, superando holgadamente la barrera de los dos millones de seguidores (2.110.000).
En otras palabras, mientras La 1 estaba registrando un 30,4% en ese mismo tramo con la recta final del Argentina-Austria, ‘AlaZ’ no bajó de ese 20%. Un claro indicativo que confirma el gran poder del nuevo juego de ‘Pasapalabra’ y el acierto de Atresmedia seleccionando este formato para suplir la pérdida de ‘El Rosco’. De hecho, en los últimos minutos, ya de cara a su desenlace, el reto creció hasta rozar el 24% de cuota, con 2.529.000 espectadores de media.
Fuente: eltelevisero.
Pedro Jiménez.
Televisión
‘MasterChef’ proclama a Camilla como ganadora de su decimocuarta edición en TVE tras un duelo femenino muy reñido

Trece semanas después, ‘MasterChef 14’ ha llegado este lunes a su gran final en la que Camilla, Annie, Chambo y Carlota luchaban por conseguir primero una de las dos chaquetillas que les otorgaba su pase al duelo fina y posteriormente por la victoria en el talent de TVE. Por tercera edición consecutiva, el duelo final enfrentaba a dos mujeres siendo finalmente Camilla la que se alzaba con el triunfo.
Con su triunfo, el programa le ha recompensado con el ansiado trofeo, la posibilidad de publicar su propio libro de recetas, un Master en Cocina, Técnica y Producto en la Basque Culinary Center y y 100.000 euros en metálico. Por su parte, Annie como subcampeona gana un Máster en Pastelería de Restaurante y Cocina Dulce en la Basque Culinary Center; y Carlota como tercera finalista se llevaba un curso de especialización de cinco semanas de duración.
Camilla Angelucci completa así la lista de ganadores del histórico de ediciones de ‘MasterChef España’ en TVE formada por Juan Manuel Sánchez, Vicky Pulgarín, Carlos Maldonado, Virginia Naranjo, Jorge Brazález, Marta Verona, Aleix Puig, Ana Iglesias, Arnau París, María Lo, Eneko Fernández, Ángela Gimeno y Gabriela Hinojosa.
Camilla da un vuelco y consigue la primera chaquetilla de la final
Y como en cada final, los cuatro aspirantes se han enfrentado a todo un clásico de ‘MasterChef’: el reto de seguir al chef. En esta ocasión, los finalistas han tenido que seguir los pasos de Oriol Castro (tres estrellas Michelín. El catalán llegaba con un plato inspirado en una crema de verduras.
Una vez más ha sido una prueba difícil en la que han tenido que replicar un plato de alta cocina con ocho cremas de diferentes verduras pero como si fueran geles y con los que terminar presentando un cuadro con ocho colores diferentes. Durante el cocinado, Camilla era la concursante que más perdida parecía pues además estaba continuamente mirando para detrás. Lo que llevaba a que Pepe Rodríguez reconociera que no terminaba de confiar en él.
Y tras la cata, los jueces junto a Oriol Castro y Mariló Montero, que regresaba como invitada tras ganar la décima edición de ‘MasterChef Celebrity’, alababan a los cuatro finalistas pues en mayor o menor medida habían conseguido sacar adelante el plató. Lo hacían después de un cocinado bastante tranquilo sin grandes incidentes. Y finalmente, pese a ser la que más perdida había estado en la prueba es la que conseguía presentar las elaboraciones más parecidas a las del chef. Por ello, Camilla se ponía la primera chaquetilla siendo la primera duelista de la décimo cuarta edición del talent.
Annie cumple su sueño y consigue la segunda chaquetilla
Por su parte, Carlota, Chambo y Annie luchaban por la segunda chaquetilla y el segundo puesto en el duelo final en la última prueba de exteriores. Para conseguirlo, los tres finalistas viajaban hasta Denia y se colaban en el restaurante de Quique Dacosta en el que han tenido que elaborar un menú de gran complejidad compuesto por seis platos. Cada uno de ellos tenía que replicar dos de los platos.
Unos platos que podían elegir en función de su puesto en la prueba anterior. Y tanto Carlota como Annie conseguían sacar adelante sus platos mientras que Chambo la liaba y en su primer plato recibía la ayuda de Quique Dacosta, que al no llegar decidía entregar él sus pan de brioche. Pero en su segundo plato, el concursante volvía a cometer más de un error demostrando que le estaba pudiendo la presión y los nervios. De hecho, dos de sus elaboraciones no salían. «He sufrido más que en todo el programa junto», reconocía el gaditano.
