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Cultura

El patrimonio cultural inmaterial de España.

El patrimonio cultural inmaterial de España es una riqueza invaluable que abarca una amplia variedad de manifestaciones culturales, tradiciones y expresiones vivas.

El patrimonio cultural inmaterial de España abarca una amplia variedad de tradiciones, costumbres y elementos intangibles que han sido transmitidos a lo largo de la historia. Este patrimonio, reconocido y protegido por organismos internacionales, como la UNESCO, constituye una parte fundamental de la identidad y la diversidad cultural del país.

¿Qué es el patrimonio cultural inmaterial?

El patrimonio cultural inmaterial se refiere al conjunto de expresiones, tradiciones, conocimientos y prácticas que forman parte de la identidad y diversidad cultural de un pueblo o comunidad. Comprende aspectos intangibles como las fiestas, rituales, música, danzas, gastronomía, técnicas artesanales, mitos, creencias y las diferentes formas de vida transmitidas de generación en generación.

Este patrimonio representa una fuente de identidad y orgullo para las comunidades y, tal y como recoge el BOE 10/2015, su conservación y difusión son fundamentales para mantener viva la cultura y preservar la memoria colectiva de los lugares. Para ello, la salvaguarda y enriquecimiento del patrimonio cultural inmaterial requiere la adopción de medidas adecuadas por parte de las instituciones y la sociedad en general, fomentando su valoración, respeto y transmisión a las futuras generaciones.

Ejemplos de manifestaciones culturales y expresiones vivas en España

Como hemos mencionado, en España, existen innumerables manifestaciones culturales y expresiones vivas que reflejan la diversidad y riqueza de su patrimonio cultural inmaterial. Estas tradiciones y costumbres, transmitidas de generación en generación, son una parte fundamental de la identidad española y contribuyen a enriquecer la vida cultural del país. Entre los ejemplos más destacados se encuentran las fiestas tradicionales, como la Semana Santa (¿qué se hace en Semana anta en España?), los Sanfermines en Pamplona o las Fallas en Valencia. Estas y otras muchas celebraciones, reconocidas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, representan momentos únicos de la historia de España.

Del mismo modo, cabe mencionar también al flamenco, un arte que fusiona música, baile y canto y que tiene su origen en Andalucía. Con su intensidad y pasión, el flamenco ha logrado traspasar fronteras y convertirse en un símbolo de la cultura española.

En España, además de disfrutar de la rica gastronomía con platos mundialmente conocidos como la paella, la fabada, las tapas o el jamón ibérico, los visitantes pueden experimentar diversas manifestaciones culturales y expresiones vivas que son testimonio de la diversidad y riqueza cultural del país como, por ejemplo, el día de la matanza del cerdo, una tradición que aún perdura en muchos rincones del país. Y es que, al viajar, es posible conocer ciudades que destacan por su patrimonio histórico y tradiciones arraigadas que contribuyen a mantener viva la identidad española. Así que, anímate a descubrir qué ciudades visitar en España según tus gustos y preferencias.

Identidad cultural y cohesión social

La identidad cultural es un elemento fundamental para la cohesión social de una comunidad o sociedad. Representa la suma de valores, tradiciones, costumbres y creencias que caracterizan a un grupo humano y le otorgan una identidad única y distintiva. El patrimonio cultural inmaterial juega un papel clave en la formación de esta identidad, y es que, no solo refleja el pasado de una comunidad, sino que también tiene un impacto directo en su realidad presente y futura. Su conservación y preservación son esenciales para mantener viva la memoria colectiva y fortalecer el sentido de pertenencia y unidad en la sociedad. A través de la valorización y promoción de las tradiciones y costumbres, se fomenta el respeto por la diversidad cultural y se estrechan los lazos entre los individuos.

