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Música

Warner compra las canciones de David Bowie por más de 220 millones de euros

El acuerdo con los herederos del artista incluye temas de los 26 álbumes de estudio editados durante su vida, además del disco póstumo ‘Toy’, que se lanzará el viernes

La discográfica Warner Chappell ha anunciado este lunes la compra de todo el catálogo editorial de David Bowie como compositor, lo que incluye 26 álbumes de estudio, desde el disco de debut David Bowie, lanzado en 1967, hasta el último, Blackstar, de 2016, año de la muerte del artista a los 69 años. La compañía no ha revelado el precio de adquisición de la colección, pero el diario The New York Times estima el valor en más de 220 millones de euros. Después de esa transacción realizada con los herederos del artista británico, casi todo el trabajo de la estrella estará bajo un mismo techo corporativo.

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Música

RTVE organiza un concierto benéfico para recaudar fondos para La Palma con Raphael, Fangoria, Izal y muchos más

La cita se celebrará el sábado 8 de enero en el WiZink Center de Madrid, y se podrá seguir en algunos canales del ente público desde las 21.30

Después de que el volcán de La Palma cesara su actividad por Navidad, el pasado 25 de diciembre, los vecinos evacuados están empezando a regresar a sus hogares. Para amortiguar la desgracia, Radio Televisión Española (RTVE) ha organizado un macroconcierto benéfico con el fin de recaudar fondos para las víctimas de Cumbre Vieja. El evento, que se celebrará este sábado 8 de enero, será un festival de más de dos horas y media de duración con un abanico variado de artistas.

En él, que ya cuenta con un cartel cerrado, actuarán Raphael, Sara Baras, Ana Guerra, Alba Reche, Coque Malla, Efecto Pasillo, Fangoria, Fuel Fandango, Izal, JM Serrat, Kiko Veneno, La Oreja de Van Gogh, Lori Meyers, Love of Lesbian, Luis Morera, Maikel Delacalle, Melendi, Miguel Ríos, Mikel Erentxun, Miss Caffeina, Pedro Guerra, y Valeria.

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Música

Muere la cantante de Mocedades Ana Bejerano a los 60 años

La solista del grupo Mocedades Ana Bejerano ha fallecido este domingo a la edad de 60 años en el Hospital de Urdúliz (Vizcaya), tras no haber podido superar un grave problema en el aparato digestivo por el que fue ingresada el sábado 11 de diciembre.

Según ha informado el entorno de la cantante en un comunicado, ha fallecido a las 7.00 horas y el funeral está previsto para el lunes 10 de enero a las 19.00 horas en la Iglesia de Santa Ana, en su localidad natal de Las Arenas de Getxo.

Mocedades pierde a una «figura clave» en su medio siglo de historia.

Se incorporó al grupo musical en 1984 en sustitución de Amaya Uranga

Ana Bejerano se incorporó como solista en 1984, con apenas 24 años, en sustitución de la «legendaria» Amaya Uranga, después de que esta anunciara su retirada voluntaria en octubre de 1983.

«La voz de Ana aseguró nuestra continuidad tras la marcha de Amaya, fue imprescindible para Mocedades», ha recordado su líder Javier Garay, último de los denominados ‘seis históricos’ en la formación.

Garay ha elogiado que «Ana Bejerano ha sido una de las voces vascas más elegantes desde los 80» y ha destacado su «versatilidad y buen gusto».

«Podía cantar tanto con una big band de jazz como acompañada solo de una guitarra acústica. Su voz en tesitura de soprano abarcaba muchos registros», ha concluido.

Desde que Bejerano se incorporó al conjunto grabó tres discos durante su primera etapa: ‘Colores’ (1986), con el cantante Donovan; ‘Sobreviviremos’ (1987) e ‘Intimamente’ (1992).

En el año 1993 lo dejó para emprender otros proyectos y, entre ellos, fundó el quinteto ‘Txarango’ junto a dos ‘históricos’ de Mocedades, Roberto Uranga y José Ipiña.

Más tarde, en 2018, se reincorporó al grupo musical a petición de Javier Garay.

Actualmente la formación vivía una «segunda juventud»

En 2021 retomaron su ‘Gira 50 Aniversario’ y estrenaron su nueva canción «Que no se acabe el mundo» en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid durante un concierto homenaje, arropados por las cantantes Tamara, Lucrecia, Diana Navarro y Sole Giménez.

Durante los meses siguientes Mocedades y Ana Bejerano han vivido una «segunda juventud», en la que han agotando casi todas las localidades en Riojafórum de Logroño, Palacio de Congresos y Exposiciones de Mérida, Gran Teatro de Cáceres, Auditorio La Pérgola de Manzanares, los festivales Bimilenaria Cultural de Calahorra y TerraCeo de Vigo, además de La Vilavella y Vila-real en Castellón.

Además, el pasado 29 de octubre recogieron el Premio Especial Radiolé 2021 a toda una trayectoria en el Auditorio Fibes de Sevilla, donde cantaron «Eres tú» y «Que no se acabe el mundo», las últimas canciones de Ana Bejerano sobre el escenario.