Después de que los comensales probaran todos los platos, llegaba el turno de que Pepe, Marta y Jordi escogieran al segundo duelista de ‘MasterChef 14’. Y como era de esperar, al no haber sido capaz de sacar los dos platos como tenían que llegar, Chambo se quedaba como cuarto clasificado quedándose así sin ninguno de los premios de la Basque Cullinary Center.
De esa forma, la chaquetilla estaba entre Carlota y Annie, que habían cocinado muy tranquilas y habían sacado adelante sus platos aunque en el caso de Carlota con su segundo plato había cometido algunos errores. Y finalmente, Pepe Rodríguez anunciaba que la mejor de la última prueba de exteriores y por tanto la segundo duelista de ‘MasterChef 14’ era Annie. «Otro sueño más. Mis padres estarían super orgullosos de esto, sé que todo el mundo que me quiere sabe lo importante que es esto para mí y larga vida a ‘MasterChef'», decía muy emocionada la riojana. Por su parte, Carlota se llevaba un curso de especialización en la Basque Cullinary Center.
Camilla, la ganadora de ‘MasterChef 14’
Después de las dos primeras pruebas, era el momento del ansiado duelo final en el que Camilla y Annie, que habían soñado con llegar juntas a la final, se enfrentaban por el triunfo en la última prueba de esta décimo cuarta edición. Las dos finalistas han tenido que elaborar como siempre un menú elaborado por un entrante, un plato principal y el postre.
Annie elaboraba un menú en homenaje a las personas más importantes de su vida con una menestra de verduras como entrante con una tapa de patatas a la riojana, como principal lomo de ciervo y de postre una espuma de chocolate, ganache de stracciatella, gel de menta y bizcocho de sifón de almendra. Por su parte, Camilla apostaba por un menú en homenaje a los lugares de su vida con un sashimi de mero con guisante y crujiente de arroz como entrante, ñoquis rellenos de ricotta y parmesano con crema de setas y corteza de queso y de postre una versión de mel y mató.
Después de la cata en la que participaba también el chef tres estrellas Michelín, Joan Roca, llegaba el momento de la valoración de los jueces. Y ambas finalistas recibían grandes halagos de parte de Pepe, Jordi y Marta así como del chef invitado. «Nos lo habéis puesto muy difícil, felicidades a las dos», avanzaba Jordi Cruz. Finalmente, Pepe Rodríguez anunciaba que la ganadora de la décimo cuarta edición de ‘MasterChef’ era Camilla.
Fuente: eltelevisero.
Roberto Jiménez.
Televisión
Entrevista en exclusiva a María Lamela: «Supervivientes ha sido romper con mi vida y un reto; no soy una presentadora estándar»

Una semana después de concluir ‘Supervivientes 2026’, en El Televisero hemos tenido la oportunidad de mantener una distendida charla con María Lamela, la revelación del concurso en esta temporada y uno de los mayores descubrimientos de los últimos tiempos en televisión. Mediaset puede presumir de puntería con su fichaje, pues su trabajo en Honduras ha sido verdaderamente intachable.
El exigente reto de recoger un legado de más de un cuarto de siglo lo ha superado con sobresaliente. Ha hecho fácil lo difícil. Ponerse al timón de un transatlántico como es este reality, la mayor producción de la televisión, eran palabras mayores, pero su aplomo a la hora de comunicar, su manejo del directo y su dominio de la cámara, algo que no todos los profesionales que se dedican a este sector poseen, la han convertido en la gran fortaleza de ‘Supervivientes 2026’.
María Lamela ha conducido el formato con una sorprendente habilidad y pericia, imprimiéndole un estilo inconfundible debido a su naturalidad, a su desbordante carisma y a su personalidad arrolladora. El entusiasmo, la pasión y la ilusión han traspasado la pantalla en cada una de sus conexiones. Y eso, indudablemente, ha enriquecido al programa.
En la entrevista, la periodista gallega hace balance de una aventura que define como «locura increíble». Asimismo, confiesa lo que más le ha costado de estar cuatro meses al otro lado del charco, dedica palabras de gratitud a Jorge Javier Vázquez por haberle ayudado a «potenciar» su personalidad y a trasladar un lado desconocido hasta ahora, y se muestra dispuesta a encarar más ediciones.
Por otro lado, valora si la victoria de Maica Benedicto es justa y, como profesional todoterreno que es, admite que, aunque en este momento no le sobran unas vacaciones, tiene «FOMO laboral». No solo quiere ponerse al frente de más temporadas de ‘Supervivientes’, sino que además desea todos los proyectos posibles dentro de la cadena.