Además, la identidad cultural es una fuente de cohesión social, ya que permite la construcción de una identidad compartida que trasciende las diferencias individuales y promueve la convivencia pacífica. Cuando las personas se identifican con su cultura y comparten un sentido de arraigo cultural, se sienten parte de un todo más grande, lo que puede contribuir a reducir tensiones y conflictos intergrupales.

Transmisión generacional y preservación del patrimonio

La transmisión generacional implica la transferencia de conocimientos, prácticas y expresiones culturales de una generación a otra. Es un proceso mediante el cual las tradiciones, las técnicas artesanales, las festividades y otros aspectos culturales se transmiten de padres a hijos, asegurando que perduren a lo largo del tiempo.

La preservación del patrimonio cultural inmaterial requiere esfuerzos conjuntos de la comunidad y las instituciones para proteger y salvaguardar estas manifestaciones culturales únicas. Esto implica documentar y registrar las tradiciones, así como promover y fomentar su continuidad en la sociedad.

Trabajar en la preservación y difusión del patrimonio cultural contribuye al desarrollo sostenible de la sociedad. La promoción de festividades, tradiciones y expresiones artísticas locales no solo enriquece la vida cultural de la comunidad, sino que también puede impulsar el turismo y la economía local, generando oportunidades de empleo y mejorando la calidad de vida de sus habitantes.

Protección y valoración del patrimonio inmaterial

La protección y valoración del patrimonio inmaterial es de vital importancia para preservar la diversidad cultural y fortalecer la identidad de un pueblo.

En España, la conservación de este patrimonio no solo implica su salvaguardia, sino también su promoción y difusión, para que las generaciones presentes y futuras puedan apreciar y valorar estas expresiones culturales únicas. Por ello, tal y como hemos mencionado, la transmisión de conocimientos y tradiciones entre generaciones es fundamental para mantener viva la identidad cultural de España.

La protección y valoración del patrimonio inmaterial no solo beneficia a nivel cultural, sino que también contribuye a la cohesión social y al desarrollo sostenible de las comunidades. Además, la conservación del patrimonio histórico arquitectónico y arqueológico de España también desempeña un papel crucial en la preservación de la memoria y la identidad colectiva. En este sentido, se implementan medidas eficaces de conservación y restauración, teniendo en cuenta tanto los aspectos técnicos como los valores culturales asociados. La colaboración entre instituciones, expertos y la comunidad local es esencial para garantizar la protección y salvaguardia adecuada del patrimonio inmaterial.

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Cultura

El mejor mural del mundo está en Fene, A Coruña

El teléfono de Sfhir no deja de sonar desde que se ha conocido la noticia. «Ahora al final ya sí porque ves el ranking, pero al principio no me lo esperaba para nada», nos dice con una voz de esas que transmiten la sonrisa a través de la línea.

La que ya se conoce como ‘La violonchelista de Fene’ es una obra que se realizó durante la primera edición del ‘Perla Mural Fest’ que se celebró el verano pasado en Fene, A Coruña. La intención era hacerle un homenaje a la emblemática Sala Perla, ya desaparecida físicamente pero muy presente en el recuerdo de todos los vecinos.

«Con la idea de la música en la cabeza, cuando vi la fachada con ese inmenso patio de luces lo que se me ocurrió fue integrarlo de alguna manera. Viendo la forma que tenía y las posibilidades, elegí el chelo porque creía que era el que mejor iba a encajar».

Y no se equivocaba. Este espectacular mural, de cerca de 700 metros cuadrados, no deja indiferente a nadie. Durante el día se pueden apreciar todos sus detalles, que son muchos, y cuando cae la noche y las luces de las viviendas empiezan a encenderse, parece como si cobrase vida.

Galicia, tierra de murales

Otras dos de las obras finalistas en el certamen de ‘Street Art Cities’ están también ubicadas en Galicia. ‘A Dona do Estuario’, en Nigrán (Pontevedra) y el ‘Copora’, en Lugo, competían también por alzarse con el título del mejor mural del mundo que finalmente se ha llevado Sfhir.

