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Música

Muere el Rey: Vicente Fernández

El ícono de la música en México, falleció este domingo a los 81 años, en un hospital de Guadalajara. Murió a las 6:15 a.m. de la mañana, según una publicación en su cuenta oficial de Instagram.

La estrella de la ranchera estuvo hospitalizado desde agosto tras una caída y lo obligó a someterse a una cirugía cervical.

Conocido localmente como «El Rey», Fernández grabó más de 300 canciones, vendió más de 65 millones de álbumes en todo el mundo, ganó tres Grammy y ocho Latin Grammy.

“Pero el día que yo me muera, sé que tendrás que llorar; llorar y llorar”, cantó cientos de veces uno de los principales mosqueteros de las rancheras, Vicente Fernández, en la canción del compositor José Alfredo Jiménez titulada El Rey. Hoy, a sus 81 años, la voz icónica del mariachi mexicano —uno de los mejores del género con Pedro Infante, Jorge Negrete y Javier Solís— ha fallecido. Para sus millones de seguidores en América Latina llegó el triste momento de llorar al rey.

Fernández ha estado bajo cuidado médico desde agosto. En ese mes su familia había informado, a través de la cuenta oficial de Instagram del cantante, que su estado de salud era grave a causa de una caída en su rancho “que generó un traumatismo raquimedular a nivel de la columna cervical”. El equipo médico que lo operó estuvo las semanas siguientes informando por redes sociales sobre su estado de salud —dependiente de apoyo ventilatorio y de una sonda para alimentarse—. Después de varios días de estar bajo observación en un hospital de Guadalajara, Fernández pudo volver a casa por unos días. Pero este viernes uno de sus hijos y un médico contaron que el cantante estaba de nuevo hospitalizado y en estado crítico por un cuadro de neumonía. El cantante falleció tras un empeoramiento de su condición pulmonar, según informó la familia.

Chente, como se le conocía a Vicente Fernandez, nació en el pueblo de Huentitán El Alto, Jalisco, en 1940, hijo de un ranchero y una ama de casa, y empezó en el mundo de la música cantando en restaurantes y bodas en Guadalajara y luego Ciudad de México. Apareció primero en la televisión —en La calandria musical y El amanecer tapatío— y en la capital del país logró que algunas de sus canciones sonaran en la radio, hasta que en 1965 la emisora CBS (hoy Sony Music ) le abrió las puertas. Empezaron a conocerse sus canciones —Tu camino y el míoPerdóname, su disco Palabra de rey—, pero su gran éxito musical llegó una década después, la canción de despecho inolvidable que lo catapultó a la fama en 1972: Volver, volver.

A tus brazos, otra vez.

Llegaré hasta donde estés,

Yo sé perder, yo sé perder

Quiero volver, volver, volver.

Volver, volver, una tragedia amorosa transformada en ranchera, lo convirtió en el rey de su género en toda América Latina. Una búsqueda en Spotify y YouTube muestra cómo los grandes de la música —Chavela Vargas, Concha Buika, Ana Gabriel, entre otros— hicieron sus propias versiones en los años siguientes al himno. Pero ninguna interpretación es tan memorable como la que hizo Vicente con su hijo —el famoso cantante Alejandro Fernández— en un concierto hace varios años. “Creo que el día en que me estén sepultando, la va a cantar todo mundo”, dijo entonces al público sobre su canción más querida.

Chente cantó por más de 50 años, vendió millones de copias de sus más de 100 discos (casi siempre producidos con Sony Music), y deja una obra extensa “sobre el llanto y el suspiro, sobre el abandono y recuerdos dolorosos; su música se ríe mientras el cantante se lamenta”, como dijo una reseña de The New York Times.

Le siguieron muchos éxitos: Acá entre nosQue te vaya bonito; o su famoso disco Por tu maldito amor de 1989; además de aparecer en decenas de películas y telenovelas. Fue nominado a 13 Grammys latinos ( ganó 3 ) en su carrera, e incluso hay una estrella en el paseo de la Fama en Hollywood con su nombre. “Nos honra la visita de este titán de los más profundos de nuestros pueblos, no solo del pueblo mexicano, de los pueblos de América y del mundo”, dijo en 2012 Hugo Chávez, cuando condecoró a Chente con la Medalla Orden de los Libertadores en Venezuela. Chente, también conocido como El Charro de Huentitán, era ya la voz de muchos del norte al sur del continente.