¿Qué balance haces de esta aventura?
Pues, imagínate, ha sido romper desde el mes de febrero con toda mi vida, con toda mi rutina establecida y embarcarme en una de las mayores aventuras de mi vida a nivel laboral y personal. Ha sido una locura increíble a todos los niveles. He disfrutado como una niña pequeña haciendo un programa que ha sido una superproducción con 200 personas en el equipo; flipando cada día, emocionándome cada día, sorprendiéndome, aprendiendo… Ha sido como una aventura de la que no quería salir y ahora, cuando he aterrizado, estoy procesando todo lo que he vivido. No tengo palabras para describirlo.
Y luego, una cosa que me llevo, por encima de todo, es el maravilloso equipo que hace ‘Supervivientes’. Para mí era súper importante conectar con él y, finalmente, se ha convertido en mi familia. Iba con muchas expectativas diferentes y lo he disfrutado como una niña pequeña.
Y si tuvieras que definir esta aventura en tres palabras, ¿cuáles utilizarías?
Intensa, apasionante y valiente.
«Jorge Javier me ha permitido enseñar esa parte de mí que era desconocida. Ha potenciado mi propia personalidad».
Hablas de que el equipo te ha arropado mucho. Se ha notado también mucho feeling con Jorge Javier. ¿Te ha ayudado en esa integración?
Jorge me lo ha hecho muy fácil. En general, todos los presentadores (Sandra Barneda y Ion Aramendi) me lo han puesto muy fácil porque siempre me han estado arropando en los directos; incluso diciéndome palabras súper bonitas que yo he agradecido muchísimo y me han sorprendido.
Con respecto a Jorge Javier, ha sido impresionante conectar con él por el sentido del humor que tiene. Sus comentarios me lo hacían fácil para ser yo misma y mostrar ese punto de mi personalidad que, quizá, en otros registros, no se podía enseñar tanto. Él ha sido como ese trampolín para decir: ‘mira, es que yo también tengo este sentido del humor’. Y Jorge, a través de sus comentarios, me ha permitido enseñar esa parte de mí que era desconocida. Ha potenciado mi propia personalidad.
¿Cómo está siendo la vuelta a España y la aclimatación? ¿Y qué es lo más destacable que has hecho al llegar?
Llevo una semana viendo a la gente, comiendo, descansando… Bueno, descansando poco porque tengo el jet lag, que aún llevo una semana arrastrándolo. Destacable te puedo decir que fui al concierto de Bad Bunny. Media hora antes, no tenía ni entrada. Y acabé en el concierto, ¿sabes? (risas).
También he visto a amigos y compañeros de La Sexta, de ‘Más vale tarde’, a todos mis amigos de Madrid… Mi vuelta se resume en ver gente y comer mucho, ya está. Además, esta semana me voy a ir a Galicia, a mi tierra, con mis amigas y espero estar allí unas cuantas semanitas con la familia, mi madre y todos juntos.
Laura Madrueño, en una entrevista con la edición ya empezada, dijo que este año ibas a tener poco tiempo de sacarle los contras a ‘Supervivientes’, que todo iba a ser disfrute en la primera edición. ¿Ha sido así? ¿Qué es lo que más te ha costado?
Si tengo que decir algo, es estar lejos de la familia, de los amigos y de Madrid, que me encanta Madrid, Es una ciudad que amo y es un estilo de vida que amo. Es pasar de un estilo de vida a otro, básicamente, y eso es lo que más he echado de menos.
Y es verdad lo que decía Laura, que tampoco te da tiempo a procesar tanto porque, como es la primera vez y vives y haces tantas cosas nuevas y quieres verlo todo (hacer también todas las excursiones del mundo o aprovechar tu tiempo libre para pasártelo bien con tus compañeros), pues no te da tiempo a echar tanto de menos.
El comienzo de la edición no fue fácil porque al casting le costó arrancar. De hecho, Jorge Javier incluso tuvo que dar más de un toque de atención en Palapa. ¿Cómo vivisteis esto en el equipo? ¿Existía preocupación?
No, para nada. El equipo estaba súper focus en las tres galas. Estábamos concentrados en hacer el mejor programa posible y tampoco daba mucho tiempo a recrearse en una cosa u otra. Nosotros estábamos a lo que había que estar: dar lo mejor de nosotros mismos. Esas cosas no se comentaban y tampoco estábamos preocupados. Yo, desde luego, no he sentido preocupación en absoluto. Y hablo también por mí misma.