La pregunta es obligada, ¿qué tiene esta tierra para los muralistas? «En Galicia hay fachadas enormes, muchas están en muy mal estado, y cuando les das una mano de color cambia por completo el paisaje». Además, los vecinos valoran muy positivamente: «No es lo mismo criarte en una ciudad gris llena de muros que transmiten cierta tristeza, que criarte en una ciudad llena de color con murales que cuentan historias».

La violonchelista que acabó inspirándose en una vecina

Historias es precisamente lo que acumula este artista. «Pues desde estar en la grúa pintando y que te saquen por la ventana un trozo de tarta de un cumpleaños que están celebrando, hasta una vecina que te viene todos los días a ver cómo vas y si necesitas algo».

Como casi siempre, el trato con la gente acaba siendo lo más bonito. Y así es como, cobra importancia una de las cosas más pequeñas de este mural, una simple peca. «A medida que iba avanzando me di cuenta de que la modelo en la que me inspiré para la violonchelista era muy parecida a la hija de una vecina, que además estaba súper volcada con el mural. Así que decidí modificarle algunas cosas, le puse una peca que la chica tiene sobre el labio para que se pareciese más, y cuando la madre lo vio se emocionó toda. Venía hasta con los ojos llorosos». No es para menos. Un espectáculo que, sin duda, merece la pena visitar.

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Cultura

Por qué los museos españoles baten récords de visitas: «Antes teníamos colas los sábados y domingos, ahora los siete días»

En 2023 se alcanzaron registros históricos en El Prado, el Guggenheim o el Thyssen, con afluencias que superan los niveles prepandemia. «La visita al museo se ha convertido en algo interiorizado para mucha gente», celebran en los centros.

Una vieja broma decía que los españoles vamos al Museo del Prado de dos veces en nuestra vida. La primera vez nos llevó nuestro padre; la segunda vez, acompañamos a nuestros hijos. Y, aunque el chiste se haya quedado un poco antiguo, dice mucho del significado ritual de esa cosa llamada «ir al museo» en el siglo XX. Ir al museo era una manera de recibir y de transmitir un sentido de la historia colectiva. Nos convertimos en ciudadanos porque fuimos al Prado con nuestros padres. Puede que no fuese el sábado más divertido de nuestra infancia pero aquí estamos, al cabo de los años, delante del mismo cuadro de Carlos V de Tiziano, con nuestros hijos, más bien abrumados.

La palabra ritual es la clave del anterior párrafo porque sólo a través de la palabra ritual es posible entender las estadísticas que esta semana han publicado los museos españoles. 3.241.263 personas visitaron El Prado en 2.023, 800.000 visitas más que las de 2.013. El Museo Sorolla vendió 344.799 entradas, un 40% más que en 2022. A principios de siglo, el Sorolla recibía 100.000 visitas. El Guggenheim de Bilbao, la sede del Reina Sofía, los centros de Patrimonio Nacional y los museos de Málaga también han presentado las mejores cifras de su historia. El Museo Nacional Thyssen Bornemisza ha superado el millón de visitantes, la cuota del sobresaliente en su historia, y la Galería de Colecciones Reales lleva 336.058 entradas vendidas desde junio. Y hay más datos sorprendentes si se mira la letra pequeña. En El Prado, por ejemplo, el público se ha rejuvenecido: el 35% de los asistentes tiene entre 18 y 34 años. Abundan también las mujeres (57%) y las personas con estudios superiores (81%). En realidad, al Prado no nos llevó nuestro padre sino nuestra madre.

¿Cómo se explican estas colas? ¿Es acaso España un país obsesionado por el arte en el que los pintores sean voces políticamente relevantes? Algo así ocurrió en la época de Chillida, Tàpies y Chirino pero, ¿en 2024?