“Ni Solís, Infante o Negrete tuvieron la fortuna de enfrentarse a las leyes del tiempo. Vicente los superó y no hay alguien que lo sustituya”, dijo el año pasado el compositor Martín Urieta, quien creó 25 canciones para Chente. “Su voz está intacta a los 80 años y no podemos saber si Infante, por ejemplo, continuaría igual a la misma edad. Este es un mérito grande de Vicente: permanecerá como el número uno”. Urrieta es uno entre un grupo de compositores que encontraron la voz que buscaban en Chente, al igual que Federico Méndez Tejada, Fernando Maldonado (autor de Volver, Volver), José Alfredo Jiménez (autor de El Rey), Gerardo Reyes y Jorge Massías. Aunque famoso por tantos éxitos, fueron muy pocas las canciones que Chente escribió. “Nunca he dicho que soy compositor”, dijo Vicente Fernández en una entrevista publicada en su página web oficial. “Es un trabajo muy difícil, sin embargo, algunas ideas e inspiraciones me han llegado y cuando eso sucede, corro a tomar una pluma y escribir unas cuantas frases”.

Vicente Fernández se despidió de los escenarios el 16 de abril del 2016, a sus 76 años, en un espectacular concierto en el estadio Azteca con más de 90 mil espectadores. “El día que me encuentre a Donald Trump le voy a escupir la cara”, dijo el día de su despedida.

Pero Chente estaba lejos de ser un ídolo impecable, y junto a su mito hay serios cuestionamientos. En sus últimos años fue criticado por su cercanía al PRI o por decir que no quería un trasplante de hígado de alguien que fuera homosexual o drogadicto, a pesar de que le pudiera salvar la vida cuando tuvo cáncer en el 2.012. “Él no soportaba a Juan Gabriel, porque era gay y Chente era un hombre de otra época y tenía mucha cosa de homofobia”, contó recientemente la escritora Olga Wornat sobre la relación de Chente con el otro mítico cantante mexicano. Wornat acaba de publicar El último rey con editorial Planetauna biografía no autorizada que habla de comportamiento machista de Vicente Fernández y los vínculos de uno de sus hijos (Gerardo Fernández) con el cartel de Sinaloa.

“Que Chente sabía, sí sabía. Pero hizo la vista gorda”, dice Wornak sobre el vínculo criminal de su hijo Gerardo. “Y está el caso del cantante Joan Sebastian, que era íntimo de Vicente Fernández. Se visitaban en los ranchos y además Alejandro Fernández era como su ahijado. Pero él no solo tenía una investigación por narcotráfico, en su rancho se celebraban fiestas con menores de edad que secuestraban en Guatemala. Yo me pregunté: “¿Cómo Chente no podía saber esto?”. Quizás no lo quiso saber o no lo quiso mirar, no tengo la certeza porque justo él se enfermó y no le hice esa pregunta y nadie nunca se la hizo”.

“La vida es una copa de licor; y nadie la disfruta eternamente. Se acaba si la bebes de un jalón; igual que si la bebes lentamente”, canta Chente en otra de sus canciones. Lo dulce de la vida lo pudo beber durante 81 años el hombre que decía que no tuvo trono ni reina, ni nadie que le comprenda. Se fue, con muchas preguntas serias por responder. Pero sigue siendo el rey.

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Música

RTVE organiza un concierto benéfico para recaudar fondos para La Palma con Raphael, Fangoria, Izal y muchos más

La cita se celebrará el sábado 8 de enero en el WiZink Center de Madrid, y se podrá seguir en algunos canales del ente público desde las 21.30

Después de que el volcán de La Palma cesara su actividad por Navidad, el pasado 25 de diciembre, los vecinos evacuados están empezando a regresar a sus hogares. Para amortiguar la desgracia, Radio Televisión Española (RTVE) ha organizado un macroconcierto benéfico con el fin de recaudar fondos para las víctimas de Cumbre Vieja. El evento, que se celebrará este sábado 8 de enero, será un festival de más de dos horas y media de duración con un abanico variado de artistas.