Al principio sí vimos que había algunos concursantes a los que les costaba entrar en el programa y hubo varios abandonos también, que eso para el formato suele ser un golpe a fin de cuentas.
Es cierto que las primeras semanas son las que más pesan y luego ya vimos cómo nadie quería irse, que todos querían aprovechar. Hombre, al principio, claro, tú no quieres que nadie abandone porque tú deseas que aguanten hasta el final, obviamente. Y cuando alguien desea abandonar, pues te da mucha pena y dices: ‘jolín’. Pero… ¿qué le vamos a hacer?
Ya hemos visto que el feedback del público ha sido excelente. ¿Cómo ha sido el de la cadena? ¿Qué mensaje te han trasladado una vez que se ha completado toda la edición?
Pues lo que me han dicho también es muy bueno. Están súper contentos conmigo y les ha gustado mucho mi trabajo. Todos los mensajes son muy positivos.
Al final de la última gala, deslizaste, junto a Jorge Javier, que estarás en el ‘Supervivientes All Stars’ de otoño. ¿Esto está confirmado?
Llevamos aquí una semana y aún no ha dado tiempo a ponerse con nada de esto. Entonces, eso es algo que confirmará la cadena en las próximas semanas, me imagino. No puedo decir nada.
Por tu parte, dispuestísima, ¿no?
Yo, por mi parte, sí, claro, sí, sí.
¿Y te ves presentando muchas ediciones? En el cierre de Palapa dijiste que ‘ojalá muchos más viajes juntos’.
Sí, yo encantada, sí, por supuesto.
En las pruebas te has caracterizado por ser implacable y eso es algo que también se ha valorado bastante.
Claro, es que, si lo veía, lo tenía que decir. Yo siempre he sido muy competitiva en los propios juegos que he disputado desde pequeña. Y además soy libra, que eso influye (risas). No quería pasar ninguna. Además, con mi carácter gallego parece que estoy siendo como muy inflexible, pero es que hay que estar a eso. Evidentemente, no puedes permitir que hagan trampas.
María Lamela: «Maica Benedicto ha sido una concursante muy completa e implicada con el programa».
¿Maica Benedicto es justa ganadora de ‘Supervivientes 2026’ para ti?
Los cuatro finalistas que llegaron hubiesen sido justos ganadores. Y Maica, obviamente, también es una justa ganadora. Si hago yo un balance personal del concurso que ha hecho, ella se ha implicado en cada una de las pruebas que ha realizado y lo ha dado absolutamente todo. En los juegos en los que se competía a nivel individual, Maica ha quedado, no digo siempre, pero muchas veces de las últimas, como de finalista.
Luego, a nivel de convivencia, se ha llevado en general bien con todo el mundo. Además, no solo es que se haya llevado bien, es que ha aportado esa autenticidad que tiene ella y ha protagonizado momentos muy divertidos y carismáticos con cada uno de los supervivientes. Maica se ha dejado notar en la edición y ha sido una de las protagonistas. Ha dado contenido, ha dado supervivencia, se ha esforzado en las pruebas… Ha sido una concursante muy completa y muy implicada con el concurso porque no quería irse, quería llegar hasta el final y tenía muchas ganas de pelear por ganar. Es decir, una actitud a muerte.
Y con la edición acabada, ¿cuál era tu podio final? ¿Ha distado mucho el resultado real de lo que tú creías que iba a pasar?
En verdad, no me hacía cábalas. Llegaba un momento en el que pensabas que cualquiera de ellos podía llegar porque todos lo estaban dando todo y todos eran, por así decirlo, main character (personaje principal).
No me marqué expectativas porque además no quería marcármelas teniendo en cuenta mi rol en el programa. Me quería dejar sorprender y más en esta primera edición; no solo por el concurso y no solo por los concursantes, sino por la audiencia. Quería sorprenderme por la decisión del público y así ha sido.
¿Y cómo estás viviendo el aumento de popularidad? ¿Te da algo de vértigo?
He recibido comentarios tan positivos, que me quedo con eso. Y con los negativos, que también los he leído, eh. No le puedes gustar a todo el mundo; es lógico y normal que la gente se enfade o no porque, al final, tú tienes un rol muy marcado en el programa.
Pero bueno, es raro, para mí es raro porque, claro, nunca me había pasado esto, que de repente la gente me conozca. Aún lo estoy gestionando.