«Hay una disociación clarísima, ¿verdad? Hay algo que no encaja entre la cantidad de público de los museos y la gente que entra en las galerías de arte», dice Javier Garcerá, pintor y catedrático en la Facultad de Bellas Artes de Málaga. «A los alumnos tenemos que insistirles para que vayan a las galerías porque entran en la carrera sin una idea clara de lo que es el arte contemporáneo. Sin embargo, a los museos sí van, sienten que es lo que toca». Ese «lo que toca», claro, es otra manera de referirse al ritual del museo.

«Antes, teníamos colas los sábados y los domingos, ahora tenemos colas los siete días», explica Enrique Varela, director del Museo Sorolla. Su hipótesis es que los museos han cambiado radicalmente su manera de presentarse al público durante las primeras décadas del siglo XXI y que esa transformación ha calado. «Yo me acuerdo de lo que era ir al Prado hace 25 años, de ir casi solo. A veces me encantaría volver. Pero creo que el cambio es bueno. Antes, un museo era una institución ensimismada que tenía la función de guardar una serie de tesoros. Durante este siglo, esa visión se rompió. La consecuencia es que la visita al museo se ha convertido en algo interiorizado para mucha gente». Cualquier español, no necesariamente interesado en el arte, sabe que ir al museo es una alternativa para sus sábados, igual que ir al cine o al teatro o a cenar.

Viaje en el tiempo a 2020. En el verano de la pandemia, cuando los primeros museos reabrieron tras el confinamiento, los periódicos se llenaron de noticias sobre la nueva normalidad del arte. El público habría de seguir un sentido rígido en sus visitas, de modo que se acabaría el alegre deambular por las salas. Los aforos, por supuesto, aparecerían reducidos, igual que la oferta. Los blockbusters, las superproducciones del estilo Todo Vermeer, Picasso y Goya o Los maestros de Florencia habrían de ser sustituidas por lo que entonces se llamaba «producto de cercanía».

De todas esas previsiones, la única que se ha cumplido ha sido la de los blockbusters. «En el Museo Sorolla hemos celebrado el centenario sin hacer la gran exposición en singular de Sorolla, porque esa exposición ya estaba hecha, se vio en El Prado en 2009. Las muestras que hemos hecho han sido de tesis, enfocadas en temas concretos. Y hemos tenido que aplicar restricciones de aforo cada día», cuenta Enrique Varela. En el Prado, Carlos Chaguaceda explica algo parecido: «La única gran muestra de 2023 dedicada a un artista fue la de Guido Reni. Creo que Reni, a partir de la exposición, ha cambiado de estatus, pero no era un pintor que vendiera las entradas con su nombre. O sea que el récord lo conseguimos sin superproducciones».

¿Por qué el público y el ritual de ir al museo se han recuperado tan deprisa mientras que el teatro y el cine siguen lejos de los niveles de 2019? Hay otra palabra clave que todavía no ha aparecido y que explica ese éxito: turismo. España ha recibido en 2023 82 millones de visitantes (datos estimados), por encima del nivel de 2019. Y casi todos ellos tienen en su ritual del viaje la idea de que no hay un fin de semana largo en Barcelona que no incluya una visita a algún museo.

«Después de la pandemia, el turismo nacional llegó a los museos inmediatamente», recuerda el economista Antoni Laporte, director de la consultora Artimetria. «Íbamos a Bilbao y visitábamos el Bellas Artes, no solo el Guggenheim, porque no sabíamos cuándo podríamos volver. Ahora, ha vuelto el turismo internacional. Pero cuidado porque ese público está centrado en unos pocos museos. En Cataluña hay 350 museos registrados pero son 20 los que reciben al 75% del público y a prácticamente todos los extranjeros».

«En Málaga se da por hecho que los cruceristas pasan por los museos, hay convenios para llevarlos directamente del barco», cuenta Javier Garcerá. «Me parece bien, todo el mundo debe de ser bienvenido en el arte. ¿Cuál es el efecto de ese flujo en el servicio que los museos dan a los malagueños? Sobre eso, tengo dudas, como todo el mundo las tiene».