En él, que ya cuenta con un cartel cerrado, actuarán Raphael, Sara Baras, Ana Guerra, Alba Reche, Coque Malla, Efecto Pasillo, Fangoria, Fuel Fandango, Izal, JM Serrat, Kiko Veneno, La Oreja de Van Gogh, Lori Meyers, Love of Lesbian, Luis Morera, Maikel Delacalle, Melendi, Miguel Ríos, Mikel Erentxun, Miss Caffeina, Pedro Guerra, y Valeria.

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Música

Muere la cantante de Mocedades Ana Bejerano a los 60 años

La solista del grupo Mocedades Ana Bejerano ha fallecido este domingo a la edad de 60 años en el Hospital de Urdúliz (Vizcaya), tras no haber podido superar un grave problema en el aparato digestivo por el que fue ingresada el sábado 11 de diciembre.

Según ha informado el entorno de la cantante en un comunicado, ha fallecido a las 7.00 horas y el funeral está previsto para el lunes 10 de enero a las 19.00 horas en la Iglesia de Santa Ana, en su localidad natal de Las Arenas de Getxo.

Mocedades pierde a una «figura clave» en su medio siglo de historia.

Se incorporó al grupo musical en 1984 en sustitución de Amaya Uranga

Ana Bejerano se incorporó como solista en 1984, con apenas 24 años, en sustitución de la «legendaria» Amaya Uranga, después de que esta anunciara su retirada voluntaria en octubre de 1983.

«La voz de Ana aseguró nuestra continuidad tras la marcha de Amaya, fue imprescindible para Mocedades», ha recordado su líder Javier Garay, último de los denominados ‘seis históricos’ en la formación.

Garay ha elogiado que «Ana Bejerano ha sido una de las voces vascas más elegantes desde los 80» y ha destacado su «versatilidad y buen gusto».

«Podía cantar tanto con una big band de jazz como acompañada solo de una guitarra acústica. Su voz en tesitura de soprano abarcaba muchos registros», ha concluido.

Desde que Bejerano se incorporó al conjunto grabó tres discos durante su primera etapa: ‘Colores’ (1986), con el cantante Donovan; ‘Sobreviviremos’ (1987) e ‘Intimamente’ (1992).

En el año 1993 lo dejó para emprender otros proyectos y, entre ellos, fundó el quinteto ‘Txarango’ junto a dos ‘históricos’ de Mocedades, Roberto Uranga y José Ipiña.

Más tarde, en 2018, se reincorporó al grupo musical a petición de Javier Garay.

Actualmente la formación vivía una «segunda juventud»

En 2021 retomaron su ‘Gira 50 Aniversario’ y estrenaron su nueva canción «Que no se acabe el mundo» en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid durante un concierto homenaje, arropados por las cantantes Tamara, Lucrecia, Diana Navarro y Sole Giménez.

Durante los meses siguientes Mocedades y Ana Bejerano han vivido una «segunda juventud», en la que han agotando casi todas las localidades en Riojafórum de Logroño, Palacio de Congresos y Exposiciones de Mérida, Gran Teatro de Cáceres, Auditorio La Pérgola de Manzanares, los festivales Bimilenaria Cultural de Calahorra y TerraCeo de Vigo, además de La Vilavella y Vila-real en Castellón.

Además, el pasado 29 de octubre recogieron el Premio Especial Radiolé 2021 a toda una trayectoria en el Auditorio Fibes de Sevilla, donde cantaron «Eres tú» y «Que no se acabe el mundo», las últimas canciones de Ana Bejerano sobre el escenario.

Su mánager José Antonio Alonso, de Talisman Management, ha anticipado que «el primer concierto de Mocedades en 2022 será un homenaje a Ana Bejerano», al tiempo que ha reconocido que el grupo «tardará en recuperarse» de la pérdida de su solista.

 

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Música

Paul Simon vende todas sus canciones a la editorial de Sony

El compositor se suma a Dylan o Neil Young, que se han desprendido también este año de sus catálogos

Es la última bomba en la industria musical. Paul Simon, ya jubilado de las giras, ha vendido los derechos editoriales de su cancionero (que incluye enormes éxitos con el dúo Simon & Garfunkel) al gigante Sony Music Publishing. En esos asuntos, los detalles financieros no suelen estar claros y solo hay especulaciones sobre que la cantidad final puede superar los 300 o 400 millones de dólares (hasta 340,72 millones de euros) supuestamente pagados por Universal Music Publising Group a Bob Dylan, acuerdo que funcionó como pistoletazo de salida para lo que ya resulta una auténtica avalancha de artistas dispuestos a rentabilizar su obra antes de que llegue la parca (y la subida de impuestos de Joe Biden).