Pero eso también es una sensación bonita, ¿no?
Claro, es muy bonita porque que la gente te reconozca por tu trabajo, porque le ha gustado, porque ha gustado cómo has presentado el programa… Las palabras maravillosas que he recibido es que me llenan el alma. Cuando la gente me dice: ‘oye, me ha encantado cómo lo has hecho’, a mi me dan ganas de llorar de la emoción.
Al final, ‘Supervivientes’ es un formato, a diferencia de lo que yo había hecho en el pasado, en el que te muestras a flor de piel. No solo como profesional, sino que también enseñas muchos lados de tu personalidad. Tú no puedes fingir la persona que eres. Y que la gente te dé un feedback positivo de la persona que tú eres es emocionante.
Para mí era un reto saber si a la gente le iba a gustar o no cómo soy yo. No soy la típica presentadora estándar. Yo tengo mis cosas, mi humor… Yo decía: ‘a ver si la gente lo encaja’. Y lo ha encajado, me ha dado un feedback súper positivo y no puedo estar más agradecida, de verdad.
«Para mí era un reto saber si a la gente le iba a gustar. No soy la típica presentadora estándar».
¿Te gustaría que, junto a ‘Supervivientes’, te ofrecieran algún otro proyecto en Mediaset para los meses en los que no se emite?
Por supuesto, lo digo tajantemente. ¿Sabes qué pasa? Yo antes de ‘Supervivientes’ venía de estar en una época trabajando siete días a la semana. Compaginaba La Sexta de lunes a viernes con un programa en la televisión de Galicia que presentaba yo. Entonces, estoy acostumbrada a trabajar mucho.
Tengo FOMO laboral y soy una tía a la que le flipa trabajar y a la que le encanta lo que hace. Por tanto, claro, en los meses que voy a estar libre… Ahora no me sobra pegarme unas vacaciones, pero vamos, yo encantada de hacer proyectos. Cuantos más, mejor, claro que sí.
Además, viniendo de ‘Más vale tarde’, con esa actualidad tan intensa.
Exacto. Exacto, sí, sí.
¿Y cómo has vivido, desde fuera, la marcha de Cristina Pardo de La Sexta?
Pues participé en el regalo que le hicieron mis compañeros de ‘Más vale tarde’ y también le escribí una nota de cariño a distancia. Es muy fuerte de repente la marcha de Cristina Pardo de un programa en el que lleva desde 2021, pero es para bien. Ella está contenta porque va a formar parte de otro proyecto muy guay. Y yo encantada de ver a mis compañeros y a mis amigos ser felices y seguir trabajando de lo suyo.
Y ya por último, ¿cómo ha sido ese otro reality, el vuestro como equipo, el que no captan las cámaras de ‘Supervivientes’?
Era como un campamento de verano porque, al final, como estamos todos en el mismo lugar, en el mismo complejo hotelero, solo ves siempre a las mismas personas. Es como que las emociones y los sentimientos hacia tu equipo se amplifican. Creamos un vínculo brutal entre nosotros.
Yo he sido una más en todo momento y he compartido con ellos todos los días después de las galas; cenando, comiendo, haciendo todo tipo de planes… Ha sido maravilloso y, claro, eso también te reporta cosas muy positivas en el trabajo porque ya son mis amigos y se han convertido en mi familia. Solo tengo palabras positivas de la experiencia.
María Lamela: «Yo encantada de hacer más proyectos en la cadena; cuantos más, mejor».
Si no conectas con el equipo, eso también traspasa la pantalla.
Totalmente. Si vas a estar cuatro meses con ellos, más vale que hagas piña y vínculo.
¿Y alguna anécdota reseñable o memorable de estos cuatro meses en Honduras?
No anécdota, pero puedo decir que el momento más especial que me llevo de Honduras ha sido que hayan ido mi hermana y mis amigos a verme, que para ellos ha sido el viaje de sus vidas y así me lo han trasladado. Han participado en los juegos y se han hecho también amigos del equipo. Nos hemos ido todos por ahí y hemos exprimido la experiencia al máximo.
Ha sido tan guay llevar a mis amigos y a mi hermana a mi zona de trabajo… Han flipado porque es un viaje muy loco. Meterte de lleno en la aventura de ‘Supervivientes’ viniendo de fuera y siendo mis amigos de toda la vida, ha sido maravilloso. Ese es el momento más especial de estos cuatro meses.
Fuente: eltelevisero.
Pedro Jiménez.
Radio Millenium Online


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