En el Museo del Prado han cerrado el año con otro dato significativo: tuvo casi la misma cantidad de visitantes españoles y extranjeros (49 y 51% respectivamente). Y nadie lo dirá así porque sería una descortesía pero todo el mundo sabe que el público local es el que hay que cuidar especialmente porque será el que vuelva el año que viene. «Nuestra obsesión es ser relevantes todo el año, conectarnos con lo que sucede y no ser una cosa del pasado. Si Ridley Scott estrena Napoleón, lo llevamos a ver Los fusilamientos del Dos de Mayo. Si el actor de Succession llega a España, lo fotografiamos con Saturno devorando a sus hijos. Y lo entendió perfectamente… Nunca sabremos cuál es el impacto real de esas acciones, pero creo que han creado la imagen de una institución presente en la vida», dice Chaguaceda.

Sólo queda hablar del dinero: los museos son, en el fondo, baratos, sobre todo si se compara con cualquier otra forma de ocio. Las entradas de los museos nacionales suelen costar 16 euros pero sus taquillas están llenas de excepciones que permiten que hasta un 50% del público (es el caso del Prado) entre sin pagar. Y los museos privados más caros, del estilo del Museo Picasso de Barcelona, están claramente enfocados en el turismo extranjero. En un mundo en el que la inflación es un factor económico del que todo el mundo es consciente y en el que la demanda crece cada año, ¿es previsible que los museos dejen de ser tan baratos? «Mientras el acceso a la cultura esté en la Constitución, no creo que cambie la política de precios», responde Enrique Varela en el Museo Sorolla.

 

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Cultura

Muere Paco Arévalo, humorista y actor, a los 76 años

El cómico Arévalo ha fallecido este miércoles a los 76 años. Su hijo Paco lo halló muerto en su domicilio cuando lo visitaba todos los días. Desde jornadas atrás se encontraba mal, con fiebre, sin sospechar un fatal desenlace porque no se le veía con gravedad.

El cuerpo de infortunado cómico, un ídolo popular por sus chistes, un fenómeno del boca a boca a través de las cintas de cassette, que fue el soporte en el que se vendían sus recopilaciones. Desde finales de los 70 estuvo más de diez años como líder en este tipo de grabaciones que se vendían especialmente en establecimientos de carretera. Acompañaba en los vehículos con sus chistes de «gangosos, mariquitas, andaluces o pasotas», rematados por risas enlatadas.

Su popularidad se afianzó por sus apariciones en TVE, sobre todo desde contó él Chicho Ibáñez Serrador en el Un, dos, tres, en el otoño de 1983. Suavizó su repertorio de las cintas para colarse en las casas. A partir de entonces se convirtió en secundario en comedias de destape de Ozores y en los primeros programas de humor de la cadenas privadas.

Paco Arévalo será enterrado en Valencia, ciudad donde vivía, este viernes. En un tanatorio valenciano es donde han acudido familiares y amigos, como el diestro El Soro, para despedirle. El cómico fue miembro de la cuadrilla del espectáculo El Bombero Torero durante cinco años, antes de su tirón popular. Recordaba que él interpretaba a un payaso con maleta de donde sacaba un minúsculo capote con el que lidiaba las vaquillas, recordaba en distintas entrevistas. Nació en Madrid en 1947 pero se crio en la localidad de Catarroja.

El hijo del cómico, Paco, ha señalado cómo estaba su padre en los últimos días, con una situación que podía preocupar pero no para pensar que estuviera en riesgo fatal. «Ha sido repentino, muy rápido, hace cuatro días parecía que tenía gripe y ha ido empeorando… Yo creo que ha sido un infarto», ha relatado el hijo del cómico. Una crisis cardíaca le había sobrevenido en un proceso gripal que se agravó rápidamente.

 

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