Lo de Simon también supone un empujón a esa tendencia generacional. El cantautor de Queens, Nueva York, podía haber negociado con Hypgnosis, Primary Wave y otras empresas de nuevo cuño que están revolucionando el cotarro con el dinero de poderosos fondos de inversión. Simon, sin embargo, ha elegido a uno de los gigantes históricos. En contraste con la mayoría de sus colegas de generación, Paul nunca ha desarrollado una relación antagónica con el negocio de la música. Todo lo contrario: tras pinchar con One Trick Pony,  su película como guionista y protagonista, ofreció a la editora de la banda sonora, Warner Bros, pagar los números rojos generados por el proyecto. Nunca, ni antes ni después de One Trick Pony, se ha conocido caso alguno de artista que, sin estar obligado contractualmente, asuma compensar las pérdidas derivadas de un capricho personal.

“Es uno de nosotros”, aseguran en la industria musical. Y, hasta cierto punto, dan en el clavo. En conversaciones con John Lennon, el beatle se quejaba de haber tardado demasiados años en entender que el dinero estaba en el copyright de sus canciones. Simon le explicó que él había habitado en el vientre de la bestia, trabajando durante sus años de obscuridad para pequeños sellos y emporios editoriales neoyorquinos. Allí le trataron con la displicencia reservada para los mocosos, una actitud que le hizo fundar una editorial propia, Eclectic Music, que despegó con el pelotazo de The Sound of Silence (El sonido del silencio). También fue especialmente hábil al negociar el contrato de grabación de Simon & Garfunkel con CBS: aduciendo que se trataba de un sencillo dúo folk, consiguió que la discográfica aceptara hacerse cargo de los gastos de producción, que generalmente se descontaban de las regalías. No tardarían en descubrir que, llevados por el perfeccionismo de Simon, Garfunkel y su principal cómplice en el estudio, el ingeniero Roy Halee, los discos del sencillo dúo folk estarían entre los más caros (y primorosos) de los años sesenta.

En estos asuntos, Paul Simon ha sido el anti-Dylan. Aunque ambos nacidos en familias judías en 1941, Paul y Bob entienden su trabajo de formas opuestas. Simon es un orfebre que cocina sus canciones a lo largo de meses ¡o años!, mientras Dylan cree en la inspiración del momento, en componer de un tirón. Dylan vive la grabación de un disco como un tormento y ha publicado elepés desgalichados: no aguantarían el proceso minucioso de un Simon.

Cierto que el modus operandi de Paul tiene sus riesgos. Comienza encerrándose en el estudio con instrumentistas tal vez culturalmente muy alejados de sus orígenes: jamaicanos, chicanos, antillanos, africanos, cajunes, brasileños. No siempre laboran sobre canciones preexistentes: se buscan ritmos, secuencias melódicas, híbridos insólitos, que luego se combinan, reelaboran y, finalmente, se completan con letras.

Como Dylan, Simon ha sufrido acusaciones de plagio, en su caso llegadas desde Los Lobos y algunos músicos sudafricanos. Se defiende explicando que paga mucho más de lo exigido por las tarifas sindicales, bajo el modelo legal del work for hire (trabajo por encargo). Fuera de esos casos, se suele mostrar generoso: entregó un talón a Claude Jeter, vocalista del grupo góspel The Swan Silvertones, simplemente por la inspiración del título de Puente sobre aguas turbulentas. Igual ocurrió con el arreglo de Scarborough Fair, balada ancestral recreada a partir del arreglo de Martin Carthy. Cuando se enteró de que el inglés no había recibido royalties, Simon le mandó un cheque personal. Acostumbrado a las miserias del mundillo folk, Carthy comentó que Simon se había portado “honorablemente”. No como Dylan, que también recurrió al repertorio tradicional de Carthy… sin darle ni crédito ni compensación.

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