Su mánager José Antonio Alonso, de Talisman Management, ha anticipado que «el primer concierto de Mocedades en 2022 será un homenaje a Ana Bejerano», al tiempo que ha reconocido que el grupo «tardará en recuperarse» de la pérdida de su solista.

 

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Música

Paul Simon vende todas sus canciones a la editorial de Sony

El compositor se suma a Dylan o Neil Young, que se han desprendido también este año de sus catálogos

Es la última bomba en la industria musical. Paul Simon, ya jubilado de las giras, ha vendido los derechos editoriales de su cancionero (que incluye enormes éxitos con el dúo Simon & Garfunkel) al gigante Sony Music Publishing. En esos asuntos, los detalles financieros no suelen estar claros y solo hay especulaciones sobre que la cantidad final puede superar los 300 o 400 millones de dólares (hasta 340,72 millones de euros) supuestamente pagados por Universal Music Publising Group a Bob Dylan, acuerdo que funcionó como pistoletazo de salida para lo que ya resulta una auténtica avalancha de artistas dispuestos a rentabilizar su obra antes de que llegue la parca (y la subida de impuestos de Joe Biden).

Lo de Simon también supone un empujón a esa tendencia generacional. El cantautor de Queens, Nueva York, podía haber negociado con Hypgnosis, Primary Wave y otras empresas de nuevo cuño que están revolucionando el cotarro con el dinero de poderosos fondos de inversión. Simon, sin embargo, ha elegido a uno de los gigantes históricos. En contraste con la mayoría de sus colegas de generación, Paul nunca ha desarrollado una relación antagónica con el negocio de la música. Todo lo contrario: tras pinchar con One Trick Pony,  su película como guionista y protagonista, ofreció a la editora de la banda sonora, Warner Bros, pagar los números rojos generados por el proyecto. Nunca, ni antes ni después de One Trick Pony, se ha conocido caso alguno de artista que, sin estar obligado contractualmente, asuma compensar las pérdidas derivadas de un capricho personal.

“Es uno de nosotros”, aseguran en la industria musical. Y, hasta cierto punto, dan en el clavo. En conversaciones con John Lennon, el beatle se quejaba de haber tardado demasiados años en entender que el dinero estaba en el copyright de sus canciones. Simon le explicó que él había habitado en el vientre de la bestia, trabajando durante sus años de obscuridad para pequeños sellos y emporios editoriales neoyorquinos. Allí le trataron con la displicencia reservada para los mocosos, una actitud que le hizo fundar una editorial propia, Eclectic Music, que despegó con el pelotazo de The Sound of Silence (El sonido del silencio). También fue especialmente hábil al negociar el contrato de grabación de Simon & Garfunkel con CBS: aduciendo que se trataba de un sencillo dúo folk, consiguió que la discográfica aceptara hacerse cargo de los gastos de producción, que generalmente se descontaban de las regalías. No tardarían en descubrir que, llevados por el perfeccionismo de Simon, Garfunkel y su principal cómplice en el estudio, el ingeniero Roy Halee, los discos del sencillo dúo folk estarían entre los más caros (y primorosos) de los años sesenta.

En estos asuntos, Paul Simon ha sido el anti-Dylan. Aunque ambos nacidos en familias judías en 1941, Paul y Bob entienden su trabajo de formas opuestas. Simon es un orfebre que cocina sus canciones a lo largo de meses ¡o años!, mientras Dylan cree en la inspiración del momento, en componer de un tirón. Dylan vive la grabación de un disco como un tormento y ha publicado elepés desgalichados: no aguantarían el proceso minucioso de un Simon.

Cierto que el modus operandi de Paul tiene sus riesgos. Comienza encerrándose en el estudio con instrumentistas tal vez culturalmente muy alejados de sus orígenes: jamaicanos, chicanos, antillanos, africanos, cajunes, brasileños. No siempre laboran sobre canciones preexistentes: se buscan ritmos, secuencias melódicas, híbridos insólitos, que luego se combinan, reelaboran y, finalmente, se completan con letras.

Como Dylan, Simon ha sufrido acusaciones de plagio, en su caso llegadas desde Los Lobos y algunos músicos sudafricanos. Se defiende explicando que paga mucho más de lo exigido por las tarifas sindicales, bajo el modelo legal del work for hire (trabajo por encargo). Fuera de esos casos, se suele mostrar generoso: entregó un talón a Claude Jeter, vocalista del grupo góspel The Swan Silvertones, simplemente por la inspiración del título de Puente sobre aguas turbulentas. Igual ocurrió con el arreglo de Scarborough Fair, balada ancestral recreada a partir del arreglo de Martin Carthy. Cuando se enteró de que el inglés no había recibido royalties, Simon le mandó un cheque personal. Acostumbrado a las miserias del mundillo folk, Carthy comentó que Simon se había portado “honorablemente”. No como Dylan, que también recurrió al repertorio tradicional de Carthy… sin darle ni crédito ni compensación.

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